Martes 06 de diciembre de 2016,
Bottup.com

A María, una excepcional compañera

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Agradecimiento a una excelente aprendiz de ciudadana

Aunque hace demasiado tiempo que debí escribirte estas palabras sinceras; y espero, llenas de cordialidad, no ha sido hasta ahora cuando, tras cierta calma, por fin me he decidido a expresarte mi gratitud.

Quiero recordarte la emotiva respuesta que tuviste un día muy señalado, aunque muy triste para mí y sobre todo para una chica. Esa fecha marcaba la frontera entre la escolarización tradicional de ella y la ruptura total con el Sistema Educativo. Era una fecha que rompió definitivamente las esperanzas de una joven con los colegios y su total soledad en ellos, ya que en modo alguno sus compañer@s contaban con ella; si acaso para administrarle asiduamente determinadas sobredosis de menosprecios.

Desgraciadamente, esa marginación, exclusión y burlas frecuentes venían produciéndose desde que comenzó su escolarización. Eran tres colegios y me temo, ya demasiados como para jugar al azar y probar en un cuarto o incluso alguno más.

A pesar de ser su tercer centro y creer en una buena disposición, amabilidad y cooperación entre sus compañeros de aula, en un principio, esa ya adolescente pudo comprobar poco a poco, paso a paso, como la iban relegando a la cruel soledad, a la incomprensión y finalmente a las burlas y menosprecios generalizados.

Eran ya muchos días los que llevaba asumiendo su papel de cola de caballo, de paria social, de desvinculación con el grupo de compañeros; de boba, tonta y demás; así que fue en esa fecha, 14 de diciembre de 2010, cuando, usada como vulgar atracción de feria, pudo comprobar una vez más como malos compañeros murmuraban, cuchicheaban, hacían de llorica remedándola e incluso pidiendo a un compañero con muy graves dificultades mentales que se sentase junto a ella en primera fila y como pareja de mofas y otras indecencias, mientras demasiados complacientes y cómplices se sentaban atrás murmurando, riendo y disfrutando del ‘espectáculo’…

Esa chica salió al patio del recreo llorando, puesto que ni siquiera su profesor de naturales, tuvo la decencia de auxiliarla cuando rompió a llorar a mitad de clase y seguir sollozando hasta la salida al recreo; y eran ya, como ella me expresaba más tarde, demasiadas las ocasiones en que era desplazada, aislada y menospreciada. Atrás, arrastraba un cuadro ansioso-depresivo con stress postraumático reactivo al acoso escolar sistemático sufrido en los anteriores colegios como para sacar fuerzas de flaqueza y no derramar lágrimas de desconsuelo.

Al menos, tras un rato de sollozos en el recreo tuvo la suerte de conocerte, ya que muy amablemente y con una excepcional empatía y solidaridad, lograste aplacar su tristeza y gran soledad, ofreciéndole una mano tendida en forma de amistad generosa y desinteresada y expresándole, como ella me relataba después, tus vivencias en ese sentido, pues parece ser que tuviste algún amargo episodio en tu infancia respecto a una mala amiga que finalmente resultó ser una verdadera y cruel enemiga, al despreciarte e intentar aislarte de los demás y dominarte.

El caso es que, poco a poco, fuiste ganándote su minada autoestima y pasó del llanto a cierta calma, tras tu sincera acogida, incluso defendiéndola de falsas compañeras que luego llegaron, intentando dar la imagen de preocupación para luego criticar ciertas conductas, entre ellas el supuesto carácter quejica y llorica de de esa niña.

Una clase magistral de esperanza, solidaridad, apoyo, empatía, cariño y mucha, mucha bondad, reflejadas en ese positivismo, comprensión y amabilidad

También me contó esa chica que le presentaste a una serie de amigas, y que junto a ti le ofrecisteis amistad y compañía, lo que contribuyó a que ella más sosegada y tranquila, se sintiera arropada, lo cual, lo creas o no, no es fácil, pues siempre tuvo y sigue teniendo como fiel aliada, aunque repudiada compañera, a la amarga soledad.

Me consta que le ofreciste una clase magistral de esperanza, solidaridad, apoyo, empatía, cariño y mucha, mucha bondad, reflejadas en ese positivismo, comprensión y amabilidad que tuviste con ella. Clase magistral de la que deberían aprender muchos ‘compañeros’ y no pocos denominados ‘maestros’. Clase pedagógica, de apoyo y comprensión que más de uno quisiera saber empatizar como tú muy notablemente ejerciste.

Lamentablemente esa chica, ya no tenía fuerzas para seguir asistiendo a tan polucionado ambiente dañino y yo como adulto concienciado con ese terrorismo socio-escolar, denominado bullying o acoso escolar, y, sobre todo, como padre de esa víctima, tampoco podía ni quería obligarla a asistir en esas lamentables condiciones, pues reconozco que es mucho más importante para su estado anímico-emocional que se estabilice a que siga persiguiendo unos dudosos logros académicos en tan intoxicado ambiente escolar.

Ella, para tu conocimiento, ha seguido estudiando en casa el curso correspondiente a 2º de ESO, ahora a través de un colegio norteamericano, invirtiendo la mitad de horas y estando mucho más motivada en sus estudios, pues nos basamos en aprendizajes libres, siguiendo el currículo oficial, con ayuda de Internet e innumerables sitios educativos, que compagina y divulga con compañeros de otros países tan distintos y distantes como Gran Bretaña, México, Canadá, Francia, España o Estados Unidos, por ponerte algunos ejemplos.

No voy a negarte que sigue sola, pero al menos no tiene que soportar menosprecios y exclusiones diariamente. Espero que el tiempo la ayude a encontrar a gente tan amable, dispuesta, noble y cariñosa como tú.

Representas la heroicidad, porque tuviste la decencia y valentía de dar la cara por esa chica a la que no conocías, con la que compartiste no sólo tu tiempo, sino mucha empatía y asertividad

No quiero terminar este escrito sin mencionar que entre otros profesionales hemos conocido a Araceli Oñate que, junto a Iñaki Piñuel, son las dos personalidades a nivel nacional que mejor conocen el dañino fenómeno del acoso escolar o bullying. Para Araceli, a la que visitamos en Madrid, tú, María, representas la heroicidad, porque tuviste la decencia y valentía de dar la cara por esa chica a la que no conocías, con la que compartiste no sólo tu tiempo, sino mucha empatía y asertividad cuando deficientes compañeras suyas fueron a ‘curiosear’ y la defendiste y arropaste.

Desconozco si eres una heroína. Sí que creo que eres una magnífica persona. Espero que no te lleguen casos como el de esta chica, Silvia, mi hija, porque sería un buen presagio de que se están erradicando muchos casos de marginación y acoso escolar. En todo caso, si se repite alguna experiencia análoga, ojalá sigas reflejando la valentía, honestidad y apoyo a tantas y tantas víctimas que a menudo son dadas de lado y discriminadas por la incomodidad y complicidad activa o pasiva, que representa estar en minoría.

Para finalizar, quiero dar las gracias a tus padres, que seguro están orgullosísimos de ti, porque sé que detrás de jóvenes como tú existe una sólida educación de respeto y apoyo hacia los demás, a menudo basada en aprendizajes familiares que se originan gracias al celo, afecto y tesón que impregnan determinadas madres y padres.

Ojalá que no cambies nunca y recojas esos frutos que antes o después cosecharás, producto de tu digna, valiente y honesta labor diaria. Un abrazo de esa chica, mi hija Silvia, y mío para ti y para los tuyos por ser cómo eres, María.

Manuel R.

Te dejo un trozo de texto, donde Silvia habla de ti. Dice así:

[blockquote]Cuando mi profesora acabó ya aquel discurso; una muchacha que era de otra clase, que se llamaba María, al verme triste me preguntó que qué me pasaba.

A continuación le expliqué lo que me pasaba y otra vez me entraron ganas de llorar.

Luego me presentó a sus amigas y me contó que a ella también le había pasado algo parecido y que no me preocupase porque ya éramos amigas.

Al poco vinieron las niñas que me daban de lado y dijeron qué me pasaba, disimulando como si les importase.

María, la chica de la otra clase les dijo que no me pasaba nada y que me dejasen en paz.

Una de las niñas que me daban de lado dijo pero si hoy no habido ningún cumpleaños; y vino a decir como si llorase por cualquier tontería sin importancia.

Cuando ya se fueron, María me preguntó si esas son las que se metían conmigo, luego yo le dije que sí y me siguió animando.

Desde ese momento me sentí mejor y me di cuenta que esa muchacha era muy amable y que de verdad se quería hacer amiga mía y no como las otras.

Ese día cuando llegué a casa me di cuenta que odiaba el colegio o por lo menos muchas compañías falsas que dicen unas cosas y luego hacen lo contrario porque me hacen mucho daño.

María, la de Almendralejo, la que me ayudó era diferente y muy amable, pero yo ya no era capaz de seguir yendo al colegio.

Gracias María Rodríguez Moriñigo[/blockquote]

Nota: Nos hubiese gustado enviarte o darte en persona este escrito, pero no ha podido ser, ya que desconocemos tu dirección. Ojalá te lleguen estos agradecimientos. Un abrazo.

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