Domingo 25 de septiembre de 2016,
Bottup.com

Autoría intelectual

1 punto2 puntos3 puntos4 puntos5 puntos6 puntos7 puntos8 puntos9 puntos10 puntos (Valora el artículo)

El asesinato del menor Carlos J. P. debería hacer reflexionar a los políticos sobre sus discursos y a los medios sobre sus enfoques

Opinión

No conocía a Carlos J. No puedo hablar ni bien ni mal de él. Pero sí de lo que representa. Carlos sólo tenía 16 años, vivía con su madre y su abuela en el distrito madrileño de Vallecas. Un barrio obrero.

Seguramente iría al instituto. Saldría con sus amigos. Le gustaría alguna chica.

Carlos no se dedicaba a pegar a compañeros de clase y grabarlo en móvil.
Tampoco a rociar mendigos que duermen su desgracia en los cajeros
automáticos
El mensaje que transmiten la mayoría de medios es muy claro: “Es un asunto entre radicales,
no nos afecta”. Y olvidan así que hay un soldado del
Ejército Español capaz de llevar consigo un machete de 25 cm de filo y apuñalar en el pecho a dos jóvenes dentro del metro por
motivos ideológicos
Algunos políticos, con sus argumentos, refuerzan argumentos extremistas como los que propone el partido Democracia Nacional

Carlos no se dedicaba a lo que la mayoría de su quinta, al contrario de lo que parece a tenor de la perversa matraca mediática
en torno al cruel matrimonio entre el Bulling y las nuevas tecnologías. No se dedicaba a pegar a compañeros de clase y grabarlo en móvil. Tampoco a rociar mendigos que duermen su desgracia en los cajeros automáticos donde algunos adolescentes pijos acuden a sacar el dinero de sus padres.

Carlos sólo tenía 16 años, y no sólo no gastaba su energía en delinquir, sino que se dedicaba a apoyar a aquellos que peor lo tienen: los inmigrantes. Acudía, al parecer, no a ‘reventar’ la manifestación de los ultraderechistas, sino a apoyar la contramanifestación organizada por los mismos vecinos de Usera, barrio adyacente a la M30 donde Democracia Nacional había convocado a sus escasos -pero sin duda, peligrosísimos- seguidores.

Resulta increíble, en primer lugar, que las Delegaciones del Gobierno sigan permitiendo manifestaciones tan anticonstitucionales como ésta. Más increíble aún que la Delegada del gobierno en Madrid, Soledad Maestre, quite hierro al asunto diciendo que “no es un crimen racista porque el joven era español” (sic) y que la manifestación ultra no tuviera nada que ver “al haber ocurridode camino y no durante su transcurso” (sic.) No soy partidario de prohibir, más bien al contrario. Pero nadie podrá hacerme creer que esta gente es menos peligrosa que un manifestante convocado por HB.

En segundo lugar, me resulta profundamente deprimente observar como la mayoría de los medios de comunicación giran la vista ante un gravísimo hecho como este, incurriendo en todo tipo de inexactitudes, como decir que fue ‘una pelea entre bandas’. El mensaje que transmiten es muy claro: “Es un asunto entre radicales, no nos afecta”. Y olvidan así, alegremente, que hay un soldado del Ejército Español capaz de llevar consigo un machete de 25 cm de filo y -supuestamente- apuñalar en el pecho a dos jóvenes dentro del metro por motivos ideológicos.

Y esto me lleva a la que realmente considero ‘autora intelectual’ (ya que está tan de moda este horrible término) junto con la resonancia que les dan los medios: la clase política. Esos personajes absolutamente irresponsables, que crispan la vida diaria de millones de españoles llenando las conversaciones de palabras graves, vacías de contenido reflexivo verdadero -pero llenas de votos- como son: España, nación, bandera.

Quizá lo hagan sin darse cuenta del verdadero resultado de su discurso, pero estos políticos, con sus argumentos, refuerzan argumentos extremistas como los que propone el partido Democracia Nacional. Ellos, y sus seguidores, son un peligro para nuestra sociedad. Ellos, y sus manifestaciones, son un peligro para nuestra sociedad. Los medios y, sobre todo, los políticos, deberían tenerlo en cuenta.

Carlos no es un accidente. Es un adolescente de sólo 16 años asesinado por motivos ideológicos. El hecho de que algunos no lo hayan digerido a la ‘democratica’ y se hayan dedicado a quemar contenedores no debería ocultarnos esa verdad.

{mos_sb_discuss:2}

¿Te gustó este artículo? Compártelo

Sobre el autor

Periodista y emprendedor social. Co-fundador de Bottup.

1 comentario

  1. Anónimo 12/11/2007 en 11:12

    Estaba super claro que nadie iba a mojarse y que iban a disfrazar de altercado entre radicales todo el asunto. Y por supuesto Democracia Nacional no iba a reconocer que entre sus filas se encuentran este tipo de individuos…

    Parece que nadie le da la mayor importancia a que asesinaran a un tipo en el metro o a que un colgado se pasee con un machete por la ciudad; a eso no se le da importancia porque no son calificados de ciudadanos, son “radicales”. Lo mismo ocurre cuando muere asesinada una prostituta o un travesti, el mensaje en los medios es claro TRANQUILOS CIUDADANOS QUE ESTO SOLO LES PASA A LOS “RAROS” (leáse inmigrantes, nazis, redskins, prostitutas…) A LA GENTE NORMAL (que se calla y se somete a las normas sociales) NUNCA LES OCURREN ESTAS COSAS (solo a las mujeres maltratadas que pese a someterse…) El caso es tranquilizar y resultar alienantes.
    Y así crean dos compartimentos estanco muy reconocibles socialmente como: los que se meten en problemas y los que no… como decían las abuelas en los pueblos “algo habrá hecho”:

    nacer en Vallecas?
    apoyar a sus vecinos inmigrantes?
    tener 16 años e ir a una contramanifestación?

    Así que ya saben ciudadanos, no se metan en problemas y no les pasará nada. Eso si, si nacieron en el lugar equivocado y se sensibilizan con los problemas sociales que les rodean… entonces, y solo entonces están jodidos.

Participa con tu comentario