Viernes 26 de mayo de 2017,
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¿Hacia un nuevo crash bursátil?

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Análisis de los elementos racionales que han contribuido a la génesis de la actual burbuja inmobiliaria y su previsible estallido a finales del 2009.

La burbuja actual sería hija de la euforia de Wall Strett (y por extrapolación del resto de bolsas mundiales) tras los resultados de los llamados “test de estrés” de las entidades financieras llevadas a cabo por la Administración USA; de la llegada de pequeños y medianos inversores tras el estallido de la burbuja inmobiliaria y de la bajada espectacular de los rendimientos de Fondos de Inversión y Renta fija y en especial del regreso a los parqués de los brokers especulativos a la caza de gangas virtuales tras el hundimiento del precio del petróleo y las commodities agrícolas. 

La burbuja actual sería hija de la euforia de Wall Strett tras los resultados de los
llamados “test de estrés”

Causas del génesis de la burbuja:

Racionalidad limitada: La desconexión con la realidad por parte de los inversores les llevaría a justificar la exuberancia irracional de los mercados ( creándose un mundo virtual de especulación financiera que nada tendría que ver con la economía real) y a extrapolar las rentabilidades actuales como un derecho vitalicio lo que unido a la pérdida de credibilidad de las agencias de calificación como Moody’s (al no haber predicho la actual crisis), coadyuva a que el mercado permanezca insensible al recorte de rating de las compañías que cotizan en la bolsa.

Especulación: El proceso especulativo impulsa a comprar con la esperanza de sustanciosas ganancias en el futuro, lo que provoca una espiral alcista alejada de toda base factual, de lo que serían paradigmas valores como Vueling o Española del ZINC en el Ibex 35 (revalorizaciones del 110% en el 2009); Fortis (cerca del 180%) y Renault (cerca del 65 %) en el Eurostoxx 50 y American Express en el Dow Jones (rondando el 40%). El precio del activo llega así a alcanzar niveles estratosféricos hasta que la burbuja acaba estallando (crash) debido a la venta masiva de activos y la ausencia de compradores, lo que provoca una caída repentina y brusca de los precios (hasta límites inferiores a su nivel natural) dejando tras de sí un reguero de deudas (crack bursátil).

Incertidumbre sobre el nivel suelo de los valores bursátiles: Un inversor está dispuesto a pagar un precio por una acción si le reporta dinero en el futuro, por lo que el valor de dicha acción es el total de flujos esperados. El nivel suelo de las Bolsas mundiales, (nivel en el que confluyen beneficios y multiplicadores mínimos), se situaría en la horquilla del 6000 y 7000 puntos en Mercados Bursátiles como el Dow Jones , Nikkei o el Ibex 35, debido a la mayor virulencia y profundidad que presenta la crisis económica y muy lejos de los estratosféricos techos actuales, Dow Jones: (8.540 puntos); Eurostoxx 50 (:2.415); Nikkei: (9.780) e Ibex 35 : (9580 puntos), rememorando valores de octubre del 2008.

El proceso especulativo impulsa a comprar con la esperanza de sustanciosas ganancias en el futuro
Sobreponderación de los brotes verdes de la economía: La euforia de Wall Strett ( y por extrapolación del resto de bolsas mundiales) tras los resultados de los llamados “test de estrés” de las entidades financieras llevadas a cabo por la Administración USA y el goteo de datos económicos negativos inferiores a las más pesimistas previsiones, habrían ayudado a la gestación de la leyenda de los Brotes verdes o binladens, llamados así porque aunque existen nadie los ha visto.

Se habría así producido un cambio en las expectativas del mercado, existiendo ahora la convicción de que las políticas de rescate financiero (Programa de Apoyo para activos con problemas (TARP ) llevado a cabo por las Administraciones y las sucesivas bajadas de tipos de interés de la Fed y demás Bancos Centrales habrían aliviado los problemas de liquidez de las entidades financieras.

Históricamente, las bolsas inician su recuperación entre cinco y seis meses antes que la economía y las últimas previsiones estiman que la recesión iniciada en diciembre de 2007 finalizará en el tercer trimestre de 2009, justo en los plazos que avalarían el rally alcista iniciado el 9 de marzo y que podría tener su continuidad hasta el último trimestre del 2009, lo que conjugado con la creciente correlación de los mercados explicaría la similar remontada de los índices bursátiles a uno y otro lado del Atlántico. En Estados Unidos, el S&P 500 ha recuperado un 25% en el último mes, frente al 24% del Eurostoxx50, y el 27% del Ibex.35.

El repunte generalizado en los precios de los commodities podría reflejar un cambio en la tendencia de las condiciones económicas dentro del escenario mundial. Así, en mayo la cotización de estos productos aumentó 11 por ciento en términos intermensuales, siendo la cotización del petróleo la que reportó la mayor subida mensual (27.3 %), seguido de la soja (subidas del 13 %) y el trigo (12 %).

En la nueva senda alcista de los productos agrícolas no sólo influye la recuperación del petróleo
En la nueva senda alcista de los productos agrícolas no sólo influye la recuperación del petróleo, sino que también juegan algunos factores coyunturales, como las malas condiciones climáticas (sequías, falta de humedad y bajas temperaturas) que se registraron en las principales zonas productoras del mundo y el regreso de la especulación de la mano de los fondos de inversión.

Final del rally alcista: Los inversores han empezado a sentir el vértigo de la altura y a cuestionarse el estado de solvencia de las compañías, dado el elevado endeudamiento de las mismas que superan en algunos casos el 200% en relación a su valor añadido en el 2.009. Así, las sociedades cotizadas en las Bolsas españolas tendrían unos compromisos financieros de 276.532 millones de euros, (lo que supone 3,1 veces el beneficio bruto que van a obtener este ejercicio) y se espera que bajará el porcentaje de los resultados empresariales que se destinarán a dividendos así como el número de empresas que repartirán el mismo.

Posible crash bursátil en el último trimestre del 2009: La continuación de la inestabilidad del sistema financiero hará que las entidades financieras necesiten más requerimientos de capital (estimándose un monto de más de 850.000 millones de dólares estadounidenses), debido a la existencia de activos tóxicos que deberán ser comprados por los bad banks (bancos malos) o continuar con el goteo de intervenciones bancarias, prácticas que en ambos casos suponen una pérdida de la libre competitividad. y que podrían agudizar el riesgo de estancamiento de la crisis económica en EEUU.

Asimismo, no sería descartable la subida de tipos de interés por parte de la FED, BCE y demás Bancos Centrales para el segundo semestre del 2009 (entre 0.5 y 1 punto) motivada por el hecho de que los diferenciales de rentabilidad entre las emisiones de deuda pública entre los diversos países del primer mundo han aumentado en los últimos meses, (lo que conlleva un encarecimiento y mayores dificultades para obtener financiación exterior) y el riesgo de un posible escenario de deflación provocado por la severa contracción del consumo interno provocada por el hundimiento de los precios del petróleo y de los alimentos básicos durante el 2008 y primer trimestre del 2009. Dicha subida, tendría un inmediato impacto en hipotecas y préstamos bancarios, consiguiente asfixia económica de amplias capas sociales y un dramático aumento de la morosidad y los embargos de viviendas y locales comerciales y aunada con el repunte de los precios del crudo podría dar lugar a episodios de estanflación y producir un nuevo crash bursátil.

El estallido de la burbuja bursátil  tendría como efectos benéficos al obligar a las compañías a redefinir estrategias, ajustar estructuras, restaurar sus finanzas y restablecer su crédito ante el mercado (como ocurrió en la crisis bursátil del 2000-2002) y como daños colaterales la ruina de millones de pequeños inversores todavía deslumbrados por las luces de la estratosfera, la inanición financiera de las empresas y el consecuente efecto dominó en la declaración de quiebras y la brutal reestructuración de sectores básicos de la economía (con incrementos de las tasas de paro hasta niveles desconocidos desde la época de la II Guerra mundial) y la Continuación de la Recesión económica hasta el segundo semestre del 2.011.

 

 

 

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