11-S: Torres Gemelas y Diada de Cataluña

( 1 Valora ) Rafael del Barco Carreras

El 11 de septiembre de hace 10 años quedó marcado por los atentados terrotistas que destruyeron las Torres Gemelas

Barcelona. Hace diez años me hallaba en 'busca y captura' por varias denuncias falsas de los íntimos amigos de Jordi Pujol y Narcís Serra (ver su solución en juicios y simple archivo en 'Barcelona, 30 años de corrupción', advirtiendo una vez más que utilizaron el sistema en decenas o centenares de ocasiones para extorsionar, o destrozar personas y fortunas ajenas) y alejado del televisor pero en mi alcance visual distinguí la explosión de la torres. Pensé en una de tantas películas catastrofistas, pero la insistencia en las imágenes consiguió interesarme.

Ni que decir tiene que de inmediato comprendí que esa salvajada no quedaría impune, y de nuevo la rueda del ojo por ojo se pondría en marcha

Ni que decir tiene que de inmediato comprendí que esa salvajada no quedaría impune, y de nuevo la rueda del ojo por ojo ¡y mejor dos ojos que uno! se pondría en marcha.

No me gusta comentar sobre ninguna de las dos 'celebraciones', porque primero me horroriza el límite del fanatismo humano, y segundo, me provocan náuseas quienes cantando "bon cop de falç" (buen golpe de hoz) o el 'cara al sol', y arrastrando masas cual flautista de Hamelin, se llenan los bolsillos.

Matizaré, repitiéndome: me importa un bledo patrias actuales o futuras, pero sí me interesan los sinvergüenzas que suman buenos patrimonios a cuenta de lo que por naturaleza los humanos en poco o mucho llevamos en el corazón.

Hoy en mi ronda matinal ante el televisor no puedo menos que tropezarme con el charlatán gurú del 'catalanismo de su invención', ¡Jordi Pujol! de nuevo y a diario en pleno uso y abuso de la televisión pública, ¡que diría propia!, y recordar el hace diez años de las Torres Gemelas.

Sobre que la Humanidad no tiene remedio estaba más que convencido a mis 61 años... a los 71 desearía que lo tuviera. Los buenos deseos e intenciones o las grandes proclamas, que forman parte de todas las catástrofes, nos deberían enseñar a como mínimo dudar de los políticos de todas las tendencias… y controlar su poder, fuente de todas las desgracias que padecemos los pasivos ciudadanos o súbditos, carne de cañón.


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Author of this article: Rafael del Barco Carreras

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