Martes 27 de septiembre de 2016,
Bottup.com

6 de noviembre de 1997

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CRÓNICA

Una década después, un periodista ciudadano de Bottup revive en primera persona el trágico día en que la brutal lluvia se llevó la vida de 24 ciudadanos de Badajoz

Comenzó a llover al mediodía del día 5 con
una intensidad de esas que hacen que te pienses dos veces salir de
casa. No minoró la cantidad de agua en toda la tarde. Parecía que el
miedo de Abraracúrcix se hacía realidad y el cielo caía sobre nosotros.

 

“Antes de las 8 de la mañana del día 6 iba camino de la universidad
montado en un urbano de la línea 9”
“Compañeros que viven en el barrio de Cerro de
Reyes empiezan a hablar de la tragedia. Agua y barro dentro de las
casas”
“Al lado del puente había un piso. Bueno, ya era una casa baja. Del
primer piso sólo quedaba la bañera pegada al suelo. No había nada más”.

 

Por la noche, sentado viendo la televisión, los relámpagos nos
iluminaban todo Badajoz. La lluvia no cesaba, caía y caía sin bajar la
intensidad. Nos fuimos a la cama con el ruido incesante de golpes en
las ventanas.

Antes de las 8 de la mañana del día 6 iba camino de la universidad
montado en un urbano de la línea 9. El Guadiana, siempre tranquilo y en
calma, esa mañana estaba enfadado, demasiado cabreado, unas inusuales
olas cubrían el río de espuma de rabia. Justo delante de mi portal
había un árbol que tapaba las vistas a las vecinas del 4º. Ahora estaba
encima de varios coches que habían parado su caída hasta el suelo.

Esperando a que comenzara la clase de Macroeconomía, empiezo a
conocer la desgracia. Compañeros que viven en el barrio de Cerro de
Reyes empiezan a hablar de la tragedia. Agua y barro dentro de las
casas. Puentes caídos por la fuerza de unos arroyos que siempre
estaban secos. Alguno empieza a hablar de muertos. Los chistes sobre un
guadiana para la práctica del surf acaban. Cada noticia era ya peor que
la anterior.

La curiosidad hace que al mediodía con algunos amigos vayamos a
explorar el resultado del agua. El puente viejo sobre el río Guadiana
apenas tiene ojos, no parece un puente, parece una simple carretera
sobre el agua. Empezamos a ver neveras flotando como canoas, coches
flotando sobre parques convertidos en lagunas, puentes que ya no
conectaban ninguna orilla, marcas de barros en las fachadas que marcan
una línea de barro a la altura de las ventanas de la primera planta, etc.

Empezamos a escuchar a vecinos, a eso de la una y medía de la noche
del 6 escucharon ruido, sin saber como ni porque avisaron a la familia
y con los niños en los brazos comenzaron a subir por las cuestas
cercanas a la plaza de toro. Llegamos hasta el puente sobre el Rivilla
y el Calamón que se adentra dentro de Badajoz desde la autovía de
Madrid. El agua pasaba más de tres metros por encima de él. ¿Cuantas
veces he pasado por encima de él dentro de un autobús? El agua alcanzó
más altura que la del autobús.

Al lado del puente había un piso. Bueno, ya era una casa baja. Del
primer piso sólo quedaba la bañera pegada al suelo. No había nada más.

El día 7 comenzamos a quitar barro.

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1 comentario

  1. Anónimo 14/11/2007 en 14:34

    son unos pendejos lo que llo hicieron

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