Jueves 27 de marzo de 2014,
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Atenas: antigua ciudad del pensamiento

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Es considerada la cuna de la democracia

Es considerada la cuna de la democracia

Atenas es una ciudad de contrastes, una urbe en la que se entremezcla lo nuevo y lo viejo, donde se nos recuerda que allí nació el pensamiento

Sobre todo por humanidad, pero también por todo aquello que la cultura helena ha hecho por intentar construir un mundo mejor, el pueblo griego no merece el negro futuro al que el neoliberalismo brutal y salvaje lo está abocando. Así pues, este artículo es como un pequeño homenaje a ese pueblo que hace miles de años nos iluminó con su filosofía y con su firme apuesta por el ser humano.

Recuerdo que hace ya una década, cuando visité Atenas, no sólo fueron sus monumentos milenarios los que llamaron mi atención, sino también sus gentes y su ancestral cultura.

Sus gentes, en general, son sencillas, sin esas pretensiones de riqueza que acostumbran a tener las sociedades muy industrializadas

El mar Egeo es un mar cálido, como sus moradores, con un azul intenso hermanado con un sol casi perpetuo. Sus gentes, en general, son sencillas, sin esas pretensiones de riqueza que acostumbran a tener las sociedades muy industrializadas. Hay alegría en la calle, incluso en su mayor ciudad, Atenas. Ésta, que como todos deben saber es la capital de Grecia, no sería nada sin su Acrópolis y sus habitantes. Los barrios de Plaka y Monastiraki, al pie de la Montaña Sagrada, están llenos de vida, con camareros convenciendo a los turistas despistados para que se sienten en sus mesas a degustar su mousaka; con vendedores ambulantes ofreciéndote colonias de marca a precios irrisorios mezclados con viejecitas de luto con su pañuelo en la cabeza, y con un trasiego constante de gente que te sugiere cualquier cosa menos aburrimiento. La actividad es constante y su bullicio permanente. Por las avenidas que conectan la plaza Omonia con la de Sintagma, la actividad es frenética; el caos organizado en que se convierten sus calles te permite apreciar desde ciclomotores asfixiados por el peso de sus tres ocupantes, hasta turistas medio deshidratados por el calor en busca de un taxi que los devuelva a la ‘tranquilidad’ de su hotel. Es maravilloso contemplar la ciudad desde el monte Licabeto, con la visión perfecta de la Acrópolis que lo preside todo, que le da magia y personalidad propia a la ciudad, y que la convierte en algo único y espectacular.

Pero lo más fascinante de esta ciudad es su historia, sus grandes pensadores, sus ideas basadas más en el hombre que en los dioses. Me explicaron que las columnas del Partenón no son completamente simétricas, y que ello no se debía a un error de cálculo, sino a una pretensión de asemejarse a la naturaleza, a resaltar lo bello de nuestra realidad, y a no pretender llegar a esa perfección imposible que nos asemeje a un dios, sino a intentar que los dioses acepten nuestra naturaleza como humanos y traten así de ayudarnos para resaltar nuestras virtudes. La sociedad griega se basaba en el hombre y en su deseo de organizar el caos para el bien común.

Perikles nos enseñó siglos atrás que los dirigentes han de vivir por y para el pueblo. Su democracia quedó en el olvido durante milenios por esa falta de una conciencia colectiva de bienestar

Perikles nos enseñó siglos atrás que los dirigentes han de vivir por y para el pueblo. Su democracia de hace miles de años quedó en el olvido durante milenios por esa falta de una conciencia colectiva de bienestar. Grecia nos enseñó las virtudes del hombre, pero no se defendió de sus ‘maldades’. El hombre es individualista y egoísta por naturaleza, pero probablemente no por maldad, sino por supervivencia. Particularmente pienso que el problema viene cuando no se controla ese egoísmo, ese deseo desmedido de ser más que el otro, sin querer entender que el resto del mundo necesita lo mismo que nosotros. Creo que llegar a ese equilibrio es lo que intentó Perikles, pero quizá pecó de benevolencia al pensar que el resto del mundo intentaría profundizar también en el pensamiento antes que obcecarse tan sólo en su propio y único bienestar.

Así pues, y si tienen ocasión, no dejen de visitar esta sugerente ciudad que aúna, como ninguna otra, la herencia del pasado con la modernidad actual y, también, la cultura milenaria con el sentir pausado y relajado de las gentes del sur. Sin duda, todo un regalo para nuestro propio interior.

Víctor J. Maicas es escritor

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Sobre el autor

Viajero incansable y escritor, mis novelas publicadas son “La playa de Rebeca”, “La República dependiente de Mavisaj”,“Año 2112. El mundo de Godal” y "Mario y el reflejo de la luz sobre la oscuridad". Son, principalmente, novelas comprometidas y de crítica social. Además, he escrito artículos para la prensa escrita así como también para diferentes publicaciones digitales. En la actualidad soy miembro del Consell de Cultura de la ugt-pv y socio o colaborador de diferentes ONG’s

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