Sábado 10 de diciembre de 2016,
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4.048.493 parados vs. 3.065.700 funcionarios públicos

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OPINIÓN

Dos cifras de titular, muy relativas, si consideramos la muy especial contabilidad nacional y sus estadísticas

Afirmar que desde la crisis (el estallido de la burbuja inmobiliaria) o a contar desde que a principios de 2008, cuando Zapatero, en plena campaña para la reelección, afirmaba, insultando a quien se atreviera a nombrar la palabra crisis, y aún menos burbuja (la culpa era de los americanos), que se trataba de un reajuste, que los parados hayan subido 2.300.000 y los funcionarios 192.000, no solo no significa nada, sino que es falso.

No se trataría de un 18% o 20% de los españoles en edad laboral, sino de, descontados los pensionistas, un 30% de la población que subsisten por debajo del umbral de la pobreza

En cuanto a la cifra de parados, en una de esas genialidades españolas, de una tacada se rebajaron los adscritos a cursos de formación que en estos momentos pudieran ascender a no menos de 500.000, preferentemente en cursos o ‘charlas’ de informática u ofimática.

Y si la crisis también afecta a la economía sumergida, aunque absorba una parte de los parados oficiales, la cifra de ‘con o sin papeles’ que pretenden un empleo de limpieza,  cuidadores de ancianos, o camarero, chapuzas, agricultura, talleres clandestinos, masajes o prostitución, podría no ser menos de 2.000.000 de personas, que se contabilizarían a poco que las estadísticas incluyeran la actividad de los comedores de beneficencia, Cáritas, parroquias, y similares. No se trataría de un 18 o 22% de los 19 millones de españoles en edad laboral o registrados en el INE Y S.S., sino de un problema del 20% de la población global, que descontando los 8.000.000 de pensionistas, no bajan del 30% quienes subsisten por debajo del umbral de la pobreza o miseria, incluidos unos 2.000.000 con pensiones o ‘ayudas’ entre los 300 o 400 euros mensuales.

Y si en cuanto a los parados, una reflexión de simple comentario de taberna, pone en duda la filosofía contable oficial, en cuanto a los funcionarios públicos, parecidas consideraciones son más que necesarias para conocer un poco la gran mentira en que nos movemos.

Si entre el Estado, Comunidades Autónomas y Ayuntamientos, suman 3.065.700 funcionarios, sin los contratados o interinos, ni los de Sindicatos o Partidos Políticos, y mucho menos los de todas las empresas y entes públicos, similares o parecidos,

Podríamos asegurar que el amigocrático y corrupto estatismo es la forma de gobierno de España

subvencionados al 100% o en menor porcentaje, o facturando en total o mayor parte a cargo de ‘Administraciones’, de inmobiliarias y de miles de sociedades directas o del entorno, la total cifra de las actividades y ‘servicios’ que de un modo u otro cubren sus nóminas a cargo de presupuestos oficiales o directamente del sistema financiero, ‘máquina de imprimir billetes’, en este caso tragando euros nuevos con gran reticencia europea, la cifra que se escapa de cualquier consideración o teoría macroeconómica es de tal magnitud que podríamos asegurar que el amigocrático y corrupto estatismo es la forma de gobierno de España, engendro surgido de la Dictadura, el liberal-capitalismo y el llamado Socialismo Democrático y Progresista, lejos hasta de la ‘economía social de mercado’ que reza la Constitución.

¿Cuántos 3 o 4 millones más? Nadie lo sabe, ni menos cuanto ha crecido o disminuido desde la crisis ese sector, que podemos definir como ‘parapúblico’.

El Estado, de garante de lo social de esa peculiar definición constitucional, ha pasado a significar un tan inmenso peso, destruyendo la teoría o leyes de ese mercado, que sumado al oligopolio (o simple monopolio) ‘banca, cajas y Banco de España’, con sus correspondientes inmobiliarias y empresas (preferentes los antiguos monopolios de servicios básicos, que enmascarados siguen siéndolo, copados sus consejos de administración por ejecutivos del sistema) y sus ilimitadas pólizas de crédito, convierte cualquier teoría micro o macroeconómica, estadísticas o contabilidad oficial o ‘paraoficial’, en pura falacia.


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