Sábado 21 de octubre de 2017,
Bottup.com

Atenco, el otro cinco de mayo

1 punto2 puntos3 puntos4 puntos5 puntos6 puntos7 puntos8 puntos9 puntos10 puntos (Valora el artículo)

Image

Crónica de la revuelta y represión en esta ciudad mexicana a dos años de los hechos

Cententares de atenquenses se enfrentaron a la policía para resistirse a que les exporpiaran sus tierras para construir un aeropuerto alternativo al de Ciudad de México

Image
S. Salvador de Atenco está en el área metropolitana de Ciudad de Mexico (haz clic)

El 5 de mayo de 2006, en medio del ataque mediático y la
descalificación por parte de distintos actores de la escena política,
adherentes de la Otra Campaña decidieron retomar pacíficamente
San Salvador Atenco a pesar de la indudable amenaza de que serían
reprimidas y reprimidos, como sucedió con sus compañeras y compañeros,
quienes habían ido a solidarizarse con el Frente de Pueblos en Defensa
de la Tierra (FPDT) un día antes.

Dos años después, la impunidad sigue
imperando en México en este y otros casos; pero no se camina sola:
siguiéndole los pasos muy de cerca, la dignidad de quienes abajo y a la
izquierda han decidido ponerle fin no deja de pisarle callos y talones.


 Vídeos de los disturbios vividos el 5 de mayo de 2006 en San Salvador de Atenco.

Han pasado dos años, 750 días con todo y sus noches; aún
así, el tufo a impunidad que se respiraba en el aire aquella mañana del 5 de
mayo de 2006 persiste en su intención de dejarnos claro “quien manda aquí”. Aunque
no muy bien lo consigue.

Sí, hablo de la mañana del 5 de mayo. No la del 11 de julio
de 2002, cuando al menos un millar de elementos de la Fuerza de Acción y Reacción
Inmediata (FARI) mexiquense se enfrentaron contra unos cien ejidatarios del Frente
de Pueblos en Defensa de la
Tierra
(FPDT) que resistían la intentona gubernamental
foxista de expropiar sus tierras, a razón de 7 pesos el metro cuadrado, para
construir un aeropuerto alterno al de la Ciudad de México; lo que dio por resultado
decenas de detenidos y heridos, así como la muerte, dos semanas después, de
José Enrique Espinoza Juárez.

Ni siquiera la del 7 de marzo de 2006, cuando el
candidato panista a la
Presidencia
de la República, Felipe Calderón, también conocido como
Felipe Franco Pinochet, declaraba arrogante su intención de reintentar el
despojo que su predecesor no pudo llevar a cabo cuatro años atrás: “que sean
los expertos y no los machetes los que determinen la construcción [del
aeropuerto metropolitano]”.

Tampoco la del 21 de abril, un día después del ataque de
policías y ganaderos en contra de horticultores y floricultores del Mercado
Belisario Domínguez, donde también fueron golpeadas y golpeados decenas de
mujeres y ancianos. Ni la madrugada del 3 de mayo de ése 2006 cuando, tras una
mesa de diálogo con “autoridades” del ayuntamiento perredista de Texcoco que en
la víspera habían asegurado el permiso para la venta de sus flores ése día de la
Santa
Cruz
en el mercado municipal, las y
los floricultores serían desalojados con lujo de violencia; telón de boca que
daría paso a los enfrentamientos en la carretera federal Texcoco-Lechería cuyas
imágenes le darían la vuelta al mundo en 80 kilobytes, convirtiéndose en un
muestrario cada vez menos extraño de la insensatez y la estulticia gubernamentales
y de los medios electrónicos de dizque comunicación en México.

Es más, ni siquiera la de aquella dolorosa mañana del 4 de
mayo en que, azuzados mediáticamente y con la venia del enano político que unos
meses después arribaría al poder por causa y efecto de un fraude electoral, los
funcionarios desfuncionales de los gobiernos del Estado de México, priísta, y
de la Secretaría
de Seguridad Pública (SSP) federal, panista, iniciaron el operativo de
represalia con que se cobraron la herida recibida en su orgullo de militares
vestidos de policías el día anterior, arrasando con todo y contra todos en
Atenco.

Todavía recuerdo, como si hubiera sido ayer, el timbre del teléfono
sonando durante horas hasta convertirse en una copia barata de las trompetas que
supuestamente harán sonar los ángeles del Apocalipsis, dejando escurrir las
cifras de cientos de compañeras y compañeros de la Otra Campaña
perseguidos, arrestados, golpeados, secuestrados y torturados con agresiones
físicas, verbales, psicológicas y violaciones sexuales a manos de quienes se
dicen “guardianes del orden”.

No, prefiero hablar de la mañana del 5 de mayo de 2006; ésa
en la que el país amaneció siendo uno muy otro. Los enfrentamientos de las
últimas 48 horas; las detenciones, entre otros, de Ignacio del Valle y el
asesinato del casi niño Javier Cortés Santiago el día 3; así como los
allanamientos y detenciones ilegales, ejemplares en su bestialidad, del día 4;
habían cerrado la puerta al México que en 1997 y 2000 celebraba, con los
triunfos de la oposición en la
Ciudad
de México y el Gobierno federal, respectivamente, la
supuesta entrada a la lista de los países democráticos del planeta tras la
expulsión del Partido Revolucionario Institucional (PRI) de Los Pinos.

Sin
embargo, los hechos, que como siempre suelen ser más testarudos que los dichos,
terminaron por mostrar en toda su crudeza la calaña de quienes por un lado del
espectro político, bajo las siglas del Partido Acción Nacional (PAN), se habían
autoproclamado los paladines del progreso y la democracia a lo largo de 67 años,
y de quienes por el otro, con el nombre de Partido de la Revolución Democrática
(PRD), se jactaban de representar desde 1989 lo más granado de la izquierda
partidista: resultaron tan antidemocráticos y represivos como la triste y
largamente célebre “dictadura perfecta” (Vargas Llosa, dixit) del PRI.

La brutalidad manifestada en San Salvador Atenco había
puesto a cada quien en su lugar: el candidato del PRI, famoso por hacer fraudes
hasta en maratones internacionales, felicitó al gobernador de su partido en el
Estado de México, Enrique Peña Nieto, por la violenta solución; el del PAN
defendió el revanchismo del gobierno federal blanquiazul y dijo que de estar en
semejante situación él hubiera hecho lo mismo, y el del PRD, más preocupado por
los 10 puntos que decía llevar de ventaja en las encuestas, apenas alcanzó a
condenar la violencia “viniera de quien viniera”, pero ya no pudo, quizás
porque no quiso, señalar siquiera la protagonizada por el alcalde texcocano, de
su propio partido, en contra del FPDT: “no tenemos nada que ver en este asunto,
en este conflicto. Éste es un grupo que ha manifestado no estar de acuerdo con
nosotros”.

A tono con las voces cantantes del circo electoral, esa
mañana los grandes electores: los medios de comunicación se dieron a la tarea
de denostar al FPDT, a la Otra Campaña,
al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y a su jefe militar y
vocero: el subcomandante Marcos; adherentes todos de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, emitida en
junio de 2005 por la organización insurgente.

En la mayoría de los programas de
radio, los noticieros de las dos cadenas de televisión que tienen acaparado el
espectro radioeléctrico y la prensa escrita se daba cuenta de la “valentía” y
coordinación con que los soldados disfrazados de agentes estatales y federales
de seguridad pública habían “recuperado el control” de la plaza, “liberado” a
los “policías” retenidos la noche del 3 de mayo y garantizado la “vuelta de la
paz y el orden”: habían hablado los expertos, no los machetes.

El diario La
Jornada
, que se había mantenido relativamente distante de la Otra Campaña debido a los
señalamientos que el zapatismo le ha hecho al lopezobradorismo salvo por la
cobertura que hasta la fecha hacen Hermann Bellinghausen y Gloria Muñoz
Ramírez, se comprometió mucho más y dio muestras de que “valentía”, que “recuperación
del control”, que “liberación de policías” y que “regreso de la paz y el orden”
se trataba: toletiza al trabajador jubilado telefonista Jorge Salinas; vejación
a una mujer indígena, que después supimos era doña Magdalena García; cateos sin
órden judicial y destrozos en bienes inmuebles; secuestro, más que arresto, de
218 hombres y mujeres, la mayoría de ellas, 30 de 47, violadas sexualmente como
método de tortura; la fractura craneal con exposición de masa encefálica de
Alexis Benhumea, causada por el impacto de una lata de gas lacrimógeno, que
luego le causaría la muerte porque los militares impidieron la llegada de una
ambulancia y detuvieron al médico que pretendió ayudarlo, o la detención y
posterior expulsión de las españolas María Sostres y Cristina Valls, la alemana
Samanta Dietmar, la chilena Valentina Palma y el chileno Mario Aguirre.

También ésa mañana, el matutino Detrás de la Noticia, conducido por
Ricardo Rocha, difundía las declaraciones del excomisionado de la ASE, el vicealmirante Wilfrido
Robledo Madrid, quien estando al frente de la PFP tuvo que renunciar por acusaciones de
malversación de fondos y uso indebido de atribuciones y facultades, de que sus
fuerzas no abandonarían San Salvador Atenco sino hasta “garantizar que la paz
quedara totalmente reestablecida”.

El  capitán
de fragata José Antonio Villanueva Lira, jefe de la subsección del servicio
militar nacional de la Armada
de México, no se quedaría atrás: ése mismo día manifestaría en el marco de la
ceremonia de jura de bandera de 150 jóvenes conscriptos que “los recientes
acontecimientos de violencia y enfrentamiento entre actores sociales y
autoridades del gobierno son hechos aislados de gente protagonista que quiere
figurar en los escenarios políticos y sociales” y, tras morderse la lengua,
como luego se dice, aseguró que los jóvenes preparados en la Armada “estarían listos” de
ser requeridos por el Estado mexicano. ¡Oh, sempiterno 5 de mayo que convocas a
que las armas de la Patria
quieran vestirse de gloria!.. aunque sea reprimiendo movimientos sociales.

Así, cual paráfrasis de aquél 5 de mayo de 1862 en que las
tropas invasoras francesas y los conservadores mexicanos que las apoyaban eran
derrotadas por los liberales al mando de Ignacio Zaragoza en la Heroica, hoy Preciosa,
Puebla, los bandos se habían establecido claramente: de un lado, el de los
invasores, las fuerzas armadas estatales y federales priístas y panistas, defensoras
del derecho neoliberal de despojar tierras a comunidades y pueblos, la mayoría
de los medios de comunicación extendiendo sus tentáculos y mostrando sus
pulgares hacia abajo y los candidatos a la Presidencia, ya
felicitando, ya guardando un silencio cómplice.

Del otro lado, los herederos de
Numancia: las y los pobladores de San Salvador Atenco, el FPDT, las y los
adherentes de la Otra Campaña
que cumplían el primero de hasta ahora 750 días presas y presos sin prueba de
delito alguno, y los cientos al principio y después miles de adherentes que ése
mismo día nos alistábamos para recuperar, nosotros sí, Atenco.

La tarde del 5 de mayo de 2006, la marcha encabezada por el delegado
zero
de la Comisión Sexta
del EZLN, el subcomandante Marcos, y los contingentes de estudiantes de la UACh, el IPN, la UNAM y la UAM, llegaba al zócalo de
Texcoco sumando poco más de 4.000 personas, el doble de quienes habíamos salido
de Chapingo.

Cuando llegamos a la entrada de San Salvador Atenco, unos minutos
antes de que comenzara a oscurecer, éramos ya unas 7.000 personas esperando,
sin más armas que la razón y la dignidad, el encontronazo con los agentes de la ASE y la PFP quienes a decir de Robledo
Madrid no se retirarían de Atenco sino hasta el 6 ó 7 de mayo; pero, cuando la
marcha llegó a la plaza de armas, frente a la Casa de Cultura donde decenas de compañeras y
compañeros como la enfermera Edith Rosales fueron golpeados y detenidos, no se
veía ni un solo militar, ni siquiera a la policía municipal.

Poco más de tres horas duró el recorrido que terminó con un
mitin frente al Auditorio Emiliano Zapata y que se vio coronado por los
comunicados de Gloria Arenas, detenida en el penal de Chiconautla, Ecatepec, y
de América del Valle, a quien las policías estatales y federales buscan hasta
por debajo de las piedras. La cereza en el pastel la pondría Marcos al mostrar
algunos cartuchos calibre 38, vacíos unos, sin percutir otros; “si revisan
–invitaba el delegado zero– verán que son de la misma marca y el mismo calibre
que usa la policía del Estado de México”. Como respuesta, el grito de
“¡Asesinos! ¡Asesinos!” se iría haciendo unánime hasta retumbar en el centro de
Atenco.

En la legislación mexicana se considera un delito incitar a
la rebelión y a la desestabilización del Estado y sus instituciones. Por lo
tanto, el perredista Nazario Gutiérrez Martínez, alcalde de Texcoco; los
priístas Enrique Peña Nieto y Humberto Benítez Treviño, gobernador y secretario
de Gobierno del Estado de México; el panista Vicente Fox Quezada, expresidente
de México; los señores Roberto Madrazo, Felipe Calderón y Andrés Manuel López
Obrador, excandidatos presidenciales del PRI, PAN y PRD; los militares Wilfrido
Robledo Madrid y Ardelio Vargas Fosado, entonces mandos superiores de la ASE mexiquense y la PFP; el abogado Eduardo
Medina-Mora Icaza, extitular de la
SSP
federal y posteriormente, premiado por el gobierno (sic)
calderonista, procurador General de Justicia, y, finalmente, los empresarios Emilio
Azcárraga Jean y Ricardo Salinas Pliego, dueños de Televisa y TvAzteca,
respectivamente, junto con los conductores y conductoras de sus noticieros, son
responsables de instar a la desestabilización del Estado y sus instituciones.

Lo son al no cumplir su palabra empeñada en las mesas de diálogo con floricultores de
Texcoco e integrantes del FPDT; al insistir en despojar a los pueblos
aglutinados en el FPDT de sus tierras, en nombre de proyectos que velan por las
ganancias de los particulares por encima del derecho colectivo de las
comunidades; al saludar el uso gubernamental de la violencia o bien guardar
silencio por ello siendo líderes de opinión en sus partidos, dando así un
espaldarazo a la impunidad; al dar carta abierta a sus subalternos para que
cometieran toda la gama de atropellos que desearan, incluyendo la violación
sexual contra mujeres como botín de guerra; al echar mano de los aparatos de
justicia para condenar hasta por más de 67 años de prisión a luchadores
sociales, como represalia política; al emplear concesiones del espectro
radioeléctrico para fustigar a las fuerzas armadas en el uso de la violencia en
contra de los movimientos sociales, y al no dejar a los pueblos y comunidades
otra salida que la rebelión, como medida de defensa frente a un gobierno que desde
todos sus niveles y poderes apuesta por la razón de la fuerza porque carece de
la fuerza de la razón.

Dos años después

Dos años después, los asesinatos y las violaciones siguen
impunes, ni uno sólo de los agentes que intervinieron en los atropellos ha sido
consignado, la mayoría de los funcionarios públicos continúan en sus cargos y
los que no, o han renunciado librándose de acusaciones en su contra, o hasta
han sido premiados por el gobierno de facto panista, el cual, dicho sea de
paso, ha vuelto a proponer la construcción del aeropuerto en Texcoco con el
beneplácito del gobernador priísta del Estado de México y el jefe de gobierno
perredista de la Ciudad
de México.

Poco a poco, y gracias al oficio de sus incansables abogados, las y
los luchadores sociales detenidos en Atenco el 4 de mayo han ido saliendo de
prisión, quedando pendientes los casos de Ignacio del Valle Medina, Héctor
Galindo Gochicoa, Felipe Álvarez Hernández, presos políticos en el penal de
alta seguridad del Altiplano, y Pedro Reyes Flores, Román Adán Ordóñez Romero,
Alejandro Pilón Zacate, Jorge Alberto Ordóñez Romero, Inés Rodolfo Cuéllar
Rivera, Narciso Arellano Hernández, Julio César Espinoza Ramírez, María
Patricia Romero Hernández, Raúl Romero Macías, Óscar Hernández Pacheco, Juan
Carlos Estrada Cruces, Arturo Sánchez Romero y Edgar Eduardo Morales Reyes,
presos políticos en la cárcel de Molino de las Flores.

Dicen que la fortaleza y la dignidad de un movimiento se
expresa en la respuesta que éste da cuando es reprimido y las y los suyos son
golpeados. La Otra Campaña,
que durante 2006 fue vista por tirios y troyanos como los grandes aguafiestas
del circo electoral, aunque sin poder real para impedir la sucesión de
acontecimientos que dieron patente de corso a la burla de la voluntad popular
expresada en las urnas porque su proyecto de nación parte de la construcción de
otras formas de hacer política, no dudó en responder en la medida de sus
fuerzas al llamado que la lucha les hacía.

Fueron a Chapingo y de allí a Atenco
la noche del 3 de mayo para ser vejadas y vejados al día siguiente y seguir
secuestrados por el poder todos estos meses; marcharon desarmadas, desarmados,
ante lo que parecía el enésimo episodio de aquél acto bárbaro de represión; han
organizado un sin de manifestaciones y mesas redondas para exigir la liberación
de sus compañeras y compañeros; se han mantenido en plantones afuera de los
penales en que aquestos han estado secuestrados e interponen una y otra vez
demandas de amparo que pongan fin al rapto de Estado, y siguen echando mano de
los medios de comunicación alternativa para levantar la voz y hacerla resonar
en otras partes del planeta.

Es verdad, la respuesta por parte de las y los adherentes de
la Sexta Declaración de la Selva Lacandona
no ha sido uniforme ni, mucho menos, masiva; pero ése 5 de mayo demostraron que
ellas y ellos no serían como quienes diciéndose de izquierdas pactan con el
poder, se toman fotos con los represores, se vuelven amigos de los despojadores
y guardan silencio ante la masacre; traicionando la memoria de los más de 500
compañeros suyos asesinados por los mismos con que ahora andan, comen y
brindan, destrozándose cuales buitres, por tener un asiento en la mesa del
poder.

{mos_sb_discuss:2}


Esta noticia concursa en el I Premio  Periodista Ciudadano en la categoría de: Denuncia



Image

¿Te gustó este artículo? Compártelo

Sobre el autor

Egresado del Centro Universitario de Teatro de la U.N.A.M. con estudios superiores en Actuación y diplomado por el Centro Morelense de las Artes en promoción y gestión cultural. Incursioné en las artes escénicas en agosto de 1990. A partir de 1993 alterné mi quehacer teatral con la promoción cultural y la docencia. Paralelamente, también desde 1993, he colaborado para diversos medios de comunicación impresos y electrónicos, y he trabajado con instituciones de defensa y promoción de derechos humanos de segunda generación.

Participa con tu comentario