Viernes 25 de abril de 2014,
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Camboya: arroz y corrupción

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Según el último informe de Transparencia Internacional Camboya es el 16º país más corrupto del mundo

El Banco Mundial recomienda ser más transparente a un país que ha recibido más de 1.000 millones de dólares de ayuda exterior

Camboya. Hace tan solo unos días, la organización Transparencia Internacional presentó el Informe anual de 2010 sobre el estado de la corrupción en el Mundo. Somalia ocupa el último lugar en esta lista, seguida de cerca por Myanmar y Afganistán. En el lado opuesto, Dinamarca, Nueva Zelanda y Singapur aparecen como los países más transparentes del Mundo.

Según este informe, y como era de esperar, Camboya tiene el privilegio un año más de ser denominado como uno de los países más corruptos del Mundo, ocupando el lugar 154 de un total de 178 naciones, empatado en este puesto con otros trece países, entre los que se encuentran Tajikistán o la vecina Laos. Lo que hace del país del Angkor Wat, el decimosexto país más corrupto del Mundo.

Solo unas horas después de que se publicara este informe, Camboya ha tenido una oportunidad más de mostrar al exterior una imagen diferente con la visita del Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-Moon.

Aunque como también era de esperar, los altos mandatarios camboyanos, encabezados, por supuesto, por el Primer Ministro Hun Sen, han demostrado una vez más que si Camboya está catalogado como uno de los países más corruptos del Mundo, razones hay de sobra para poder afirmarlo.

Desde hace tiempo, el juicio a los antiguos líderes de los jemeres rojos ha puesto de manifiesto el temor en las altas esferas de la sociedad camboyana, incluido el mismo Hun Sen, quien ha aprovechado la visita de Ban Ki-Moon para afirmar que no habrá tercer juicio a los jemeres rojos, alegando que la investigación de los casos 003 y 004 pueden dañar la ‘estabilidad’ del país. Un ejemplo bastante claro de intervención política en el trabajo de la justicia, con un mensaje que es bastante fácil de explicar, en España hubo una época que a esto se le llamaba ‘miedo a que tiren de la manta’.

Este anuncio de Hun Sen venía acompañado de otro igual de sorprendente. El Primer Ministro Camboyano amenazaba a Ban Ki-Moon con cerrar la oficina de Naciones Unidas en Camboya, si no se cesaba inmediatamente al director de la misma, el francés Cristophe Peschoux, acusándole de ser un portavoz del partido de la oposición. Pocas horas después, según informa el diario Phnom Penh Post, el Ministro de Información Camboyano Khieu Kanharith, afirmaba “la oficina será cerrada de cualquier forma, Hun Sen no quiere una oficina de Derechos Humanos de Naciones Unidas en el país, como muchos otros países no la tienen”. En ese mismo artículo, un portavoz del partido de la oposición quizás nos aclara las claves de esta decisión del Primer Ministro camboyano. Yim Sovann afirma “El partido en el poder y especialmente el Primer Ministro, nunca han aceptado a nadie de Naciones Unidas, la razón es clara. Ellos dicen la verdad, y todos aquellos que tienen una opinión diferente del Gobierno, son automáticamente acusados de ser portavoces de la oposición. Es ridículo”.

Todo esto estaba pasando solo días antes de la visita de la Secretaria de Estado de los Estados Unidos, Hillary Clinton, que llegó a Camboya el pasado 31 de octubre en viaje oficial.

Solo hace unos días llegó a mis manos un documento que cifra en más de mil millones de dólares la ayuda exterior a Camboya en este año 2010. Obviamente, si hablamos de corrupción, quizás después de la política, la ayuda humanitaria sea donde más deberíamos indagar, como claro ejemplo los millones de dólares que llegaron a Haití tras el terremoto, y en estos momentos cientos de personas mueren de cólera en sus calles. ¿Qué sucedería si esto pasara en cualquier ciudad de España o Estados Unidos?

Volviendo a la ayuda ‘humanitaria’ a Camboya, la cantidad de este año ha sido la mayor de la historia, superando los 950 millones que se destinaron a este país en 2009, dinero que según el Primer Ministro camboyano será destinado por completo a la ayuda de su país, considerándolo un asunto de “vida o muerte”.

Aunque como es normal en este tipo de asuntos, son muchas voces las que afirman que muchos de los fondos que se destinaron a la ayuda de este país en el último año fueron destinados a otros menesteres. Como afirman fuentes del Banco Mundial en Camboya, “el Gobierno camboyano debe de ser más transparente en lo referente a las finanzas públicas y a la explotación de los recursos naturales, tenemos pruebas de que compañías petrolíferas extranjeras están pagando sobornos para firmar acuerdos de explotación en el mar del Golfo de Tailandia”.

Carol Rodley, Embajadora de los Estados Unidos en Camboya, afirmaba el verano pasado, que Camboya “había perdido más de 500 millones de dólares al año en actividades relacionadas con la corrupción”. No es de extrañar que muchos activistas sociales no crean en las declaraciones del Primer Ministro, quien presume de los grandes avances en el país durante los 25 años que dura su mandato.

Como afirman algunas personas con las que he hablado de este asunto, y que prefiero no nombrar, el país ha mejorado, antes había guerra, ahora paz, y además ha mejorado mucho en infraestructuras. Sin embargo, en cosas más importantes que edificios de oficinas vacíos, como educación, sanidad o corrupción, Camboya sigue pareciéndose más a los años de Pol Pot que a un país del siglo XXI.

Siempre me ha llamado la atención el gran número de escuelas que existen en este país, pero sin embargo, ¿dónde están los niños? Un claro ejemplo del desarrollo que Hun Sen ha visto en estos 25 últimos años. Un país lleno de colegios, pero con una población que no sabe escribir, amplias mejoras en carreteras, pero un tercio del país vive con menos de un dólar al día, hoteles de 3.000 dólares la noche, pero barrios enteros expropiados y cientos de familias en la calle que están siendo compensadas con 300 dólares.

Y mientras tanto, países como China recompensa al Gobierno camboyano con 1.200 millones de dólares en préstamos blandos tras la deportación, el pasado diciembre, de 20 refugiados Uighur de la provincia de Xingjian, asunto que tanto la ONU como los Estados Unidos declararon en contra de las leyes internacionales para el refugiado. Quizás parte de este dinero se invierta en un futuro en el segundo edificio más alto del Mundo o quizás para construir uno de los nuevos casinos de lujo de los que se habla, pero seguro que nunca será destinado a la ayuda a las personas más desfavorecidas de este país: la gran mayoría.

Camboya, un país de mil caras, una nación de extremos, un país donde el arroz y la corrupción es el menú de cada día para todos aquellos camboyanos a lo que solamente les queda sonreír.

Fotografías: imagen 1: Transparencia Internacional; imagen 2: Heng Chivoan; imagen 3: Heng Chivoan; imagen 4: Omar Havana


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