Viernes 09 de diciembre de 2016,
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Brasil, al futuro por el presente

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De líder sindicalista a estadista internacional, Lula Da Silva ha puesto a Brasil en su lugar en el mundo y se ha convertido en el interlocutor con América Latina

Recuerdo un gag de hace muchos años de un párvulo Emilio Aragón apenas desmaquillado de Milikito en un programa que se llamaba ‘Ni en vivo ni en directo‘. En él se hacía una broma sobre un país tropical: un militarote con portugués fingido y desde un balcón animaba a la población a superar la pobreza del país trabajando, desarrollando la potencialidad, y evitando esa pereza y ese ánimo por la fiesta, el baile y la música que parecía que era el resumen de todos los males de la nación. Se arengaba un slogan altosonante con el fin de transmitirlo a la población multicolor: “Menos Samba e mais trabalhar“. Tras repetir ese lema varias veces acababa convirtiéndose en estribillo de, justamente, lo que quería evitar: el baile, la fiesta, la Samba.

Este es el mismo mensaje, sin el final chusco, es el que en una reunión reciente Lula Da Silva aportó a un auditorio internacional. Brasil ha dejado de ser un país de broma, ha dejado de ser un universo de playas infinitas, músicas agradables, futbolistas talentosos e inflación, economía débil, nula influencia e inseguridad política amenazada por las dictaduras muchas veces ‘influenciadas’ por el todopoderoso vecino del norte: EEUU.

Brasil es un país de futuro, es la superpotencia de América Latina, no una de ellas, sino la superpotencia por antonomasia, el interlocutor al cual se debe mirar para ver si tendrá o no futuro cualquier plan sobre la zona. No solo en el aspecto demográfico y de recursos energéticos, de materias primas, etc, que es evidente, si no también en el político de influencia en todos los países del ámbito e, incluso internacional, con sus acuerdos particulares con EEUU, Rusia, incluso recientemente con Irán como intermediador en el asunto del enriquecimiento de uranio. Hasta tal es el punto de influencia creciente que incluso la revista Time declara a Brasil como el único país que podría ‘sacarnos a todos de la crisis.

Brasil es un protagonista que no se puede obviar en América Latina y Lula Da Silva el factótum de este cambio. De hecho, ha sido elegido el político más influyente en el mundo en este 2010, del político populista y de barriada en un país de futbolistas y bailarinas exóticas hasta el estadista que ha puesto a Brasil en el mundo con su política social, de educación y de igualdad pero, también con su crítica acerba a las políticas que niegan el desarrollo a los países emergentes, con su presión a favor de la democracia, por ejemplo en Honduras, y con su contención al avance populista demagógico de la ola chavista (Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina en parte, Nicaragua con los abuelos Castro desde Cuba).

Es el gran aliado del patio trasero de Estados Unidos, el que parecía estar llamado al populismo antiamericano, tan común en aquellos pagos, es el gran aliado europeo e internacional por moderado, por dialogante, por influyente y por concernido de las oportunidades y riesgos del tiempo actual. Todo ello gracias al país que avanza hacia el desarrollo con ánimo y fuerza, pero no sin problemas, tan grandes como el propio Brasil, y al presidente Lula da Silva del que otros presidentes, y no quiero dar nombres, deberían aprender no solo formas de gestión, sino, incluso, modales.

Fotografía de Lula da Silva: wikipedia


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