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Política monoplaza, sociedad en boxes
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Política monoplaza, sociedad en boxesEscrito por Pau Llop Franch Domingo, 13 de Mayo de 2007 11:28

La Fórmula 1 se une al escaparate de la Comunidad Valenciana, donde además de turistas, habitan ciudadanos
Opinión

Resumen gráfico del artículo (P.Ll.)
Aunque parezca increíble, en este gran producto turístico que es la Comunidad Valenciana ¡viven personas!
A veces, a estos indígenas edetanos les da por protestar, por armar jaleo. Y eso es un peligro. Camps lo sabe, y por eso intenta que se les oiga lo menos posible
Camps y su acólita municipal Rita Barberá
son conservadores. Quizá por eso apuestan por formas de hacer política tan antiguas como las de los romanos
La sociedad valenciana entra en boxes. No sabemos si saldrá el
27 de mayo o se quedará retenida ahí, entretenida con los cambios de
neumáticos, las guerras entre Bridgestone y Michelín
Me permito regalarle un consejo a Francisco
para que los siguientes cuatro años no le molesten los asilvestrados descendientes de edetanos, contestanos e ilergavones
Comunidad Valenciana. ¿Qué le sugiere? Posiblemente piense usted en inmejorables campos de golf, banderas azules ondeando en sus cuidadas playas, archipublicitados resorts turísticos de áureos destellos, colosales infraestructuras de modernísimas líneas calatravescas y prestigiosos veleros anclados pocos metros más allá, pilotados por recios marineros con relojes de anuncio. A partir de ahora puede añadir también el zumbido de los bólidos de Fernando Alonso y compañía como fondo sonoro.
Claro que esto último parece supeditado a que quienes viven en este lugar voten el día 27 por Francisco Camps. Sí, porque, aunque parezca increíble, en este gran producto turístico que es la Comunidad Valenciana ¡viven personas! No sólo hay turistas de paso, existen habitantes, muchos de los cuales hasta hablan un extraño idioma y dicen tener una historia y una cultura muy ricas y que ambas poco tienen que ver con lo que el Consell muestra en el escaparate.
A veces, a estos indígenas edetanos les da por protestar, por armar jaleo. Y eso es un peligro. Camps lo sabe, y por eso intenta que se les oiga lo menos posible.
Dicen que sus quejas son porque el Partido Popular -en el gobierno autonómico desde 1995- trata su tierra como una empresa que debe dar el máximo beneficio a sus accionistas, los empresarios de la construcción y el turismo. Dicen que están destruyendo su entorno a base de cemento y ladrillo, que están secando los pozos de agua para regar campos de golf, que sus hijos llevan años y años estudiando en barracones, que son los habitantes de Iberia que menos inversión por cápita tienen en Sanidad, que sus políticos no asumen ninguna responsabilidad. Que los sueldos son más bajos que la media. Que se crea menos empleo fijo. En fin, que no encuentran beneficio en el modelo que propone el alumno (Camps) que destronó al maestro (Zaplana).
Camps y su acólita municipal Rita Barberá son conservadores. Quizá por eso apuestan por formas de hacer política tan antiguas como las de los romanos: pan y circo. Lo están haciendo con la Copa del América, pero parece ser que este evento sólo les vale para contentar a los indígenas más pijos.
En un alarde de ingenio sin precedentes, vieron la luz verde del semáforo de salida. Si algún deporte es capaz (hoy, ya veremos mañana cuando Alonso pierda fuelle) de entusiasmar a los plebeyos es la Fórmula 1. Ecclestone, su dueño, no está muy necesitado de fondos, es un tipo solvente económicamente. Aún así, dijo en su día que sólo si Camps es President de nuevo, se podrá ver el carruaje del asturiano a toda velocidad por las calles de Valencia. Luego se desdijo, pero el mensaje ya ha calado.
La sociedad valenciana entra, pues, en boxes. No sabemos si saldrá el 27 de mayo o se quedará retenida ahí, entretenida con los cambios de neumáticos, las guerras entre Bridgestone y Michelín.
Camps puede conseguir su propósito, cosa bastante plausible no por la oferta de Ecclestone, sino por la triste oposición que encarna aquél hombre al que ya Zaplana dejó en paños menores hace cinco años y que no ha conseguido en todo este tiempo que nadie le vea como candidato a nada serio.
En ese caso, me permito regalarle un práctico y productivo -aunque evidentemente humilde- consejo a Francisco para que los siguientes cuatro años no le molesten los asilvestrados descendientes de edetanos, contestanos e ilergavones: cree usted reservas , como los yankis hicieron en su día con los indios, y meta allí a los indígenas. ¿No cree que lucirían espléndidamente en los nuevos folletos propagandísticos del gran resort turístico que gobierna?
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Author of this article: Pau Llop Franch
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