Viernes 30 de septiembre de 2016,
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25 aniversario del ingreso de España y Portugal en la Comunidad Económica Europea

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Una magnífica celebración en el Palacio Real. Los mismos que celebraron la adhesión casi acaban con ella, o como mínimo representan su más grave problema

Escribía precisamente ayer que trabajé nueve años al mando de alemanes, Banco Comercial Transatlántico, y si como jefes no me dejaron buenos recuerdos, como eficaces, certifico el tópico, lo son hasta la exageración.

Hace 25 años la adhesión me significaba cuanto menos que España podría absorver alguna de las vitudes nórdicas. El euro remataba mi optimismo

Hace 25 años, con graves problemas derivados de mi tropiezo en la vida con los De la Rosa (la antítesis de aquel banco) la adhesión me significaba cuanto menos que España podría absorber alguna de las virtudes nórdicas, y puesto que el país ya estaba en sus manos, económicamente, la entrada en la CEE me pareció no solo lógico, sino beneficioso.

Y si la adhesión me pareció beneficiosa, el euro remataba mi optimismo. Los, ya hace 25 años, muy dudosos políticos españoles perdían, a mi entender, una herramienta, la emisión de dinero, base de toda solución y crisis financiera, y, por tanto, de la corrupción. El caso Rumasa, dos billones de pesetas de saqueo y reparto, inauguraba y presagiaba el futuro. El gran fiasco de la banca española y franquista, 50 bancos quebrados, hasta rematarse en dos grandes grupos, BSCH y BBVA, se solucionó a base de nuevo papel moneda y a cargo de los Presupuestos del Estado y el sistema financiero, tan juntos y revueltos aunque jurídica o políticamente se presenten como entes y poderes separados. En España nada es lo que parece. La inflación lo solucionaba todo, la emisión de más pesetas con continua pérdida de valor, el mayor y primer impuesto.

Pensé que perdido el poder de emitir moneda, España se equipararía a la decencia y eficacia nórdicas. Ni yo ni los alemanes alcanzaban la capacidad de enredo, chapuza y corrupción de los políticos españoles, aunque la conocieran por su gran incidencia en la economía española. Era tan normal pagar grandes astillas, ‘convolutos’, en los países del tercer mundo (donde ellos incluían España) que en sus contabilidades por Ley desgravaban.

La mejor y única suerte histórica para España, formar parte de una eficaz potencia de 500 millones de habitantes, se puede venir abajo por la gran corrupción de su clase política

Una de las primeras fórmulas alemanas de financiación, el ‘certificado de obras’, se convertiría en el mayor agujero jamás sufrido en la historia de España. Y si no ha quebrado como Argentina, o la han expulsado de la Zona Euro, se debe a que jurídica y prácticamente no parece viable expulsar un país, y porque al parecer la magnitud alcanzada es de tal gravedad que arrastraría al Euro, segunda divisa internacional.

Una gran celebración, reunidos los que firmaron con los mismos que casi acaban con aquella firma. Como es natural en un Régimen, que no Democracia, las caras solo cambian por las canas. La mejor y única suerte histórica para España, formar parte de una eficaz potencia de 500 millones de habitantes, se puede venir abajo por la gran corrupción de su clase política.

Felipe González, hablando de gobernanza, palabreja que repitió tanto como crisis, o Narcís Serra chupando cámara, solo se pueden concebir en un acto político 25 años después por ese encogerse de hombros español ante la gran corrupción. Si la Justicia existiera, los dos y otros, podrían estar en la cárcel y no en el Palacio Real. Los súbditos aceptando por el ‘sentimiento trágico de la vida’ los desmanes del Poder. Como afirma tanto comentarista en Internet, tenemos lo que nos merecemos.


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