Miércoles 07 de diciembre de 2016,
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Arroz a banda urbano

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El arroz a banda urbano, listo para comer

No hay excusas ni de tiempo ni de infraestructura para que un urbanita treintañero no sea capaz de cocinar este plato en su piso de 30m2

Nos escudamos habitualmente en ‘la vida moderna’ o en el ‘estrés de la ciudad’ para justificar nuestra pereza ante los fogones, cosa que sin duda aprovechan bien las marcas de gran consumo para quedarse con pequeñitas (o no) porciones de nuestro dinero a cambio de tiempo, dicen. Aunque yo más bien insistiría en lo de la pereza.

Hace ya unos años lo intenté demostrar grabando unos divertidos vídeos con mis compañeros de piso, Toni y Christian. Nuestras Recetas Mileuristas creo que sirvieron (y entretuvieron) a mucha gente, a tenor de su éxito en Youtube. Hoy me propongo algo mucho menos ambicioso (todavía). Solo demostrar que cualquier inepto treintañero urbanita como yo, sin la ayuda de nadie, puede cocinar algo a priori tan fuera de su alcance como un arroz a banda.

En este caso, vamos a perpetrar este magnífico plato alicantino en este ambiente claramente hostil a la delicadeza mediterránea:

  • Piso de 31 m2 en el centro-centro de Madrid.
  • Cocina minúscula que en realidad es una de las paredes del comedor.
  • Placa vitrocerámica de solo dos fuegos.
  • Una sartén normal y corriente con mango. Cuanto más grande y plana sea, mejor. Todos los arroces secos a fuego (no horno) siempre salen mejor cuando la capa final es más fina.
  • 30 minutos de tiempo máximo desde el momento de la decisión de cocinar hasta la primera cucharada en la boca.

Y tan sólo vamos a necesitar lo siguiente (para 1 persona, claro):

  • Gambas peladas congeladas (en este caso una marca blanca de 3,5 euros 400g, echamos 1/4 el paquete).
  • Un medallón de merluza (en este caso también congelado, se venden en bolsas de 6 o 7 por 4 euros. Si se dispone de una economía algo boyante, se recomienda sustituir la merluza por sepia y calamares).
  • Caldo de pescado. Lo suyo es hacerlo, pero requiere antelación y no hay que olvidar que un urbanita treintaañero que vive solo anda muy escaso de ese don. En este caso aquí invertimos y compramos el mejor del lineal. Usaremos un vaso y medio (el resto, lo congelamos).
  • Pimiento rojo fresco.
  • Un tomate.
  • Aceite de Oliva Virgen Extra (hay que usarlo para todo, en esto es en lo último que hay que ahorrar).
  • Arroz (bomba mejor porque absorbe más caldo, pero este arroz es más caro que el redondo tradicional. Jamás usar arroz alargado y mucho menos vaporizado o que se venda como que ‘no se pasa’ porque no absorbe ni la mitad de gusto del caldo que el otro).
Nuestro plato, ya con el caldo y el arroz engordando de él

Procedemos:

Se desmigaja la merluza descongelada y se sofríe con las gambas, que se descongelan en 1 minuto bajo el agua del grifo. Se deben sofreír que queden como si te las fueras a comer directamente. Se le echa el pimiento cortado a tiras y se sofríe también, y por último el tomate rallado y se sofríe también. El tomate se echa lo último porque es lo primero que se quema. Si tenemos un poco de ñora seca a mano (difícil, ya), la echamos también. Antes de que el tomate se queme, echamos el arroz. Se da un par de vueltas y se echa el caldo entre 2 y 3 veces el volumen del arroz. Para una persona medio vaso normal de arroz y uno y medio de caldo. Se deja cocer hasta que el arroz se seque. Cuando termine (más vale que nos quede ‘durito’ que pasado), apagamos el fuego y tapamos la sartén con la portada de el periódico de cabecera del cocinero (lástima que ya no vaya a ser nunca más la de ‘Público’). Reposa 5 minutos y a comer.

Ya ven ustedes qué fácil es ir diciendo por ahí que sabes hacer arroz a banda, para después acabar de pasmar a tus amistades urbanitas y alérgicas a la mancha de cocina cuando les confirmas que esto lo has hecho en tu casa, esa que parece la jaula de un hamster.

Otro día, si les ha gustado esta historia culinaria post-postmoderna, quizá les traiga la de la paella. Sí, en las mismas condiciones. Pero eso sí, no apta para entre semana, ya que requiere más tiempo (aunque la dificultad es similar).

Y recuerden: un arroz “que no se pasa”, no es arroz. Podemos comer genuinamente sin sucedáneos y de forma fácil y barata. Anímense.

 

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Sobre el autor

Periodista y emprendedor social. Co-fundador de Bottup.

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