Viernes 30 de septiembre de 2016,
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Agua, el regalo olvidado de los tres Reyes Magos

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La labor desinteresada de una sola persona ha hecho posible que las 300 personas que habitan la ‘charca de la basura’ dispongan de dos bombas de agua potable

Camboya. De todos los recuerdos que guardo de mi pasado, sin duda alguna, los más felices son todos aquellos relacionados con el día de ‘los Reyes Magos’ de mis primeros siete años de existencia. Lo nervios de la noche del 5 de enero se convertían en sonrisas y lágrimas cuando los primeros rayos de luz que entraban por mi ventana me despertaban al día siguiente, anunciando la llegada de los tres magos de oriente.

Han pasado muchos años desde entonces, durante los cuales descubrí que los tres Reyes no eran más que unos familiares que pasaban más que estragos para poder pagar la larga lista de regalos que un niño, caprichoso como yo, mandaba a esa famosa dirección en el Polo Norte.

Desde que en 2008 el viento me quiso llevar a Camboya, los Reyes Magos no se han portado muy bien conmigo, y los días de felicidad que viví en mi infancia pasaron a ser un vago recuerdo para poder alegrar una jornada donde el carbón de la peor clase era el único regalo de esos tres abueletes de Oriente.

Al país del Angkor Wat, Melchor, Gaspar y Baltasar no llegan en camellos, ni traen oro, ni incienso, ni mirra. En la Camboya actual, los camiones verdes de la empresa Gaea, cargados hasta los topes de basura, son lo más parecido a esas lujosas cabalgatas que en la noche del 5 de enero llenan las ciudades de mi país.

Desde que hace unos meses visité por primera vez los vertederos de basura de Siem Reap, comprendí que un solo deseo flotaba en el aire putrefacto de ese lugar, agua. Si algo me impresionó entre tanto despojo, fue el color del ‘líquido’ que los habitantes de la ‘charca de la basura’ se llevaban a sus secas gargantas. Desde ese día de octubre, la construcción de pozos de agua para estos seres humanos se convirtió en el objetivo número uno de este mundo olvidado.

Una ‘loca’ italiana de sabiduría infinita contactó con Somaly, quien pidió para reyes una donación simbólica que resultó en los 1.300 euros que han hecho posible las bombas de agua

Solo hace unas semanas, la visita de dos amigos ingleses reactivó la búsqueda de esa persona que pudiera donar el dinero. Y como por arte de magia, las historias de basura y felicidad de este mundo olvidado llegaron a los oídos de Carla, una ‘loca’ italiana de sabiduría infinita y que desde hace más de veinte años vive en Asia, ayudando como puede a los más desfavorecidos. Gracias a la experiencia de esta trotamundos, no se tardó más de un día en poder localizar a esa ‘Reina Maga’ que ha hecho que la vida de los habitantes de la charca de la basura sea un poquito más digna.

Somaly Na sufrió desde muy pequeña los horrores de la guerra. Durante el régimen de Pol Pot tuvo que escapar de su país de origen, Camboya, y desde hace años reside en Hong Kong, desde donde ayuda como puede a la población de su Kampuchea natal. Para su último cumpleaños, Somaly decidió que no quería recibir nada material, e invitó a todos sus amigos a que hicieran una donación simbólica en lugar de comprar estúpidos regalos que la mayoría de las veces pasan a formar parte de la decoración de nuestros armarios. En tan solo unos días, reunió una cantidad cercana a los 1.300 euros, dinero que sin duda alguna sería destinado a ayudar a los más desfavorecidos de su amada Camboya.

Ayer, día de Reyes, el mundo desarrollado vivió desenvolviendo miles de regalos inútiles que no servirán más que para poner una sonrisa por algo más de una hora en la mayoría de los niños, acostumbrados a tenerlo todo antes de pedirlo. Sin embargo, en el mundo olvidado, los niños no juegan, los chavales sonríen al ser acariciados por las gotas de agua limpia que decoran de dignidad este paisaje catastrófico. Ellos no sueñan con carreras de coches en la Playstation, ellos no saben los que es una Nintendo Wii, y al preguntarles por los Reyes Magos, dicen que sí, que conocen a uno, el de Camboya, y que ese no da muchos regalos. Pero al mencionarles la palabra agua, sus caras se iluminan, se sienten privilegiados de poder disfrutar de “tanto lujo”, y solo repiten “el agua ahora sabe a arroz y antes sabía a basura”. Las trescientas personas han encontrado a 18 y 30 metros bajo tierra ese regalo perfecto que alegrará sus vidas durante los próximos dos o tres años, dos bombas de agua, que serán cuatro en los próximos días, y que han impregnado de esperanza este lugar olvidado.

Ayer, 6 de enero, su sonrisa ha sido mi regalo, unos reyes que por fin han parado de dejar carbón en mi ventana. Hoy he descubierto que además de que los padres sean los tres magos de Oriente, también existen otras personas que, quizás no se conozcan, pero que sí son los verdaderos Reyes Magos. En Camboya, Gaspar, Melchor y Baltasar hoy se llaman Somaly, una persona para la que el mejor regalo es ver a la gente sonreír, sin duda un ejemplo que muchos deberían seguir.

Gracias a Somaly Na, los niños de la basura hoy pueden tener un mundo un poco mejor, sirva como ejemplo las palabras de Sal, una niña de 16 años, que perdió un ojo hace unos años en este lugar, “antes de que tuviéramos los pozos solo me podía duchar una vez a la semana, ahora cuando estoy sucia me puedo lavar sin problemas, además me ducho dos o tres veces  al día”.

Como dijo Tales de Mileto, “el agua es el elemento y el principio de las cosas”, y gracias a Carla, y sobre todo gracias a Somaly quizás el agua en este caso será el principio de un futuro donde estas familias dejen de ser olvidadas.

Antes y Después:

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