Miércoles 28 de septiembre de 2016,
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Antonio Romero: “Todo lo que toca López Caro lo estropea”

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OPINIÓN / Parece inevitable que el periodismo deportivo español recuerde cada vez más a la peor prensa del corazón

La opinión de garrafón, el chismorreo, la puñalada trapera y el mal aliento están emparentando cada vez más ambos mundos.

Pedir a estas alturas de la película que alguien edite en España una publicación deportiva con un mínimo de calidad es una quimera; los empresarios están para ganar dinero, y el buen periodismo deportivo sólo generaría pérdidas. La prensa deportiva lleva amamantando durante décadas un forofismo onanista y bipolar, que convierte en pesadilla cualquier sueño de traer el siglo XXI a la prensa deportiva.

La prensa deportiva lleva amamantando durante décadas un forofismo onanista y bipolar, que convierte en pesadilla cualquier sueño de traer el siglo XXI a la prensa deportiva

Antonio Romero es uno de esos ‘periodistas’ que, jornada a jornada, contribuyen con tesón a darle una vuelta más de rosca a la boina del forofo nacional. Convertido en la peor versión del Mariñas tombolero, Romero exhibe sin remordimientos sus sacrificios al estimado público, sin que le tiemble la voz lo más mínimo; alimenta cariñosamente al calor de sus vísceras una lista de filias y de fobias que vertebran su catecismo deportivo. Y cada vez que saca la mano a pasear, alguien tiene que ir a recoger la cabeza al fregadero.

Esta vez le ha tocado a López Caro, el actual Secretario Técnico que dirige la selección sub-21 de fútbol. Si en anteriores reseñas me había fijado en su ensañamiento con Royston Drenthe, hoy traigo hasta aquí otro de esos ataques irracionales, indocumentados e intolerables de Romero.

Durante la retransmisión que hizo Carrusel Deportivo del partido Tenerife – Real Madrid, del 27 de febrero, Romero cerró un pequeño debate sobre la última convocatoria de López Caro con el siguiente comentario: “Todo lo que toca López Caro lo estropea”. Así son los francotiradores; ni el más mínimo rastro de duda, ni la más mínima concesión a la víctima. Se apunta y se dispara. Ya está.

Después de la detonación no se escuchó nada más de boca de Romero sobre el tema. El trabajo ya estaba hecho. Y ya que antes de la ejecución no se había oído rastro alguno de los cargos que se presentaban contra López Caro, esperaba, al menos, que hubiera alguna justificación final. Algo que borrara esa asquerosa sensación que transmiten los que primero atizan y luego preguntan. Pero nada, ni rastro. No dio ni un solo dato, ni un solo ejemplo, ni una página web que llevarse a la boca, ni bibliografía. Nada. Allí yacía el cuerpo profesional sin vida de López Caro sin que nadie conociera ni uno solo de los porqués. Puede que los matones no los necesiten, pero si los que dan trabajo a los matones tampoco los piden, entonces es que hay algo que estamos haciendo muy mal.

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