Sábado 01 de octubre de 2016,
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Bajo el mismo cielo

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La actual discusión sobre la sanción del la ley de matrimonio gay en Argentina, es uno de los debates más populares y polémicos de los últimos meses en la legislatura

Ya se han concretado seis casamientos homosexuales autorizados por la justicia.

Las diversas posturas se hacen escuchar en las audiencias públicas, por un lado, la posición de la Iglesia Católica que se opone a uñas y dientes a la sanción del proyecto. Su argumento se basa en que se alteraría contra los principios de la ley natural y del ordenamiento público de la sociedad argentina. “La naturaleza no discrimina cuando nos hace varón o mujer. Nuestro Código Civil no discrimina cuando exige este requisito para contraer matrimonio; sólo reconoce una realidad natural”, se afirmó el 20 de abril pasado, en la última Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina.

Por otro lado, existe un sector de la población con necesidad de ser incluida en un ambiente social capaz de garantizar los mismos derechos y obligaciones a la totalidad de sus habitantes por igual. Después de todo, amar y ser amados, también es uno de los parámetros naturales por los que se rige el ser humano. ¿Quiénes somos para impedir amor y promover diferencias?

¿Quiénes somos para impedir amor y promover diferencias?

Con respecto a la ley en vigencia, el proyecto que ahora se debate es contrario a la Constitución, reformada en 1994, que declaró de jerarquía constitucional (art. 75, 22): A la Declaración Universal de Derechos Humanos que dice: “Los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia, y disfrutarán de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en caso de disolución del matrimonio.” (…)

Yendo a la raíz de la cuestión, la expresión latina ‘matrimonium’ proviene de matrem (madre) y monium (calidad de). Por lo tanto, la palabra ‘matrimonio’ no alude más que a la condición de madre de la mujer, a la que no se puede llegar si no es a través de la unión entre parejas heterosexuales. Cuestión por la que sería lógico mencionar ‘unión civil’, en lugar de ‘matrimonio’, cuando nos referimos a parejas homosexuales.

Otro aspecto en discusión es el tema de la adopción, es cierto el hecho de que un hogar conformados por personas del mismo sexo, son igualmente capaces de brindar amor y educación a un hijo adoptivo que cualquier pareja conformada por un hombre y una mujer. Pero también es cierto, que existen estudios, como los realizados por la investigadora Patricia Morgan en su libro ‘Children As Trophies‘, editado en Los Ángeles en el 2001, donde afirma que la homoparentalidad promueve el comportamiento homosexual. Confunde roles de género y aumenta las probabilidades de problemas psicológicas serios en el futuro. Otros estudios, agregaron además la presencia de autoestima baja, estrés, dificultad para integrarse en los grupos, trastornos de conducta, y experiencias traumáticas.

Teniendo en cuenta estos aspectos, y más allá del tema de la adopción a la cual no considero esencial para la expresión de amor entre dos personas; la unión civil no deja de ser un aspecto fundamental para concretar la inclusión de un sector social que se encuentra en todo su derecho de ser considerado como corresponde. Porque nos guste o no, nacemos todos bajo el mismo cielo, con la misma libertad de amar y ser amado.

 

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1 comentario

  1. Anónimo 29/06/2010 en 11:04

    La teoría citada sobre que unos padres homosexuales promueven comportamientos homosexuales es tanto como decir que unos padres heterosexuales promueven comportamientos heterosexuales. Si somos todos iguales y luchamos por la igualdad de los derechos (suponiendo que esa teoría estrambótica fuera cierta), ¿cual es el problema de que promovieran comportamientos homosexuales? Si se reprobase, ¿se reprobaría también promover comportamientos heterosexuales?
    En qué quedamos, ¿hay o no hay discriminación?
    Hemos avanzado, pero debates tan absurdos como ese dan pistas sobre todo lo que queda por andar.
    Por otro lado, hagan una encuesta sobre la población homosexual y comprueben si sus padres eran homosexuales. Estoy segura de que el porcentaje sería infímo, entre otras cosas porque los que hoy luchan por sus derechos, nacieron en una época en la que en la mayoría de sus países tener una opción sexual diferente (y pública) conllevaba cárcel o menosprecio y aislamiento social.

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