Domingo 04 de diciembre de 2016,
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Fútbol y política… o el arte de tomar el pelo

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Ni Salomón lo hubiera dictado mejor: un empate. El partido copa todas las portadas y telediarios

Barcelona. No es la noticia mejor o peor del día, sino la que interesa resaltar. De aquel Madrid del franquismo hemos pasado al Barça del Régimen catalán.

Cuenta Voz Populi que el público del Camp Nou confirma que no va al campo a hacer política. Quizá tenga razón con esa interpretación de vaso medio lleno, pero la política, y en concreto Artur Mas, sí utiliza el campo. Otra de sus rocambolescas transformaciones convirtiéndose en un político populista a nivel local.

No es la noticia mejor o peor del día, sino la que interesa resaltar. De aquel Madrid del franquismo hemos pasado al Barça del Régimen catalán

Si el populismo se basa en la creación de una base social, entre enchufada en el poder y subvencionada, generando una especial ‘clase mantenida’ que votará a su benefactor hasta que quiebre, en el muy especial Régimen catalán, o Estado dentro de otro Estado, entre CIU y PSC han creado suficiente base social para mantenerse en el poder, superando el handicap de la quiebra. La habilidad de Artur Mas traspasando la culpabilidad a Madrid en perfecta sintonía con uno de los sentimientos-tópico del electorado: Madrid nos roba.

En España, y en casi todo el mundo, la culpa de todas las desgracias siempre es del Estado, y si hay dos estados… la culpa en este caso al de Madrid. Los  profesionales de la política y beneficiados de CIU y PSC, con 33 años en el poder, por el momento y pese a la generalizada quiebra se mantienen espléndidamente a cargo del déficit general. Y si el PSC agotado por tanto tiempo de depredación se debate en guerras de reparto de cargos o responsabilidades, CIU, con una cúpula más mafiosamente compacta por los últimos repartos y subvenciones, aprovecha su acertada deriva al independentismo.

Es sencillo, tanto como el sentimiento primario que alienta un deporte transformado en circo. En cuanto al pan, seguro que esta mañana encontraré a los mismos que ayer fotografié hurgando en los contenedores de basura. Y por supuesto que los más entre los más desfavorecidos no representan un problema límite, o de asalto a las instituciones públicas, pero el número de desesperados crece demasiado deprisa.

La independencia no me preocupa, y hasta podría votarla, en unas circunstancias donde no nos acabara de arruinar a todos, y sin los tipejos que pretenden gobernar

“Hemos vivido un acontecimiento tan intenso como la Diada”, dice el nuevo charlatán del catalanismo tras el concurso de ‘castellers’. Seguro que tras aparecer en el New York Times ha leído las críticas en la prensa americana: “Washington busca estabilidad, no reconocería un estado catalán… Un cambio que pueda tener ramificaciones fiscales o económicas se ve como una amenaza”, según Thomas Harrington, profesor de estudios hispánicos del Triniti Collage.

Insisto, la independencia de Cataluña no me preocupa, y hasta podría votarla, en unas circunstancias donde no nos acabara de arruinar a todos, e indiscutible sin los tipejos que pretenden gobernar.

Pero si debiera destacar la mayor sandez del día: la de un tertuliano en la tele, que achacando ventajas arbitrales, insulta a su oponente en la mesa con lo de que no está capacitado, ni cultural ni por peso específico, para opinar. El fútbol también requiere niveles culturales.


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