Viernes 30 de septiembre de 2016,
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Aung San Suu Kyi será liberada

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El régimen militar birmano ha mantenido a Suu Kyi los últimos 20 años en arresto domiciliario, tras ganar las últimas elecciones celebradas en el país en 1990

Aung San Suu Kyi, símbolo mundial de la lucha por la libertad, será liberada el próximo 13 de noviembre, según informa AFP. Lo que el pasado 25 de enero de 2010 se tomó solo como un improbable rumor, hoy parece estar más cerca de convertirse en realidad.

Debido la dictadura militar que gobierna Birmania (rebautizada como Myanmar por la Junta), es difícil afirmar si esta noticia no será una táctica más de la Junta militar de cara a las elecciones que se celebrarán el 7 de noviembre de este mismo año. Aunque según afirman fuentes del Gobierno, el Ministro de Interior birmano, el Mayor General Maung Oo, habría comunicado en una reunión privada de dirigentes locales que Suu Kyi sería liberada en noviembre del mismo año, un mes después de las elecciones generales.

La ‘Dama’ (The Lady) como la llaman sus compatriotas birmanos, ha vivido bajo arresto domiciliario la mayor parte de los últimos veinte años, desde que su partido, la Liga Nacional por la Democracia (LND), ganara las elecciones de 1990 con un victoria abrumadora. En la actualidad vive confinada en su casa de Rangún con el teléfono intervenido y las visitas controladas.

Aunque será una ciudadana libre, Suu Kyi no podrá presentarse como candidata a los comicios que tendrán lugar en noviembre, los primeros de los últimos veinte años, por haber sido condenada por los tribunales, y haber estado casada con un ciudadano extranjero.

Suu Kyi nació en Rangún el 19 de junio de 1945, hija de Aung San, político birmano considerado como uno de los padres de la independencia de este país. ‘Bogyoke’, como se le conocía al ‘General’ Aung San, fue asesinado en 1947 por radicales, solo seis meses después de que su partido, el AFPFL, consiguiera una espectacular victoria en las elecciones de ese mismo año.

Tras diplomarse en Oxford, trabajar en la Secretaría de las Naciones Unidas y ser profesora en la India, Aung San Suu Kyi regresó a Birmania en 1988 para atender a su madre gravemente enferma, a pesar de las amenazas recibidas del gobierno militar, liderado por el dictador Ne Win. En aquellos meses pudo ver con sus propios ojos la sangrienta represión de las manifestaciones en las que el pueblo birmano protestaba contra el régimen, exigiendo la reinstauración de la democracia. Comenzó entonces a organizar un movimiento a favor de los derechos humanos y por la democracia, inspirada siempre en el ejemplo pacífico de Gandhi y sus arraigadas creencias budistas.

El Dictador Ne Win dimitiría pocos meses después del retorno de ‘La Dama’ a Rangún, aunque los militares volvieron al poder con el Golpe de Estado de Septiembre de 1988, manteniendo desde entonces a Myanmar apartada del Mundo. En julio de 1989 fue puesta bajo arresto domiciliario en Rangún. Un año más tarde, su partido político, la LND, obtuvo el 82% de los escaños en las elecciones de mayo de 1990, que se celebraron a pesar de la oposición militar. La Junta anuló los resultados y confirmó la condena de Aung San Suu Kyi, a quien le fue negado el contacto con su marido, el profesor británico Michael Aris, y sus dos hijos.

Recibió sucesivamente el Premio Thorolf Rafto de defensa de los derechos humanos y el Premio Sájarov de libertad de pensamiento. Reconocida como prisionera de conciencia por Amnistía Internacional, su sueño de que el drama birmano no cayera en el olvido fue recompensado el 14 de octubre de 1991 con el Premio Nobel de la Paz, gracias al cual dio a conocer su combate al mundo entero rechazando el exilio que se le proponía a cambio de su silencio.

En 1995, las presiones ejercidas por los Estados Unidos condujeron a su ‘liberación’ momentánea. Comenzó a dirigirse cada fin de semana a una multitud siempre atenta a su mensaje de esperanza. Sometida de nuevo a arresto domiciliario en 1996, rara vez ha podido recibir visitas, aunque consiguió enviar a las Naciones Unidas algunos mensajes grabados denunciando el empeoramiento de la situación de los derechos humanos en su país.

Uno de los capítulos más duros de esta privación de libertad, sin duda fue cuando su esposo, Michael Aris, murió de cáncer de próstata en marzo de 1999, sin volver a ver a su mujer, esperando la visa que el Gobierno birmano nunca le concedió. Otro episodio triste sucedió en abril de ese mismo año, cuando al hijo menor, Kim Htein Lin, se le permitió reunirse con su madre por unas horas en el aeropuerto de Rangún.

Suu Kyi volvió a ser detenida cuando se disponía a viajar a Mandalay en octubre de 2000, aunque fue puesta de nuevo en libertad en mayo de 2002, debido a las presiones de la comunidad internacional y de la ONU. Justo un año después sería detenida de nuevo en el norte del país, junto a otros dirigentes de su partido, tras unos duros enfrentamientos donde murieron cuatro personas.

Desde entonces se encuentra bajo arresto domiciliario, y aunque cada vez son más las voces que han pedido la liberación de Suu Kyi, es ahora, siete años después, cuando parece que el final de su tortura está un poco más cerca. Aunque, como afirmaba a AFP el analista birmano Aung Naing Oo, “cualquier liberación vendrá acompañada de condiciones y ella no será libre del todo, Birmania es una dictadura militar, la legalidad de los asuntos no importa, si ellos no quieren al final liberarla, no lo harán, así que lo creeré cuando lo vea”.

Birmania vive sometida bajo uno de los regímenes militares más feroces de la actualidad, un país aislado al exterior como se ha demostrado en los últimos años. En 2008, el ciclón Nargis ponía al descubierto las carencias de esta nación, y a un Gobierno más preocupado en preservar con hermetismo sus crímenes, que en aceptar la entrada de la ayuda internacional que la población birmana necesitaba desesperadamente. Decenas de miles de personas murieron en esta catástrofe.

Y no hace muchos meses, las imágenes de los crímenes cometidos por soldados birmanos contra pacíficos monjes budistas, que el documental nominado al Oscar en 2010 Burma VJ nos contaba, pusieron de manifiesto la represión que el pueblo birmano sufre desde 1962.

La liberación de ‘The Lady’ supondría una inyección de esperanza para que el Mundo empezara a girar en el sentido correcto. Suu Kyi es uno de los ejemplos vivientes de que una persona puede hacer que este planeta sea un lugar donde todos podamos vivir en igualdad. Una persona que la historia pondrá algún día a la altura de tantos otros nombres que nunca dejaron de creer en la bondad del ser humano. Gandhi, Nelson Mandela, Madre Teresa o Aung Suu Kyi son ejemplos de lucha y superación, de dedicación a los demás, de sacrificio por pueblos oprimidos que un día quisieron gritar ‘Libertad’.

Aung San Suu Kyi, “una mujer que aúna el compromiso profundo y la tenacidad con una visión en la que el fin y los medios forman una unidad. Y cuyos elementos básicos son la democracia, el respeto a los derechos humanos, la reconciliación entre los grupos, la no violencia y la disciplina personal y colectiva. Una admiradora de Mahatma Gandhi y de su padre. Del primero aprendió el compromiso con la paz, del segundo el convencimiento de que el liderazgo es un deber que sólo puede ejercerse con humildad, y sobre la confianza y el respeto del pueblo al que se lidera” (Extraído del discurso de entrega del Premio Nobel de la Paz 1991).

“No me gusta utilizar la palabra sacrificio. Siempre he dicho que la vida es una elección y yo he elegido implicarme en el movimiento por la democracia en Birmania. Nadie me ha forzado a hacerlo. No estaría bien decidir que vas a hacer algo y después decir: ‘Oh, cuánto estoy sacrificando’. Si te sientes así lo mejor es que no te impliques. Gran parte de nuestro pueblo ha sufrido durante esta lucha y puedo decir sin temor a equivocarme que muchísima gente ha sufrido más que yo, mucho más. No tengo ningún derecho a quejarme. Si lo hiciera no estaría siendo seria en mi compromiso“. Aung San Suu Kyi, entrevista concedida en 2003. Ver Entrevista Completa.


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