“Mi objetivo a largo plazo es ser Presidenta de la República de Bolivia”

( 20 Valoraciones ) Pau Llop Franch

Entre las enconadas posturas del oficialismo y la oposición regional al Gobierno, la generación más joven de Bolivia se prepara para cuando llegue su verdadero momento


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Adriana Gil en los estudios de Radio Santa Cruz (P. Ll)
SANTA CRUZ DE LA SIERRA (Bolivia) // El equilibrio de poder en Bolivia es actualmente bien frágil y heterodoxo en cuanto a estructuras. Frágil porque está en el aire, un aire viciado por procesos que andan con afán funambulista por la cuerda floja, como el proceso constituyente o las declaraciones unilaterales de autonomía de algunos departamentos previstas para el próximo sábado día 15.

Heterodoxo, porque aunque existe la oposición en la tradicional forma de partidos políticos, ésta no es ya relevante. No ocupa un lugar. Su papel lo desempeñan los poderes regionales contrarios al Gobierno. Poderes que exceden lo administrativamente político, como es el caso de los comités cívicos, con el de Santa Cruz a la cabeza.

“La política son cuatro puntos: vocación, riesgo, formación e información”
"Los constituyentes se dormían, no sabían lo que votaban. [Esta Constitución] Está muerta. Puede servir para 165 constituyentes de partido, pero no para 9 millones de bolivianos”
“Yo no creo en el conflicto camba-colla. Es artificial y, además, tiene peligrosos tintes hitlerianos”

Son dos fuerzas, el oficialismo del MAS de Evo y el regionalismo autonomista, que por desgracia no parecen estar dispuestas a entenderse. Se habla de posible violencia. Se radicalizan medidas –sólo en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra hay más de 1.000 huelguistas de hambre contra el Ejecutivo-; y comienzan a verse casos de violencia sectaria: en la misma ciudad hace tres días miembros de las Juventudes Cruceñistas apalearon brutalmente a un hombre, al grito de ‘indio de mierda’, por considerarlo un vecino del pobre barrio del Plan 3000, pequeño oasis ‘masista’ en este desierto autonomista.

¿No hay sitio para términos medios, para otros caminos? Por suerte, aunque de manera muy incipiente, parece que sí. Y provienen de la juventud. Chavales de no más de 25 o 26 años que se informan constantemente a diario, que hablan de política con sus padres –quienes jugaron algún tipo de papel político años atrás- y que critican duramente al gobierno de Evo, pero que abominan al mismo tiempo de ciertos métodos de la oposición de facto y rechazan absolutamente la oposición de ‘los de siempre’.


Joven pero con experiencia

Un buen ejemplo de todo esto podría ser Adriana Gil, a quien conocí en los estudios de Radio Santa Cruz el pasado lunes. Cruceña de 25 años, esta joven de aspecto delicado y a la moda fue ni más ni menos que la líder de las juventudes del MAS a nivel nacional, además de concejal suplente por este partido en el ayuntamiento de su ciudad, feudo antimasista donde los haya en toda Bolivia. “Me interesé por la política a los 20 años. Mi padre tenía muchos amigos de diferentes partidos, me presentó a algunos de ellos y me interesé por el MAS, porque en ese momento significaba el cambio de verdad que yo quería”, explica Adriana.

Ella procede de una familia acomodada pero con tradición política y de izquierdas: “Mi padre fue líder de la Central Obrera”, explica. Pese a su juventud, uno la oye hablar e, independientemente del contenido de su discurso, las formas denotan en sí mismas que estamos ante una política de profesión: “La política son cuatro puntos: vocación, riesgo, formación e información”, dice. “Vocación, de nacimiento; riesgo para tomar las medidas necesarias para llevar a cabo un proyecto y mantenerlas; información porque hay que estar permanentemente informada y formación, que es indeludible. Mi hermana y yo nos pasamos horas cada día haciéndonos test de economía, de historia, de derecho. ¡Hay que entrenarse para ser buena política!”.

Adriana Gil abandonó el MAS hace ya más de un año, y no ahorra críticas hacia su antigua formación respecto a temas tan candentes como la nueva Constitución, nacida de una Asamblea “en la que los constituyentes se dormían, no sabían lo que votaban. Está muerta. Puede servir para 165 constituyentes de partido, pero no para 9 millones de bolivianos”.

Pese a su salida del MAS, reconoce que su etapa allí fue muy valiosa en su formación política, “aprendí mucho. Al principio era todo corazón, demasiado impulsiva. El ejercicio de la política te va enseñando a no serlo tanto. Ahora sé que cuando trabajas por un proyecto, cuando te esfuerzas y arriesgas por un proyecto, éste debe estar trabajando para ti también”.

La edad, pese a que para los parámetros españoles es ínfima, y la experiencia le han enseñado el camino del pragmatismo. Eso no es óbice para escudarle decir cosas como que “el camino de los que queremos cambios está lleno de espinas” o que “la política es amarga pero sus frutos son muy dulces”. Aunque no he tenido la ocasión de escucharla hablando en público, mis contactos aquí aseguran que posee una gran oratoria que encandila por igual a jóvenes, mujeres –tiene un valiente discurso feminista- e intelectuales.

Esta joven política está fuera del oficialismo, pero también frente a las dos formas de oposición existentes ahora en el país: “Yo no creo en el conflicto camba-colla. Es artificial y, además, tiene peligrosos tintes hitlerianos”.

Su afán, entre estas dos tierras, es trabajar mientras pasa el tiempo de definición social y política en que está inmerso el país “y que puede durar incluso diez años más” para estar preparada cuando llegue “el momento”. ¿Qué momento? “Mi objetivo a largo plazo es ser Presidenta de la República de Bolivia”.


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