Sábado 03 de diciembre de 2016,
Bottup.com

Alfredo Sáenz y Rafael Jiménez de Parga…

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La ‘putada’ del vengador Pedro Olabarría… y el ‘¡algo haría!’

Barcelona. Siempre, y por desgracia muy a menudo, que leo el “!algo haría!”, o parecido, justificando al poderoso y culpando a la víctima, me pregunto que les conduce a mis conciudadanos al servilismo o aberración de justificar cualquier abuso del poder. Tan parecido al perdón y entrega de la propia víctima en los casos de malos tratos. Con contestarme lo del “sentimiento trágico de la vida” no tengo suficiente.

Al inicio de, digamos, mi campaña en Internet contra los personajes de la ‘Gran Corrupción‘ barcelonesa era continuo leerlo en los comentarios, añadiendo acusaciones concretas contra mí, leídas en mis propios escritos y confesiones.

Me pregunto que les conduce a mis conciudadanos al servilismo o aberración de justificar cualquier abuso del poder

Debía aceptarlo, y admitir la auto negación de una gran mayoría ante unos hechos tan graves que condicionan no solo su buena fe sino las más íntimas creencias sobre instituciones como la Justicia o la simple Administración o Estado; no admiten que pueda existir tanta podredumbre y degeneración. Y en algunos casos me molestaba en contestar, al igual que cuando argumentaba entre mis compañeros de prisión que no se trata de si éramos culpables o inocentes, o la denuncia falsa, prefabricada o real; se trataba de defendernos contra que un día una pareja de policía te detenga, y que horas después, o en el mismo pasillo del juzgado, alguien te diga a ti o a un familiar, que si paga 25 millones de pesetas en negro, o 200 en Suiza que también, allí mismo, “sale de la cárcel” (si ya lo está), o ¡ni entra! si el detenido espera a que el juez le interrogue. Terroríficas horas de espera buscando dinero.

No se trata pues de que sea culpable o no, que haya matado a su padre, traficante o violador, sino que por un triste destino de la vida haya caído en manos de unos gansters incrustados en la Administración de Justicia. En este caso las víctimas tenemos la consolación de que el juez acabó condenado, pero librándose la Fiscalía. Una de mis argumentaciones sobre ‘soborno o extorsión’ a favor de que semejantes conductas son ajenas al soborno y caen de lleno en la extorsión; a los corruptos no se les soborna sino que extorsionan, tanto si pagas cualquier licencia, un porcentaje por una obra, como si sales de la cárcel.

Pero a más abundancia en la sede central del Banco de Santander añaden el ‘¡qué putada lo de Sáenz!’ por unos meses de cárcel que no cumplirá y una inhabilitación que debió haber sucedido casi veinte años atrás. Porque Sáenz, como otros poderosos en Barcelona, sabía que pagando en negro a un abogado de la banda de la ‘Gran Corrupción’, Rafael Jiménez de Parga, su extorsionado pagaría ¡debiera o no! pues como banquero conocía la riqueza de los Olabarría. O pagaba o no salía de la cárcel, incluso si pagaba al juez y abogado, sabría bien que de no pagarle a él o al banco, volvería a prisión.

El juez y abogado cobraron 25 millones de pesetas antes de decretar la libertad y otros 25 tras la liberación el lunes, después de pasar el fin de semana en La Modelo. Pedro Olabarría juró vengarse, pero por si acaso al banquero, al que no pagaría porque no le debía nada, continuaba extorsionándole, se fue de España. Cabe la pregunta de que si Sáenz entró en el reparto de los 50 millones por proporcionar un cliente a la banda de extorsionadores, incluso si a lo largo de su vida no ha aplicado su degeneración y amoralidad en otras o similares situaciones, justificando el injustificable sueldo de 10 millones de euros al año.

En la sede central del Banco de Santander añaden el ‘¡qué putada lo de Sáenz!’ por unos meses de cárcel que no cumplirá y una inhabilitación que debió haber sucedido casi veinte años atrás

¿He de entender que los banqueros del Banco de Santander, al mando de Emilio Botín, son tan degenerados que entre sus métodos manejan el chantaje, la extorsión con denuncia falsa o verdadera? Tal como defienden a Sáenz parece que están instalados en el ‘todo vale’, y si les pillan ¡que por lo visto nunca les pillan!, o siempre tienen a mano a otros corruptos para librarse, soltarán de aplicarse la Ley el ¡qué putada!

Es obligada de nuevo mi escena en la Primera Galería de la Modelo, 1994, preguntándome Bertrand de Caralt; le aconsejé cambiar de abogado, Juan Piqué Vidal por Octavio Pérez Vitoria, el célebre catedrático que también era amigo del para mi desgracia antiguo abogado Juez Luis Pascual Estevill… le costaría más barato salir de la cárcel. Siete días en la celda contigua a la mía. Francisco Pujadas de Dinamic, en la litera de al lado, tardó un poco más, y los Bassols, padre e hijo… más. Alargarme con los al poco fallecidos de infarto Planasdemunt, Forcadell… y tantos otros, sería repetirme demasiado.

Excelente el artículo en El Confidencial:

Con Lupa, Jesús Cacho
¡Qué putada lo de Sáenz!”
“Joder, qué putada”. La frase corrió como la pólvora por la Ciudad Financiera del Santander en Boadilla del Monte. Era lunes 17 de enero, y a la niebla que esa mañana oscurecía los perfiles metálicos de las modernas instalaciones del banco en el oeste madrileño, vino a sumarse la noticia de que el Tribunal Supremo (TS) había decidido condenar a Alfredo Sáenz Abad, 68, número dos y hombre de confianza del patrón, Emilio Botín-Sanz de Sautuola y García de los Ríos, marqués consorte de O’Shea, a ocho meses de cárcel, con inhabilitación para ejercer el oficio de banquero…”


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