Lunes 26 de septiembre de 2016,
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A medida que me hago viejo

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OPINIÓN / A medida que me hago viejo he podido observar que nos estamos volviendo conformistas, y damos por bueno que mucha gente mienta, estafe, robe, difame y niegue

A medida que me hago viejo, la vida me ha enseñado muchísimas cosas estupendas, y una muy importante: escuchar y saber respetar a los demás, sus ideas, sus sentimientos, amores y desamores: la vida misma que les pertenece son las luces y las sombras que llevamos todos en el interior de nuestros corazones. He tratado de no mentir, aunque uno lo haría en dos casos muy concretos: a) para salvar la vida de un ser humano, y b) para elogiar la belleza de una mujer –parto de la base que para uno existen tan sólo mujeres menos guapas, pues toda mujer tiene su encanto-.

Pero qué gran grandeza de corazón tienen las personas que aman a las mujeres, y qué sentimientos más humanos poseen los que logran salvar la vida de cualquier ser humano: no soy partidario de la pena de muerte, y mis ojos miran a las mujeres llorando lágrimas de invierno.

A medida que me hago viejo (me duele el cuerpo todos los días), he podido ver y comprobar cómo excesiva gente cree tener derecho a todo: los escritores/as a que se publiquen sus obras (en realidad es un derecho que no se puede negar a nadie), pero deben contar con el beneplácito de los editores. Los políticos españoles (pues supongo que los de otras nacionalidades harán lo propio, y a las pruebas me remito: Grecia, Italia, Irlanda…) que se marcan sus propios sueldos, no comprendiendo uno de dónde sacan ese derecho, y que se marchan de rositas con sus bolsillos llenos de euros, después de que sigue uno siendo testigo de tantos abusos cometidos por algunos ediles (¿todos ellos han pasado a la cárcel?) que han tenido que dimitir, habiendo tenido las manos libres del control estatal, que debía haber habido… Y que, aún así, los ciudadanos españoles hemos acudido a votar el pasado 20N.

Todo esto pasa en el mundo de la política, pero está también alcanzado al mundo empresarial, al de los periodistas, al de los escritores, al de los policías, al de los compañeros de trabajo

A medida que me hago viejo (me duele el cuerpo todos los días), he podido observar… que nos estamos volviendo conformistas, y damos por bueno que mucha gente mienta, estafe, robe, difame y niegue las evidencias de los hechos consumados. Todo esto pasa en el mundo de la política, pero está también alcanzado al mundo empresarial, al de los periodistas, al de los escritores, al de los policías, al de los compañeros de trabajo y al mundo de los propios vecinos.

A medida que me hago viejo (me duele el cuerpo todos los días), se va uno acordando de muchas cosas que ya pasaron, pero que es bueno recordar: John Edgar Hoover, quien fue director del FBI, se dedicó a espiar -a diestra y siniestra- a numerosas personas, incluyendo a los homosexuales por el hecho de serlo (los homosexuales son personas como todos nosotros, y creados por el Dios de todas las religiones…): todos sabemos que presuntamente estuvo conyugalmente unido a su director adjunto, Clyde Tolson.

Historias de amor existen muchas, indudablemente que sí, pero cuando uno ha cumplido más de sesenta años se puede morir de y por amor. Recuerdo a dos personas, ella de 60 y él de 64, que se habían amado como nadie se ama en esta vida: con ternura, con delicadeza, con sentimiento… Al poco tiempo ella se enfermó de… cáncer de pulmón –esa terrible enfermedad que todos llevamos dentro, y que aparece cuando menos la esperamos–, aunque nunca fumó. Su vida se esfumó a los cuatro meses, ni un día más. Él estaba destrozado, pues su semblante así lo expresaba: pasados dos meses falleció como consecuencia de un paro cardíaco. Su corazón había expulsado sangre de amor por los cuatro costados.

Siempre me pregunté por qué fue tan rápida aquella muerte: posiblemente aquel hombre terriblemente enamorado de su mujer no supo ni quiso seguir viviendo con su dolor insufrible, y dijo: “¡Basta ya! Me voy… porque he perdido una parte de mi cuerpo. Eran más de cuarenta y cinco años de convivencia y armonía”.

El problema reside en nosotros mismos, pues pensamos que el dinero, el poder y los distintos placeres serán los que nos libren de preocupaciones: nada más lejos

Antes de morir, nuestro hombre en cuestión, había expresado a una enfermera de turno de guardia: “El llegar a ser anciano no tiene porqué convertirse en un camino sombrío, en un trayecto penoso. Pero lo cierto es que, en nuestra civilización actual -por así llamarla, pues en muchas ocasiones damos muestras inequívocas de estar poco civilizados…- la vejez la estamos transformando en un problema emocional -nubes emocionales vestidas siempre de lutos-. Y es que muchas familias tienden a aparcar -como si de coches chatarra se tratasen- a sus más queridos seres -viejos- en cualesquiera residencias, donde los sentimientos humanos se transforman en piedras de granitos arcaicas, donde las ilusiones desaparecen todos los días cuando se acuesta la luna. Y esto ocurre cuando las personas mayores saben, mejor que nadie, qué es importante en la vida, qué es accesorio, qué merece la pena hacer o desarrollar, qué amor es el verdadero y cuál es el falso…”.

Pongamos en suerte el arte de comunicar, conversar, etc., que parece haber sido olvidado últimamente de la faz de la tierra. El problema reside en nosotros mismos, pues pensamos que el dinero, el poder y los distintos placeres –que la propia vida nos pone al alcance de la mano–, serán los que nos libren de preocupaciones: nada más lejos. Uno piensa que el amor ni se compra ni se vende: se siente. Si no es así, no es verdadero amor. Quizá uno, tú, todos… seamos nuestros peores enemigos y estamos fomentando la posesión de corazones muertos (por corazones vacantes), los cuales nunca jamás darán la felicidad a nuestros semejantes.

Y dado que la violencia engendra violencia, y es el plato de cada día en televisión, hemos de desterrarla –en la medida de lo posible– dentro de nuestra ‘pequeña pantalla’, dentro de los campos de fútbol, dentro de nuestro trabajo… dentro de nuestra cotidiana vida. Porque… Ashley Montagu –antropólogo- señaló: “Aprender a hablar cuesta muchos meses. Aprender a amar puede costar años. Ningún ser humano nace con impulsos hostiles o violentos, y nadie se vuelve hostil o violento sin tomarse el tiempo necesario para aprenderlo”. Nuestra cotidiana vida, hoy en día, es una amplia escuela de violencia, que hemos de digerir para no sembrar semillas de violencia.

Debe haber permisividad hacia la conducta humana, hacia el cine, televisión, pero hasta esa frontera que separa el bien del mal. Vaclav Havel (político y dramaturgo) dejó escrito: “La tolerancia empieza a ser una debilidad cuando el hombre comienza a tolerar cosas intolerables, cuando empieza a tolerar el mal”. “Desgraciadamente no hay computador ni matemático que pueda fijar la frontera (…)”. A medida que me hago viejo siempre estoy recordando lo que dejó escrito, Enrique Lacordaire: “A medida que me hago viejo, veo cuán necesario es que los superiores den ejemplo y no hagan lo que no permitirían hacer a los demás”.

La Coruña, 24 de noviembre de 2011
Mariano Cabrero Barrena es escritor


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Sobre el autor

(...)He nacido en Madrid, 8 de Noviembre de 1938. Estoy casado y con dos hijos. Soy esscritor, poeta y ensayista. Funcionario de La Administración del Estado(escala Ejecutiva), jubilado, pero con unas ansias enormes de seguir escribiendo para aprender de los demás. Informar, tratar de ilustrar y entretener forman parte de mi bagaje cultural, que renuevo a diario. Y en todo momento trato de transmitir tranquilidad y esperanza a la sociedad actual: todo dentro de una ética periodística adecuada a cada momento. Busco como articulista el informar cuanto antes lo que acontece a mi alrededor. Lo demuestro con mis humildes obras( hijos propios salidos de mis sueños): "Periodismo: ¡Difícil profesión!" (1995) y "Mi compromiso con el periodismo" (1998). Intento penetrar en el difícil mundo de la poesía, y lo lleva a cabo con silencios, diálogos con muertos y con la exaltación del amor a la mujer: el ser más maravilloso sobre la tierra. Trato de demostralo con mis libros de poemas : “Reminiscencias de mi juventud, Poemas" (1994), "Miscelánea de muertes, sueñosy recuerdos, poemas" (1995), "La realidad de mis silencios, poemas" (1997) y "La travesía de la vida, poemas" (2001).Siempre escribo para aprender de los demás, de sus críticas, de sus consejos...He tratado de no mentir, más uno lo haría en dos casos muy concretos: a) para salvar la vida de un ser humano, y b) para elogiar la belleza de una mujer –parto de la base de que para uno existen tan sólo mujeres menos guapas, pues toda mujer tiene su encanto...-.

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