Jueves 29 de septiembre de 2016,
Bottup.com

Bueno, señores, hoy escribo acerca de un tema que me fascina y me parece la locura furiosa: los hombres

Y es que a buen número y porcentaje de mujeres este temita nos pone los pelos de punta, pero de la emoción. Hoy sólo les quiero compartir una teoría que surgió desde hace aproximadamente un año, lo bueno es que con el tiempo he tenido la oportunidad de irla madurando y amasando.

Cuando a uno como mujer le ha pasado tanta cosa con el sexo opuesto, ha votado y derramado lágrima como loca y se ha rasgado las vestiduras, al tiempo lo que consigue es buen material para escribir, eso sí es una dicha. Después de un tiempo uno hace una mirada para atrás y para dentro se da cuenta de que la culpa no es de ellos sino de uno, o al menos en este caso mía, que creo tener síndrome de panadera. De hecho, sospecho que a la gran mayoría de mujeres nos pasa los mismo: tenemos pura vena harinosa.

Si se dan cuenta que no todos son iguales, pero bueno, como nunca me he considerado una feminista desbordada ni una machista, debo reconocer los beneficios del pan

Díganme ustedes si los hombres no son igualitos al pan. Es que no hay y no existe cosa más parecida. Hay un sinfin de variedad de pan, como de hombres, porque eso sí no todos son iguales, y ahí si me perdonan mujeres, a mi modo de ver todos tienen su masa diferente.

Yo a través de mi corta existencia he evidenciado los siguientes, pongan mucha atención:

El pan coco, ese que asusta.

El roscón, que no es tan pan.

El pan de yuca, duro por fuera blandito por dentro.

El pan sin levadura, ese que nunca creció, ahí se estancó, linda la pubertad eterna del muchacho. Y como no tiene levadura si que lo seca a uno carajo.

El pan árabe, ese que a uno lo quiere enredar y uno ni entiende en que idioma le está hablando, y lo peor es que es bien árabe, machista y con más de siete viejas, no hay derecho.

El pan cacho o croissant, ese si que pone y pone los cachos pero que es irresistible, qué cosa más rica.

El pan blanco: ideal para toda la población.

El pan rústico y de doble fermentación, ese que lleva su tiempito pero tiene más sabor y se conserva mejor y por más tiempo que el resto.

Y el pan tostado, para las locas.

Si se dan cuenta que no todos son iguales, pero bueno, como nunca me he considerado una feminista desbordada ni una machista, debo reconocer los beneficios del pan. Considero que en cuanto a todas las sustancias nutritivas que éste aporta, debe formar parte destacable de nuestra dieta, tratando de estar presente en casi todas las comidas del día. Desde el desayuno a la cena. A mí me ensañaron desde chiquita que en la mañana, en la tarde o en la noche un pan nunca cae pesado. Hasta lo dice Wikipedia: “El pan es un alimento básico que forma parte de la dieta tradicional”.

Gracias por estar como el pan, presentes desde la prehistoria hasta el día de hoy

Pues si así es, desafortunadamente o afortunadamente los hombres son nuestro bien o mal necesario, eso depende de cada una y sus elecciones. Yo sólo les digo que mucho ojo con el pan que eligen, porque como dicen por ahí: “uno es lo que come”.

Y para las que siguen amasando y amasando al hombre, cuando decidan finalmente meterlo al horno recuerden que “hasta al mejor panadero se que le quema el pan” y que “a veces Dios le da pan al que no tiene dientes”.

A todos ‘mis hombres’, amigos, padre, ex parejas, y otros, un abrazo enorme. Gracias por estar como el pan, presentes desde la prehistoria hasta el día de hoy, y que Dios permita que los podamos seguir disfrutando y teniendo al lado.


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