Sábado 10 de diciembre de 2016,
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Anna Hernández Bonancia, el catalán y el Estatut

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La esposa del President lo tiene claro, sus hijas van al Colegio Alemán (el más prestigioso y caro de Barcelona) porque el catalán fuera de Cataluña no sirve para nada

Su marido se desgañita, y hasta en puro teatro se enfada contra el españolismo, y su mujer, agobiada por sus 11, 14 o 17 cargos, suelta las verdades de Perogrullo, ¡y en su Tele!, ¡ante los forofos de la Çeba! ¡Un tesoro, la abogada esposa de José Montilla y militante del PSC desde 1979!

Sobre el Estatut no soltó genialidades, al estilo de sus socios de Gobierno que advierten amenazantes…

ERC advierte: la sentencia del Estatuto, el problema institucional más importante en 30 años

“El catalanismo sigue con su escalada preventiva frente a la posible sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña que, de suponer un recorte al texto aprobado, se convertiría, según ERC, en “el problema político e institucional más importante en 30 años de democracia”.”

Deberán recomponer a su gusto el Tribunal Constitucional para que la sentencia sea mágica y cuadre

… de lo que se deduce que la clase política de Cataluña vive autista en su burguesa y rentable burbuja, un poco agobiados por el vencimiento de créditos que se han de renovar hasta el infinito, pero sin ceder a ninguno de sus inmensos sueldos y chollos.

Deberán recomponer a su gusto el Tribunal Constitucional para que la sentencia sea mágica y cuadre cual la de RUMASA o la del Consorcio, que si algún letrado la entiende, y me la traduce, contribuirá a mi paz intelectual y con su profesión. Leer la sentencia en La gran corrupción, si los troyanos y censura lo permiten.

En cuanto al ‘catalán’, no servirá fuera de Cataluña, pero en la de Jordi Pujol, suspendió a un catalán de mi familia, después de tres años de ejercer como ingeniero superior (con la mayor parte de sus programas en inglés, y con catalán oral y académico más que aceptable) en unas restringidas oposiciones para los once contratados que hacía tres años desarrollaban con tanta satisfacción su profesión, que sus jefes directos (de uno de los tantos entes autónomos) quizá ofendidos por la iniquidad, le propusieron renovar el contrato.

El ingeniero se fue de Cataluña (su capacidad y especialidad se lo permitía), donde ejerce desde hace años, olvidado y hasta agradecido de la fascista, racista, o como quieran calificarla, actuación.

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