Jueves 19 de enero de 2017,
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Agua embotellada poco clara

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Reportaje

Su alto coste, sus efectos medioambientales y sus dudosos orígenes hacen que el agua embotellada esté un poco turbia

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“Tome agua del grifo de Londres, sométala a un proceso de depuración y agregue un poco de cloruro de calcio que contenga bromuro. Ponga estas botellas en el mercado y el negocio es redondo”. Así resumía sarcásticamente el periódico británico The Guardian el proceso que se sigue en muchos casos con el agua embotellada.

Y es que parece que hay algo turbio en la industria del agua embotellada. Un estudio realizado el pasado año por el Earth Policy Institute desvelaba que la embotellada “no garantiza ser más saludable” que el agua potable del grifo, a pesar de que cuesta 10.000 veces más. Esta entidad afirmaba que “cerca del 40% del agua embotellada es agua  potable” a la que se han añadido diversos minerales.

El mercado del agua embotellada se ha disparado desde el año 2000 en Europa, con un crecimiento anual que ronda el 10% en países como Reino Unido y España. Los europeos bebieron 50,3 billones de litros de agua embotellada en 2006, con Italia a la cabeza, donde el consumo fue de 136 litros por persona y año, seguida de Alemania, con 133 litros, mientras en España el consumo fue de 69 litros.

El mercado del agua embotellada se ha disparado desde el año 2000 en Europa, con un crecimiento anual que ronda el 10% en países como Reino Unido y España
Europa utiliza cerca de un millón de toneladas de PET en la producción de embases, que tardarán más de 1.000 años en biodegradarse

Los motivos que llevan a los ciudadanos a consumir agua embotellada no sólo están relacionados con la salud, sino con el placer y con la demostración de pertenecer a un status social elevado, según señala la consultora Second Sigth Innovation en un informe realizado para el gigante británico Britvic. De ahí que las estrategias publicitarias de las grandes marcas hablen de aspectos sociales y emocionales a la hora de llegar al consumidor. Así, Perrier compara su agua embotellada con el champán francés, mientras el slogan de Evian es ‘vive joven’.

Pero lo más preocupante de esta industria es su enorme impacto ambiental. Europa utiliza cerca de un millón de toneladas del plástico Politereftalato de etileno (PET) en la producción de embases para embotellar el agua, buena parte de los cuales acaban en vertederos o se envían a países asiáticos, donde tardarán más de 1.000 años en biodegradarse.

Las organizaciones ecologístas también denuncian la actuación de las
multinaciones en Latinoamérica, donde compran grandes extensiones de
terreno salvaje para extraer el agua de sus acuíferos, con lo que las
zonas agrícolas cercanas se van quedando sin agua para sus cultivos al
desecarse las existencias del subsuelo.

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