Viernes 09 de diciembre de 2016,
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Baltasar Garzón y Luis Roldán versus Pascual Estevill y De la Rosa Vázquez

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Es difícil comprender que Roldán fuera encontrado siete meses después en un recóndito país, mientras que Antonio de la Rosa no apareció durante veinte años

Si Garzón me recuerda al ex juez Luis Pascual Estevill, mi nefasto abogado en 1980, Luis Roldán, su huida y ‘busca y captura’ en 1995, me trae a la memoria mis inútiles esfuerzos para que precisamente en ese año la Policía detuviera a Antonio de la Rosa Vázquez, que pasaba largas temporadas en Cadaqués en la residencia de verano de su hijo Javier.

Pruebas las había a cientos y en el propio sumario, sin necesidad de investigaciones

Tampoco crean, como toda la prensa difundió a su dictado, que por amor filial protegió a su padre. Si lo detenían, ese Del Barco se encargaría de culparle a él. Pruebas las había a cientos y en el propio sumario, sin necesidad de investigaciones. Ver ‘Barcelona, 30 años de corrupción’. No busquen denuncias concretas y firmadas, pronto se me complicó tanto la vida, que huí, y fui yo quien entraría en las listas de ‘busca y captura’.

Lo he escrito por activa y pasiva, pero nunca está de más para aviso de crédulos y buena gente. Por un momento, en aquel 1995 soñé en que capturado Antonio se repetiría el juicio, y ya vencido Javier, pudiera anularse mi primera sentencia en la vida, revisándose las dos siguientes. ¡Otra locura de ingenuo y lego en Derecho y más lego en la realidad de la Gran Corrupción Española! Antonio de la Rosa Vázquez seguiría gozando de su multimillonaria vida entre Barcelona, Cadaqués y Casino de Le Boulou en la Catalunya Nort. Feliz y tranquilo después de que su hijo le declarara muerto, y dos o tres años después en 1998 un tribunal prescribiera sus delitos sin necesidad de su presencia en el juzgado. Murió en la cama en su querida y estrujada ciudad en 2004 a los 86 años.

¿Cuánta Corrupción sería necesaria para que a los siete meses cogieran a Roldán en el más remoto país asiático, y en casi veinte años nadie detuviera a Antonio de la Rosa, declarado y huido culpable del desfalco en el Consorcio, padre de uno de los hombres más célebres de España, y los dos incomparablemente más ricos y ladrones que Roldán? Alguien me informó que incluso le detuvieron en la Costa Brava y le soltaron tras una intervención desde Madrid.

Antonio de la Rosa seguiría gozando de su multimillonaria vida (…) Feliz y tranquilo después de que su hijo le declarara muerto y dos o tres años después de que en 1998 un tribunal prescribiera sus delitos

Poco antes de su muerte le observé cerca de la Plaza San Gregorio Traumaturgo (donde vive Javier y él vivía con su otro hijo Antonio de la Rosa Martí, entonces contratado por la Generalitat de Jordi Pujol sin jamás aparecer) tan encorvado y deteriorado que me costó reconocerle. No tenía objeto una conversación, él ‘prescrito’ y yo en ‘busca y captura’. Tampoco fue casualidad mi encuentro con su otro hijo Carlos de la Rosa, cerca del bufete de Juan Piqué Vidal, Diagonal 612, del mismo señorial barrio barcelonés. Un agria conversación cuando ya Javier estaba encarcelado por orden de la jueza Palacios.

Y en cuanto a Garzón, al igual que Luis Pascual Estevill en 1996, se debate entre las guerras internas de sus señorías. Ya no se discute su posible inocencia sino su oculto Poder en el seno de quienes deben decidir apartarle de su cargo. Es otra de las grandes corrupciones de esta curiosa Democracia donde surgen esas estrellas, tanto en jueces, en política o finanzas, más propias de un Estado africano que de uno de Derecho, corrigiendo la excesiva ambición del individuo henchido de Poder.

Estos últimos siete meses mi presencia, tomando notas en los vacíos asientos para oyentes en el juicio por la corrupción en la Delegación de Hacienda de Barcelona, ha despertado comentarios. En la antesala el primer día nadie me saludó. Los abogados Franscesc Jufresa, Carlos Martell, y otros, me conocían perfectamente.

Ya me saludan. Una antesala animada y distendida, antítesis de la del primer día, donde apenas si hubo más saludos que los de los abogados a sus defendidos. Alguien me afirma que lo mío, los tres años preventivo en 1980, fue únicamente culpa de Luis Pascual Estevill, mi abogado.

Estos últimos siete meses mi presencia, tomando notas en los vacíos asientos para oyentes en el juicio por la corrupción en la Delegación de Hacienda de Barcelona, ha despertado comentarios

Sonrío y me callo. En la sala, en el banquillo, está quien compró a Pascual, pero tampoco es el único culpable. Me mira impertérrito con la altivez de la esfinge, sin gestos, y hasta interrumpe mis conversaciones. En definitiva Javier, depurado estafador, obró con la lógica de su personalidad, pagó a cargo del Banco Garriga Nogués ingentes cantidades para que culparan a otros, y fue la corrupción de jueces, policías, abogados y acusadores privados (el Ayuntamiento de Narcís Serra y Pascual Maragall, con Carles Güell de Senmenat, de la UCD, nuevo delegado del Estado en el Consorcio de la Zona Franca de Barcelona) quienes cumpliendo los deseos de quien pagaba, me retuvieron esos tres años, concediendo a Antonio los veinte de disfrute de lo robado junto a sus hijos y nietos. ¡Que lo siguen disfrutando, este año en yate por Formentera!

Han pasado treinta años, alguna inquietud, que no conciencia, remueve mi presencia en ese juicio… y no huiré al igual que otras veces en la vida. Por el momento, no veo a nadie siguiéndome… aunque no estoy muy seguro.

Espero continuar con la misma suerte que me ha permitido la integridad física (no todos los relacionados con Javier y su entorno han tenido esa suerte) ya que no pude gozar de la jurídica, económica y social…


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