Miércoles 07 de diciembre de 2016,
Bottup.com

Hasta ahora, además de visitar enfermos, un orfanato y una colonia rural, el mayor contacto que he tenido es con las escuelas. En los colegios de ACOES
se matriculan los niños y niñas que viven en colonias con muy poco
recursos económicos y que, de otra manera, no estarían escolarizados

Casi todos visten uniforme y van aseados, son educados y bastante cariñosos. Como ya he comentado, los cursos no se corresponden con las edades, porque muchos de ellos empiezan sus estudios más tarde, ya sea porque antes no había escuela a la que pudieran ir, porque su familia no podía costear el material escolar o porque tenían que trabajar para ayudar económicamente en casa.

Cuando les ves en el colegio no imaginas las historias que cada uno tiene detrás y los lugares en los que viven, casi siempre chambitas: una especie de chabolas construidas con maderas y tejaditos de metal en las que no hay agua, luz ni buenas condiciones higiénicas. Tanto en Honduras como en la capital, Tegucigalpa, el 80% de las personas son pobres y el 40% vive por debajo del umbral de la pobreza. Las desigualdades económicas y sociales son enormes, pues el 3% de la población acumula el 80% de la riqueza
 
“Cuando les ves en el colegio no imaginas las historias que cada uno tiene detrás y los lugares en los que viven,
casi siempre chambitas: una especie de chabolas construidas con maderas
y tejaditos de metal”

El nivel educativo es inferior al español y muchos de ellos necesitan clases de refuerzo, a lo que dedican su tiempo algunos voluntarios españoles. Casi todos los libros que utilizan son manuales que han llegado desde España (incluso se ven libros de la antigua EGB); lo mismo ocurre con los ejemplares de las bibliotecas. Es más, los maestros no pueden mandar lecturas obligatorias a toda la clase porque, o bien no se tiene 40 libros iguales en el colegio, o bien las familias no pueden pagarlos. Algunos alumnos también reciben el almuerzo gratuitamente, pero sólo la mitad aproximadamente.

 
“Casi todos los libros que utilizan son manuales que han llegado desde
España (incluso se ven libros de la antigua EGB); lo mismo ocurre con
los ejemplares de las bibliotecas”

Después de dar las clases de Redacción me he dado cuenta de que necesitan conocimientos de español con urgencia. He leído palabras como “bibo”, “amistias” o “baylar”, escritas por niños que, a su edad, deberían manejar mejor la expresión escrita de su lengua materna. Por eso creo que con unas charlas como las que yo les di apenas se consigue un progreso, pero también creo que los que hemos tenido la suerte de estudiar y adquirir conocimientos, debemos compartirlos con aquellos que no tienen acceso a la educación o a una educación que les capacite suficientemente para contruibuir al desarrollo de su país y dejar atrás la pobreza. En mi opinión, el mayor culpable de la situación es el Gobierno, pues los sistemas educativo y el sanitario están desorganizados, son deficientes, caóticos y no son accesibles para todos.

 
El día a día de los colegios hondureños es diferente. Los maestros a veces deben realizar caminos larguísimos en transportes precarios para dar sus clases y recibir la noticia de que un compañero ha muerto es más frecuente que en España. Sin ir más lejos, el primer día que fui a Santa Teresa anunciaron por los altavoces que Axel, un niño de tres años, acababa de morir de dengue, con el agravante de que su madre había perdido a otro bebé unos meses antes. La directora apeló a la solidaridad de los alumnos y todos dieron una, dos o cinco lempiras (unos céntimos de euro) para entregar a la familia, que tenía al niño muerto en su casa porque no podía pagar la sepultura. “Los pobres debemos ayudarnos entre nosotros”, dijo, “no debemos esperar a que nos ayuden”. Y siguió: “Os he dado una triste noticia, pero la vida sigue y la nuestra está viva”.

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