Miércoles 28 de septiembre de 2016,
Bottup.com

Camboya, el Reino de las ‘Maravillas’

1 punto2 puntos3 puntos4 puntos5 puntos6 puntos7 puntos8 puntos9 puntos10 puntos (Valora el artículo)

 

Camboya es uno de los ‘paraísos’ perfectos para pederastas de todas nacionalidades. El aumento de turistas, la pobreza mayoritaria, la existencia de los ‘niños de la calle’ y la impunidad del país lo permiten

El 20 de noviembre de 1989 se celebró la Convención de los Derechos de los Niños: el más poderoso instrumento legal que reconoce los derechos de las niñas, niños y adolescentes. Todos los países del mundo, con excepción de Estados Unidos y Somalia, han adoptado la Convención. En la actualidad, Somalia no puede avanzar hacia la ratificación porque carece de un gobierno reconocido. Estados Unidos, por su parte, lleva a cabo exhaustivos exámenes y escrutinios de los tratados internacionales antes de incorporarlos a su legislación. La Convención define como ‘niño’ o ‘niña’ a toda persona menor de 18 años, a menos que las leyes de un determinado país reconozcan antes la mayoría de edad.

Aunque son solo dos los países que no han adoptado la Convención, el día a día de las calles de las ciudades más pobres nos deja a la luz que son muchos más los países para los que un niño sigue siendo aquella persona que puede ser intercambiada o explotada por esa ‘droga’ llamada dinero.

Podemos encuadrar en dos categorías aquellas actividades que impliquen el comercio sexual en Camboya: la explotación en establecimientos, o aquella basada en la oportunidad que ofrece la calle. La primera, normalmente es la preferida por los propios camboyanos o turistas asiáticos, más preocupados por ocultar la realidad de sus crímenes que de la propia gravedad de sus hechos. Mientras que son los turistas o expatriados occidentales quienes prefieren buscar su suerte en las calles, playas o mercados de las ciudades camboyanas.

En los últimos años, Camboya ha experimentado un gran aumento en el número de turistas y residentes extranjeros y, como no podía ser de otra forma, también en el número de pederastas. Muchas son las razones para que Camboya sea uno de los paraísos para este tipo de individuos, recordemos que un 34% de la población del país vive por debajo del umbral de la pobreza. Además, los niños cada vez están más acostumbrados a acercarse a los turistas extranjeros que cada vez visitan más el país. Es frecuente ver a muchos niños vendiendo pulseras en las puertas de los templos de Angkor, o incluso actuando como guías improvisados, lo que hace que el pederasta tenga muy fácil el acceso a su ‘presa’. Si a esto añadimos la cultura de impunidad antes estos crímenes que reina en el país, hacen que Camboya sea un paraíso seguro para que estos individuos cometan sus mayores atrocidades sin ser molestados.

Algunas Historias Reales
(Los nombres son ficticios para proteger a los menores).

Mao

“Tengo 10 años, vivía en Battambang con mi madre y seis hermanos. Mi padre murió al explotar una mina antipersona, y mi madre nunca ha trabajado. Desde que llegué a Siem Reap, recorro las calles en busca de limosna para ayudar a mi familia, donde casi todos los días esnifo pegamento para sentirme mejor. Siempre duermo en la calle, porque como no consigo el dinero que mi madre quiere, ella no me deja dormir en casa. Hace un año, una noche conocí a un extranjero en una gasolinera, quien me enseñó un billete de 20 dólares y me pidió que le acompañara a su casa, donde abusó sexualmente de mí. Le dije que sí porque quería darle el dinero a mi madre”.

Ratha

“Tengo 16 años y vivo con mi familia en las calles de Siem Reap. Mi padre murió hace años. Nunca he ido a la escuela, aunque me gustaría, pero llevo tres años usando drogas a menudo (pegamento)”. Me dice que ha mantenido relaciones sexuales con cinco o seis extranjeros por unos 10 o 20 dólares cada vez, aunque no recuerda bien el número exacto de veces, debido a que el uso continuado del pegamento ha empezado a afectar a su memoria y su salud. “Con el dinero que consigo compro comida y drogas, además recojo basura por las calles de Siem Reap”. Dice que seguirá con extranjeros porque es la forma más fácil de ganar dinero.

Un caso para estudiar y reflexionar, reportado por un cooperarte de una organización en Phnom Penh (no se identifica la organización ni el cooperarte para preservar la investigación, que continúa).

Tengo 10 años, vivía en Battambang con mi madre y seis hermanos. Mi padre murió al explotar una mina antipersona, y mi madre nunca ha trabajado. Conocí a un extranjero y le dije que sí porque quería darle el dinero a mi madre

Tres hermanos (dos niños de 14 y 12 años de edad y una niña de 9 años) estaban siendo explotados sexualmente de manera frecuente, mientras eran obligados por sus padres, dado el dinero fácil que este tipo de ‘negocio sucio’ genera. Si los niños no conseguían el dinero que los padres les exigían, al volver a casa eran golpeados. La ONG intervino en repetidas ocasiones, incluso separando a los niños de los padres, pero sin embargo, los chavales seguían volviendo al final a su casa. Eran constantemente manipulados, con frases como que el Budismo requiere que los hijos sean buenos con sus padres o haciéndoles sentir culpables por abandonar a la familia. A pesar de los esfuerzos de la organización, quienes incluso les ofrecieron la escolarización en uno de sus centros, los niños siguen en la calle arriesgando sus vidas para llevar el dinero a sus padres.

Tres historias que son solo un ejemplo de los miles de niños que son explotados todos los años en las calles de Camboya. Muchos son los lugares en Phnom Penh, donde estos ‘niños de las calles’ son buscados por sus explotadores, como las proximidades del Palacio Real, el paseo del río, los jardines, el mercado central, en las proximidades de Wat Phnom o la mayoría de los puestos callejeros de venta de comida. Pero la explotación infantil no es un problema exclusivo de la capital camboyana, las playas de Sihanoukville, o la mayoría de las estaciones de servicio de las principales ciudades, son lugares comunes donde estos seres ‘inhumanos’ se aproximan a sus víctimas.

Solo faltan cuatro horas para que muchos de los niños salgan de las habitaciones de algunos hoteles donde están siendo abusados. Las seis de la mañana es la hora, cuando los empleados de los hoteles que permiten que estos crímenes se cometan dentro de sus paredes, expulsan a los niños después de haber aceptado una comisión por su silencio. Esa será la hora cuando muchos de estos críos empezarán la jornada de trabajo, recogiendo basura por céntimos de euro, mientras que seguirán caminando las calles en busca de un futuro incierto.

El nuevo lema que el Ministerio del Turismo Camboyano ha inventado para atraer a más turistas, “Cambodia, Kingdom Of Wonder” (Camboya, el Reino de las Maravillas), sigue siendo mal interpretado por algunos desalmados, para los que Camboya no es más que el ‘Reino donde cometer sus más perversas fantasías’.

Fotografías: Omar Havana


Subtítulo y destacado

¿Te gustó este artículo? Compártelo

Sobre el autor

Participa con tu comentario