Sábado 21 de enero de 2017,
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A veces sueño con Seattle

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Uno delos muchos actos reivindicativos en Seattle’99

Me gusta soñar con el principio de un
resurgimiento que parece en grave retroceso: la reivindicación de que
las cosas pueden ser cambiadas en esta época de despropósitos, crisis financieras, hambre y miseria global, destrucción del medio ambiente.

Opinión

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Cartel de la película

Qué tiempos aquellos de consignas, de
manifestaciones estudiantiles y de Seattles del 99. A veces me gusta
soñar con Seattle, movilizaciones organizadas bajo la pancarta de que otro mundo es posible,
lleno de gente idealista despierta y capaz de protestar pacíficamente y
lograr que paralicen el curso de reuniones de peces gordos como el FMI,
Banco Mundial, etc.

Me ha dejado un regusto al pasado, triste, como si contemplara una
película de época digna de ser relatadas a generaciones venideras. ¿Dónde ha quedado el espíritu deSeattle?
(…) Como si esas torres gemelas hubieran destruido con su caída hacia la
nada más absoluta, gran parte de la contestación al modelo del
pensamiento único

Me gusta soñar con el principio de un
resurgimiento que parece en grave retroceso: la reivindicación de que
las cosas pueden ser cambiadas en esta época de despropósitos, crisis financieras, hambre y miseria global, destrucción del medio ambiente. La
cinta narra los cinco días que hicieron tambalear el mundo en 1999,
cuando decenas de miles de manifestantes tomaron por asalto la calle en
protesta contra la Organización Mundial del Comercio (OMC). La película
me hizo recordar la consignas de mayo del 68 que gritaban mis hermanas:

‘Seamos realistas, pidamos lo imposible‘: “La
verdadera utopía es la creencia de que el sistema mundial actual puede
reproducirse de forma indefinida; la única forma de ser verdaderamente
realistas es prever lo que, en las coordenadas de este sistema, no
tiene más remedio que parecer imposible”.

Me ha dejado un regusto al pasado, triste, como si contemplara una película de época digna de ser relatadas a generaciones venideras. ¿Dónde ha quedado el espíritu de Seattle? ¿Dónde esa policromía soberbia de movilizaciones: sindicatos, afiliados, ecologistas, organizaciones no gubernamentales, críticas, pero ‘subvencionadas por los gobiernos’; grupos antimilitaristas, anticapitalistas, anarquistas, asociaciones indigenistas, intelectuales progresistas, radicales, izquierdistas, activismos no organizados pero comprometidos con grupos locales activos.

Si Seattle es el referente del alza del llamado movimiento antiglobalización, el atentado terrorista de Nueva York marca, como para otros tantos procesos, un punto de inflexión, como si esas torres gemelas hubieran destruido con su caída hacia la nada más absoluta, gran parte de la contestación al modelo del pensamiento único.

El efecto Seattle se sucede en cascada en respuesta a reuniones de Naciones Unidas: Bangkok II; Banco Mundial y FMI (Washington IV, 2000) con cerca de 30.000 manifestantes; Banco Mundial y FMI (Praga IX-2000); Foro de Davos (Suiza) con réplica en Brasil, Porto Alegre, mediante el Foro Social (I-2001); Gottemburgo (VI-2001); Banco Mundial (Barcelona VI-2001) suspendida en directo y realizada por multiconferencia ante el temor a manifestaciones, que efectivamente, se realizaron; Foro de Economía Mundial (Salzburgo VII-2001); Génova (VII-2001), con más de 150.000 manifestantes y la muerte, por disparos de un joven manifestante: Carlo Giuliani.

Las sucesivas citas de los organismos internacionales, contraprogramadas por el movimiento antiglobalización, han realizado sus reuniones en zonas de exclusión para protegerse y bajo el control en las fronteras para no ser molestados.

Algunas reivindicaciones de Seattle quedan difuminadas por otras historias en la película. Recordemos las clásicas: abolición de la deuda externa, reclamación de un comercio justo, control y fiscalidad para los capitales en la línea de la Tasa Tobin, línea defendida por la asociación ATTAC; rechazo al trabajo infantil propiciado indirectamente por las multinacionales; oposición a los gastos militares, presentación de la OMC y otras organizaciones internacionales como instituciones de interés de los países poderosos, ajenas a los efectos sociales de sus decisiones.

Y es precisamente cuando los atentados del 11-S de Nueva York en el 2001 y la posterior reacción de EE.UU. con la guerra de Afganistán, auspiciada por la ONU y el ambiente de pánico ante los atentados terroristas, generan una nueva actitud de la opinión pública.

Quizás quede tiempo para un nuevo resurgir en los movimientos, quizás quede tiempo para reescribir el espíritu de lucha. De gestar una unidad organizativa con un horizonte afín. Los ideólogos clásicos como el líder francés José Bové, acreditado por su presencia en los foros y por sus acciones contra multinacionales como Mc Donald´s o plantaciones de productos transgénicos, hasta intelectuales, activista a su manera, Noam Chomsky (La aldea global), Premio Nobel de la Paz 2006 por su lucha para lograr una economía justa: Muhammad Yunus (microcréditos), Noami Kleim (No logo. El poder de las masas)….siguen sumándose al posible cambio social.

Quizás también es el tiempo para las infraclases, los excluidos, aquellos que se encuentren en las peores situaciones económicas y sociales porque nada tienen y nada pueden perder. Que de forma casi desesperada comiencen una nueva etapa donde la voz del hambre comience a escucharse y dejemos de soñar que un día en Seattle se quiso cambiar el rumbo de la codicia negociada por los más poderosos de nuestro planeta.

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Sobre el autor

3 Comentarios

  1. Anónimo 29/09/2009 en 11:47

    Ola tia
    Precioso articulo Ali ojala suceda 1beso de tu sobrina

  2. Anónimo 11/10/2008 en 14:26

    Buen toque de atención
    Enhorabuena Alicia por esta excelente llamada de atención para lo que ha supuesto el 9/11. No ha sido la primera vez que se ha usado el miedo para parar movientos sociales. El 9/11 supuso una corriente eléctrica recorriendo la espina dorsal de cada americano. El impacto psicológico fue tremendo y además nos lo reprodujeron en Europa para intentar exportar ese miedo a nivel mundial. Ese miedo, como tantos compositores y escritores han dicho, es el que ha matado a algunos de los sentimientos e ideas más humanas.

    Ojalá tengas razón y la gente pueda volver a abrir los ojos, pero el periodismo a dia de hoy trabaja en masa para confundir, ocultar y manipular. Además, si tomasemos como ciertas las palabras de Aaron Russo (productor musical y político estadounidense fallecido en 2006) en 2004, en la cuales afirmó que Nicholas Rockefeller le anunció nueve meses antes del 9/11 de unos acontecimientos que les permitirían entrar en Irak y en Afganistán… pues hasta podemos pensar que ese daño psicológico ha sido perpetrado a conciencia para acabar con estos movimientos sociales.

    Enhorabuena otra vez

    • Anónimo 12/10/2008 en 0:55

      Gracias!
      Gracias José Antonio…efectivamente malos tiempos para el periodismo, para los movimientos…para el mundo, si no despertamos.
      Un abrazo,

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