Jueves 19 de enero de 2017,
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Bukowski y la ratonera

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La ratonera, a última hora, pierde una de sus presas

Libros. El otro lado autor
Y allí estaba el último
señuelo que cernía sobre su viejo cuello: la majadería de hacernos
creer, para ventajoso provecho de sus editores, que Bukowski sólo era
un borracho que contaba historias amenas y reales.

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Portada del libro

Cuidado con los señuelos que conducen a la trampa. La vida sólo es una
ratonera para el que quiera vestirse de ratón. Bukowski, el escritor
estadounidense, debía conocer esta premisa perfectamente. No por nada
había sobrevivido a un padre abusivo, al vagabundeo, y a los 49, cuando
todos buscan estabilidad, abandonó su fastidioso empleo en el Servicio
de Correos y se lanzó por completo a un abismo en cuyo fondo encontró
aguzadas palabras. Bukowski, por su experiencia de vida, no podía estar
vestido de ratón.

Corría 1991 y a sus 71 años ya había sobrellevado
todo tipo de señuelos. A esas alturas Bukowski era un autor de culto
que compartía amistad con Sean Penn y que, de acuerdo a las solapas de
sus libros, vivía (entre borracheras y el nuevo lujo conseguido por su
fama) de la misma forma que el eterno protagonista de sus historias,
Hank Chinaski.

Todos tenemos un flanco y nadie puede afirmar que se ha
escapado de la ratonera sino hasta el día de su muerte
Bukowski ya tiene orejas y cola de ratón cuando intuye el
peligro. Su tabla de salvación será ‘El capitán salió a comer y los
marineros tomaron el barco’

Todos tenemos un flanco y nadie puede afirmar que se ha
escapado de la ratonera sino hasta el día de su muerte. A propósito,
Bukowski no lo sabía, pero una pistola llamada leucemia lo acompañaba a
todas partes. Sus balas de leucocitos lo tumbarían para siempre en poco
tiempo más, a los 73 años. Mientras tanto escribía.

Su segunda esposa,
recientemente, le había regalado una computadora y él trabajaba con
ímpetu inusual. Por ello, en las noches creaba poesías, relatos, y una
última novela (Pulp) donde también hubo alcohol, peleas, sexo, y todo
lo que oliera al mundo de los bajos fondos. Al fin y al cabo se suponía
que ése era su hábitat y el escritor no hacía más que repetir sus
trucos ante un público de fácil aplauso. Y allí estaba el último
señuelo que cernía sobre su viejo cuello: la majadería de hacernos
creer, para ventajoso provecho de sus editores, que Bukowski sólo era
un borracho que contaba historias amenas y reales.

Bukowski ya tiene orejas y cola de ratón cuando intuye el
peligro. Su tabla de salvación será ‘El capitán salió a comer y los
marineros tomaron el barco’, diario personal (escrito entre 1991 y
1993) publicado cinco años después de su muerte. En este libro,
recomendado principalmente para los que ya conocen su prosa, el
autor  protege su cuello o, mejor aún, pone a resguardo eso que
los lectores le exigen a los escritores buenos: la sinceridad
literaria; el que el autor se quite el traje y muestre sus tripas.

Se
caen así las máscaras y tras el alcohol que siempre lo acompaña o
después de relatarnos alguna de sus aventuras en el hipódromo
descubrimos que por las noches escucha la música de Mahler. La
filosofía  y las vidas de John Fante o Hemingway, a su vez, le
sirven para apuntalar su visión de mundo. Es el escritor de carne y
huesos que confiesa los ríos en los cuales bebe.

Fue Almudena Grandes quien dijo que un escritor es
el lector que atraviesa el espejo, y Bukowski, sin traicionar a su
estilo, por primera vez se asume un habitué tanto de bares como de
bibliotecas.

Así, la ratonera, a última hora, pierde a una de
sus presas. Pero ello no es señal de su derrota, porque nuevas
generaciones de seres humanos seguiremos siendo tentadas, día a día, a
vestir un traje de roedor por el señuelo de turno.  Si no lo crees
sólo cierra los ojos y por un segundo piensa en tu trabajo, en sexo, en
alcohol, en las calorías que cuentas al consumir una manzana, en la
ansiedad, en el letargo, en tus metas o en esa imperiosa necesidad de
vértigo que a veces te invade. Y luego, cuando todo pase, intentemos no
pisarnos las colas.

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Entradilla, fotografías

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Sobre el autor

2 Comentarios

  1. Anónimo 18/06/2009 en 2:32

    Me gusto. Sigan colocando cosas de Bukowski. gracias.

  2. Anónimo 05/11/2008 en 15:17

    Bukowski y la ratonera
    Que de ratones a Bukowski, han sido muy buena razones , para destilar una bella prosa , que en breve sintetiza una vida de ese hombre de culto , que entre copa y copa luchaba por no ser raton y figurar mas bien como tigre en la manada.
    Felicitaciones al autor

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