Martes 12 de diciembre de 2017,
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20 ene

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A mí eso de las celebraciones me resbala por el amplio forro de la
indiferencia, soy bastante espartano en esas cosas y por no emplear ni
un miligramo de energía en estos menesteres, muchas personas se han
sentido reiteradamente decepcionadas.

Opinión

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Además, hay una persona, para mí muy especial, que siempre me llama
por aquello del cumpleaños, y año tras año, ya sin ningún sentimiento
de culpa, le respondo que ahora que me llama recuerdo que o bien una
semana antes o bien una semana después de mi cumpleaños es el suyo.

Sé que sonríe, al otro lado del teléfono. También sé que le debo el
esfuerzo de recordar su cumple, y algún año de estos, debería ser yo
quien llamara para decir eso de: “Hola … ¿te acuerdas de que hoy es tu cumpleaños …?”

Lo sé, sé que debería hacerlo porque esta persona muy especial sé lo merece con largura, lo tengo muy claro.

Tan claro como las asumidas deficiencias mentales que me lo ponen realmente difícil.


Con la misma sinceridad puedo escribir que soy muy respetuoso con
quienes mantienen ese tipo de rituales y, además, creo que les
entiendo, creo que sé por qué lo hacen, y ese conocimiento me hace
respetar su costumbre con más profundidad.

Yo aprendí a saber entender que la única forma de perdón posible es el olvido

Bien, ahora a ‘lo
crudo’, a lo realmente peligroso, ya que argumentar la verdad en la que
uno vive día a día, es un riesgo que no todos están dispuestos a correr.

Y también entiendo a quien escamotea de lo general su particular, y
aunque esa actitud no la comparto, la asumo como “una realidad distinta
y externa a la realidad en la que me desarrollo”.

El ‘veinte
eNe’ es una fecha cuya única trascendencia viene dada por quienes lo
convierten en referencia, por quienes se reúnen y se identifican
identificándose en su caudillo.

Y que no puedan seguir haciéndolo por ‘ley’ me hace más que sospechar. Y me molesta.

La ‘EspaGNa’ en que nací no era producto de un asesino ni de un salvaje
descerebrado, aunque es cierto y mis mayores sabían muy bien que
muchos asesinos descerebrados “se pusieron las botas” haciendo
barbaridades propias de los primeros y más lejanos estadios de
civilización, durante la guerra y más largamente, después de la guerra.

Yo crecí bajo la presión de formar parte de “los rojos”.

No abundaré en más datos ni en más literatura reivindicadora ni
panfletaria, esta aclaración viene como seña de que lo que siento, veo,
creo y pienso, ha surgido de un lugar distinto a la educación
convencional de la ‘EspaGNa’ que formaba a los niños entre 1950 y 1960.

Yo aprendí a saber entender que la única forma de perdón posible es el olvido.

Dicho de otra forma, aunque el fondo es exactamente el mismo, “se perdona por amor a Dios”.

Resulta que yo no tengo que perdonar nada a nadie porque mis ópticas, y
en las que me entreno constantemente, son absolutamente
circunstanciales.

Eso lo aprendí de los animales. Ellos
actúan, se matan o se libran de la muerte en un momento absolutamente
circunstancial, y no acumulan odios ni afanes de revancha.

Sí acumulan experiencia.

Lo aprendí de los animales. Ellos
actúan, se matan o se libran de la muerte en un momento absolutamente
circunstancial, y no acumulan odios ni afanes de revancha



En mi caso, ese ejercicio me ha llenado de satisfacciones y de algún
muy intenso reconocimiento de parte de quienes en algún momento fueron,
o consideré, mis enemigos substanciales.

El acto civilizado comporta el asumir las diferencias y las pluralidades, sin clasificarlas en buenas o mejores.


Mis mayores, los perseguidos, me libraron, con sus explicaciones
pausadas y puntuales, su dedicación a través de los años y su
compromiso con la ecuanimidad, de la necesidad de revancha.

Ellos vivieron circunstancias adversas y supieron asumir la situación
de derrotados y administrarse en ella, dentro de su realidad, sin
cambios de “compañías” y existiendo y sobreviviendo con la humildad
activa, jamás resignada, del que sabe que no es indigno.

A mí
no me importa un bledo que los que ahora, por “ley” no pueden celebrar
a su caudillo formen parte, o sean partidarios de imponer una
ordenación social que hace muchos años peleé desde mis posibilidades.

Ellos pueden ser y creer lo que quieran. Yo también.

Y yo jamás modificaré mi conducta en función de lo que otros hicieron o harían si pudieran.

Demasiado ambiguo.


A mí, eso, que unas personas que comparten -quiera o no- el sol y “la
crisis” conmigo, no puedan reunirse donde les dé la gana, me suena a
muy poco respeto por la libertad.

La aplicación de esa ‘ley’ me
recuerda a lo que combatí cuando sentía que me negaban -entre otras
muchas cosas- el derecho a reunirme con quien quería para celebrar lo
que quisiera y cantar lo que me diera la gana.

Lo que me llama
mucho la atención de ‘El Valle de los Caídos’ es que sea considerado ‘Patrimonio Nacional’ y que dentro del ‘Patrimonio de la Nación’, sean,
precisamente ‘los más nacionales’, quienes no puedan reivindicar que
así lo sienten, que por eso sus mayores mataron, murieron, asesinaron y
fueron asesinados y que eso, para ellos, es un cúmulo de intensidades
que merece ser recordado y celebrado.

Curiosamente la aplicación de esta ley me ha llevado a hablar de muerte. ¿Lo ven?

Que unas personas que comparten el sol y ‘la
crisis’ conmigo no puedan reunirse donde les dé la gana, me suena a
muy poco respeto por la libertad


Y hablando de muerte: yo creo que cada cual merece morir de lo que es.


El facha merece morir de facha, el rojo de rojo. La libertad debería
morir de sí misma, la libertad no puede existir donde hay opresión.

Una libertad que oprime, no es libertad, es una argucia de felón.

Por otro lado, resucitar, ya no al General, si no “aquellos años”, me
parece, sencillamente, una forma estéril de mantener el sentimiento de
perseguidor y de perseguido, y me recuerda mucho “al Guerra aquel”,
enseñando cartillas de racionamiento a la gente más desprotegida para
llevarse sus votos a través del miedo, ¡el muy guarro!


Yo quiero que todo aquel a quien pueda ver o de quien pueda oír hablar, sea libre y pueda desarrollar su libertad.

Y lo quiero así porque lo necesito para sentirme libre.

La libertad es “un ambiente”, un PH, una condición de categoría general, mucho más armoniosa cuanto más amplia.

Es que la libertad es de todos, si falta alguno, ya no es libertad.

Vive encadenado quien piensa que para el desarrollo de “su” libertad, debe reprimir la de los demás.

Mucho más delicado el tema si se reprime, por ley, a una minoría.

Sea del color que sea, sea de la creencia que sea.

 

Aquí una amplia colección de carteles, propaganda militar de los rojos, de una parte de los rojos …

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