Sábado 03 de diciembre de 2016,
Bottup.com

Alfredo Landa

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Si un día revisásemos en orden cronológico su
vastísima obra cinematográfica, podríamos comprobar cuánto hemos
cambiado: de la España del boom turístico de los sesenta a la del boom
inmobiliario del siglo XXI. Menuda hostia nos vamos a dar.

Opinión

“Para la historia y el
Espasa ha dejado todo un género, el landismo, con esas guiris
que por mucho que les gritásemos no entendían lo que les decíamos, pero
sí lo que pretendíamos”
Persiguió suecas en Torremolinos y un futuro mejor
en Alemania. Fue mariquita de día y ligón de noche, novio decente en el
pueblo y Rodríguez trasnochado en la capital. Sufrió las humillaciones
de un terrateniente y disfrutó la gloria de una quiniela de catorce.
También fue militar en distintas plazas, delincuente de poca monta,
cura de buen corazón, gasolinero y detective privado, así como otros
muchos personajes de los gremios más variopintos.

Para la historia y el
Espasa ha dejado todo un género, el landismo, con esas guiris
que por mucho que les gritásemos no entendían lo que les decíamos, pero
sí lo que pretendíamos. Aprendimos con él que ellas sólo querían sol y
manzanilla, y que de tocarles algo únicamente podrían ser las
castañuelas, y olé. Si un día revisásemos en orden cronológico su
vastísima obra cinematográfica, podríamos comprobar cuánto hemos
cambiado: de la España del boom turístico de los sesenta a la del boom
inmobiliario del siglo XXI. Menuda ostia nos vamos a dar…

“Pese a ser uno de los más grandes, se nos ha
retirado sigilosamente. Como esos silencios con los que ha expresado
tanto en el final de su grandiosa carrera, él, que en sus comienzos era
tan dado a hablar y gesticular”

Pese a ser uno de los más grandes, se nos ha
retirado sigilosamente. Como esos silencios con los que ha expresado
tanto en el final de su grandiosa carrera, él, que en sus comienzos era
tan dado a hablar y gesticular. Pero cuando alguien logra llegar a la
cumbre, descubre atónito que las palabras no eran necesarias para
expresar las emociones que forman parte de nuestro inconsciente
colectivo. Una mirada, un beso, una caricia, un guiño, una sonrisa…
pueden decirlo todo sin decir nada. Nuestro cine ha acabado hallando en
él a uno de sus mejores ancianos, que como ya nadie los escucha porque
chochean, se acaban especializando en silencios, sin duda mucho más
sabios que las palabras de quienes les hacen callar. En esto, también
ha sido un maestro.

Cuando suba al escenario para recoger el Goya de
Honor por toda su carrera, estarán siendo homenajeadas las 133
películas en que participó, así como toda una época de nuestro cine y,
por tanto, de nuestras vidas. Recordaremos la España que fuimos y en la
que hoy no queremos reconocernos pues, a pesar de todo, estamos mejor
que entonces. Su homenaje lo será también a un país que fue aprendiendo
a vivir como este genial cómico a actuar: de manera autodidacta, a
trompicones, timoratamente, intentando caer de pie con suerte desigual.
Varias generaciones hemos reído y llorado con sus personajes tiernos y
viscerales, aunque actualmente pocos admitan seguir haciéndolo, pues
ahora todos somos de arte y ensayo en versión original. Hoy, ya sólo
nos queda darle las gracias por haber sabido entendernos tan bien, por
interpretarnos con un cariño que jamás le podremos devolver, y por
haber dedicado toda su vida a hacer menos infeliz la de los demás.

*Los artículos de Nodo Libre sólo representan el punto devista de su autor. Bottup es una comunidad de centenares de periodistas ciudadanos con su propio criterio, que la Redacción nunca puede coartar.

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