Miércoles 07 de diciembre de 2016,
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2. Elecciones a la Generalitat 2010

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Las elecciones catalanas muestran a los aspirantes de siempre: CIU y PSE, o Pujolistas y Montillistas

Barcelona. Si el día 22 de agosto se me ocurrió cargar contra el ‘Pujolismo’ ante las ya eminentes elecciones, hoy debería hacerlo contra el ‘Montillismo’, pero poco puedo cuando ese ‘ismo’ no existe. Montilla es la voz de su amo, y quizá ni eso, es la voz de tantos gallos de ese gallinero llamado PSOE, que no es lo mismo que el PSE, pero son la misma persona. Creo que eso es un misterio sagrado y los misterios pertenecen a la fe y en la política no deberían existir, pero existen y demasiados. Para mí es un misterio que CIU y PSE, al que añado PP por su oposición de boquilla, tengan un solo votante aparte de las decenas de miles que viven y medran bajo esas siglas.

Para mí es un misterio que CIU y PSE, al que añado PP por su oposición de boquilla, tengan un solo votante aparte de las decenas de miles que viven y medran bajo esas siglas

Daré vueltas a los mismos conceptos, pues nada cambia. Creo que el pueblo catalán debería quitarse de encima ‘pujolismo’ y ‘montillismo’, o sea, socialismo y pillaje. Pero si por no votar a Montilla o Mas se decantara por Laporta, la broma pasaría de castaño oscuro. Dicen que el voto del cabreo suele jugar estas pasadas: votar por payasos como en Francia para demostrar el asco por el Sistema.

Estas elecciones marcadas por la crisis pueden alterar el curso de la política catalana, o sea, la sociedad catalana. Esa política que básicamente añadió al Franquismo dos nuevas oleadas de vividores, CIU y PSE. Miles de cargos con la bendición de unas elecciones parecidas a los referendums franquistas, con prensa y tele dominadas, y listas cerradas compuestas con individuos nombrados a dedo por el jefe de su clan, desconocidos incluso para sus propios votantes. El jefe, como en el franquismo, marcaba el camino y a él deberían su voto en los parlamentos.

Las ideologías, catalanismo y socialismo, son el enganche, el reclamo, el discurso, la demagogia. Un castillo de falacias para medrar con un solo objetivo: cargos públicos o parapúblicos, y presupuestos, que además las transferencias de competencias desde el poder central al poder barcelonés multiplicaban, pero sin romper en cada caso el cordón umbilical, duplicidad de gasto. Un pastiche de ideologías e intereses que han conducido a un callejón sin salida: la crisis.

La buena gente seguirá votando: unos por su soñado socialismo y otros por su patria Cataluña, pero puede suceder que los evidentes ‘negocios’ de los dos partidos que dominan esa ‘buena fe’ no merezcan tantos votos como antaño, y a base de repartirse las tendencias, romperse el panorama político catalán.

Que ni sus estrellas creen en sí mismos lo demuestra su discurso radicalizándose y lanzándose a la yugular de la ‘Gran Corrupción’: la tercera ideología en la contienda. 30 años de ‘negocios’ por separado y en conjunto han conducido a pujolistas y socialistas a un amelé de corrupciones donde lo de menos son sus encarcelados y liberados con rapidez, Félix Millet del caso Palau, Bartomeu Muñoz o Luis Prenafeta y Maciá Alavedra del Pretoria, lo importante es la mecánica que tras ellos señala sin discusión el poder absoluto que los bendice. Repito, no se recalifican terrenos, se reparten obras públicas, o se capta dinero negro, sin la expresa orden y bendición de Jordi Pujol, Narcís Serra, Pascual Maragall y demás que han ocupado Ayuntamientos y Generalitat por su franquista dedocracia.

Eelecciones parecidas a los referendums franquistas, con prensa y tele dominadas, y listas cerradas compuestas con individuos nombrados a dedo por el jefe de su clan, desconocidos incluso para sus propios votantes

Y vuelvo a lo mismo… la ‘ambición rompió el saco’, se dimensionaron todas las plantillas públicas y parapúblicas hasta la demencia, se vaciaron las caixas construyendo pisos para millonarios que no existían, se subvencionaron los más disparatados estudios y ONG’s y asociaciones de sospechoso pelaje, se sobrepasaron y amañaron los presupuestos municipales, provinciales o de la Generalitat, y agotado la deuda pública o parapública catalana. No queda resquicio.

Un callejón sin salida puesto que legalmente no se pueden despedir cientos de miles de funcionarios y contratados, y nada vislumbra que la base productiva de Cataluña pueda absorber el disparate creado.

Se vote lo que se vote, malo, ningún futuro razonable… lo mejor es no votar y que la crisis se los lleve por delante, ¡ya su farán! Los catalanes somos muy capaces de superar ese callejón sin salida, creamos una economía, con considerable desarrollo, paralela a la oficial del Franquismo, y uniendo dinero negro con blanco (las generalizadas dobles o triples contabilidades) se puede vivir y desarrollarse dando la espalda al poder y sus desmanes, pagándole lo mínimo indispensable de impuestos y sacándole lo que se pueda. Lo malo es que siguen recibiendo dinero de Madrid y Bruselas; dinero para sus juergas, viajes, sandeces (Diagonal y África) y corrupciones.

Ahora Montilla nos sale con fábricas chinas de coches (lo de los chinos es otro milagro, a unos metros de mi casa acaba de cerrar un bazar y los mismos montan tienda de comestibles ¿?), además de agotar el último minuto para acabar con ese tripartito que enchufó a varios hermanos y amigos, pero que aún puede empeorar tras las elecciones.

Le cuesta firmar el día, dicen que el 28 de noviembre, partido Barça-Madrid. No alcanzo a quien beneficiaría más… puede que a la abstención… ¡veremos que tripartito o cuatripartito se monta!

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