Sábado 29 de marzo de 2014,
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Carlos Olalla: “Cada vez soy más ácrata”

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ENTREVISTA / El actor Carlos Olalla contesta preguntas sobre vocación, la profesión de actor, sus últimos proyectos y sobre el compromiso político que debe tener cada ciudadano

El tema de ‘yo me voy, ahí os quedáis’ es algo que todos hemos pensado alguna vez. Cuando cerré la puerta definitivamente al mundo de la gestión de empresa para comenzar mi vida como actor, decidí cambiar, como digo en mi blog, “una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo” por “una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo”. Pero para mí lo importante era, sobre todo, quitarme la palabra jefe de mi vida, en cierta medida era una huida de un mundo que me asfixiaba. La gran ventaja es que cuando he llegado a la interpretación he dado con el paraíso con el que había soñado. Estoy perfectamente encajado en este mundillo porque he vivido todos los problemas del otro y aquí sólo veo ventajas. Creo que en mi vida me había sentido más feliz.

¿Ha buscado en la interpretación lo que Christopher McCandless en la naturaleza?

Mariasun Miquel. Kandinsky también supo abandonarlo todo para dedicarse al arte. Aunque su entrada en el cine fuese tardía, ¿su amor por la profesión viene de lejos?

Carlos Olalla. Nunca me lo había planteado, aunque me apasionaba el cine. La verdad es que en lo que sí había pensado era en estar detrás de una cámara dirigiendo. Y lo descarté porque como no me gusta mandar, lo tengo muy crudo.

M.M. ¿Cuándo se produjo el punto de inflexión?

C.O. Cuando tuve la suerte de darle una réplica a Christian Bale en ‘El maquinista’. Al día siguiente me matriculé en una escuela de teatro.

M.M. Debe recordar mucho entonces aquel encuentro…

C. O. Era un papel sin frase, simplemente gestual. Cuando él entró en el set, la primera vez no le reconocí porque recordaba a un tipo musculoso, apuesto, de ‘American Psyco’ y me encontré a un hombre que parecía salir de un campo de concentración. Estaba muy metido en el papel. Después de hacer los ensayos, cuando ya empezamos a rodar, yo le veía como si no estuviera haciendo absolutamente nada, arrastraba la voz, las palabras, las frases. Cuando más tarde vi a través del monitor lo que habíamos rodado, me quedé impresionado, de toda la fuerza que él tenía, de toda la verdad que transmitía.

Soy optimista por naturaleza, idealista por vocación

M.M. Pero su madre también le ha marcado mucho a nivel artístico, ¿no?

C.O. Mi madre es escritora y actriz –aunque ha trabajado sobre todo en cortometraje-. Ahí está haciendo cosas a los 75. Dedicada a las figuraciones también, hace siete años me llamó porque tenía un rodaje con la actriz de Braveheart, Sophie Marceau, y fui de figurante. Aquella fue la primera vez que pisé un rodaje, eran mis inicios como actor. A partir de ahí me empezaron a llamar para castings de publicidad y todo fue rodando.

M.M. ¿Qué le fascina de la interpretación?

C.O. Lo que más me ha sorprendido es pasar de tener que vivir a base de esconder mis sentimientos, a vivir de enseñarlos. Eso me ha demostrado que existe otro mundo, que va a reaccionar en función de lo que nosotros le demos. Si empezamos el día cabreados, el camarero que nos sirve el café actuará del mismo modo, pero sí comenzamos con una sonrisa, generaremos una actitud parecida. La interpretación te enseña que cuanto más das, más recibes. Te das cuenta de que hay muchas realidades.

M.M. Uno de los papeles que más le han retroalimentado por sus matices ha sido el Sr. Scrooge del famoso ‘Cuento de Navidad’, que interpretó sobre las tablas el año pasado.

C.O. Fue la primera vez que subí a un escenario en Madrid y en un teatro como el Infanta Isabel. Acababa de terminar de hacer teatro de humor con Maite, la hermana de Andreu Buenafuente, y en aquel momento tenía más experiencia en cámara. Fue un regalo inesperado y me aportó el enorme placer de tener de compañera a mi pareja. Me siento muy identificado con el personaje. Creo que en la vida todos merecemos una segunda oportunidad y ese es el mensaje de Dickens y por muy ofuscados que estemos y nos encerremos en nosotros mismos, siempre en el fondo hay alguien o algo que tiene una llave que nos abre. Soy optimista por naturaleza, idealista por vocación y desde luego, creo que siempre hay un ápice de bondad en lo más profundo de cada ser humano.

M.M. Suele decir que sólo existe ‘el aquí y ahora’. ¿Vio todas sus prioridades con claridad hace dos años cuando sufrió un infarto?

Vivimos en una sociedad en la que nos inculcan el miedo

C.O. Me di cuenta de que se acababa todo, en una sala de Urgencias, rodeado de ocho médicos –por cierto, había una enfermera monísima, lo único agradable en lo que podía ser mi última visión del mundo y yo siempre me he especializado en buscar la belleza que es lo que más me interesa- y mis seres queridos estaban fuera, me iba a ir a la tumba con un montón de besos y abrazos sin dar. Cuando ya me dijeron que me salvaba, supe que no iba a dejar ningún gesto de amor en el tintero nunca más.

M.M. En ese momento iba a trabajar en el ‘Patio de Mi cárcel’, un papel que le hacía especial ilusión. ¿Se produjo un pequeño milagro?

C.O. Sí, de esos detalles que sólo encuentras en esta profesión. Al principio era imposible aplazar mi rodaje, porque se hacía en la Cárcel de Guadalajara y se dependía de permisos. La sorpresa fue cuando Esther García, la productora de ‘El Deseo’ llamó a final de mes a mi representante para decirme que habían cambiado todo el plan de rodaje para que pudiera hacer el papel. Resultó una de las experiencias más emotivas de mi vida. Belén Macías es una directora maravillosa y pude tener una escena con Verónica Echegui, con la que había coincidido en ‘Yo soy la Juani’, pero sin secuencia juntos. Verónica es una actriz tremendamente generosa, que te lo da absolutamente todo.

M.M. A diferencia de otras profesiones, ¿es fácil encontrar trabajo como actor a los cuarenta o cincuenta?

C.O. Cuando me vio Fernando Colomo en el ‘Próximo Oriente’ me preguntó, ¿tú de dónde has salido? Y cuando le conté mi historia, me contestó “es que eres un chollo, porque tíos como tú hay pocos”. Nunca me ha faltado trabajo desde que empecé. Siempre son papeles secundarios o de reparto, pero que los hago con todo el amor del mundo, feliz de la vida. He tenido la suerte de ser hombre y tener cincuenta años para empezar mi carrera, porque hay muchos papeles para cubrir. A diferencia de las actrices, que por desgracia no tienen las mismas oportunidades desde que cumplen 45. En esa franja hasta los setenta años difícilmente existen. Ésta es una de las cosas que más me duelen de esta profesión, que es sexista.

M.M. Decía Alejandro Casona que “las novelas nunca las han escrito más que los que son incapaces de vivirlas”. ¿Sucede algo parecido con los actores?

Esa es una de las cosas que más me duelen de esta profesión, que es sexista

C.O. Puede ser, pero yo no diría que los artistas son personajes frustrados. Entiendo que para que un actor de un personaje tiene que entregar verdad, por lo cual está tocando algo que lleva dentro, tal vez algo que en su vida real nunca hubiera reflejado.

M.M. ¿Le seduce también como a otros actores probar con un papel malévolo? Siempre ha sido ‘demasiado’ bueno.

C.O. Estoy deseando hacer papeles de malo, no sé, un sádico o un asesino (ríe y sigue resultando una sonrisa inevitablemente bondadosa). Algo truculento, para buscar ese lado oscuro que todos tenemos. Eso te ayuda a conocerte a ti mismo. No encasillarse marca la diferencia.

M.M. “Amar en tiempos revueltos” fue su primera serie con personaje continúo. ¿Cómo le marcó esa experiencia?

C.O. Me recibió la gente con los brazos abiertos. Ágata Lis que era mi parteniere, se volcó por ayudarme y teníamos una química muy buena. Me di cuenta de que lo que me habían enseñado en la escuela de interpretación me había aportado técnica y seguridad, pero que en la realidad las cosas eran diferentes y todo iba más deprisa.

M.M. Está trabajando en muchas TV Movies. Comienzan a proliferar en todas las cadenas. ¿Cuál es el secreto?

C.O. A mí me gustan muchísimo. Se ha demostrado que es un formato que interesa al público y sin tener la duración de una serie, a veces excesivamente larga para seguirla. Desde el punto de vista del actor, son más accesibles que el cine y permite conocer un modelo de trabajo mucho más parecido a la gran pantalla y trabajar con directores que no lo hacen en televisión como Colomo o Huerga. Hay más medios económicos para este tipo de alternativas.

M.M. Uno de sus últimos trabajos, ‘El Pacto’ levantó polémica. ¿Con o sin razón?

C.O. Una Asociación de Padres pidió que no se televisara el segundo capítulo porque decían que incitaba a las jóvenes a quedarse embarazadas. Realmente el mensaje que tiene es reivindicativo, pero del diálogo entre los adultos y los jóvenes. Se ve claramente cuando el personaje de mi hija –Marina Salas- decide liderar una campaña para evitar que echen a una amiga del colegio por haberse quedado embarazada y ninguna de lo tres adultos a los que acude parecen escucharla o darle una oportunidad. Cuando ellos cierran la puerta, decide tomar esa decisión extrema junto al resto del grupo.

Lo que más me ha sorprendido es pasar de tener que vivir a base de esconder mis sentimientos, a vivir de enseñarlos

M.M. Antena 3 recuperó la figura de Suárez para su última miniserie. ¿Cómo valoró participar en esta producción?

C.O. Había un referente histórico impresionante con Lluis Homar, pero tener una cuota de un dieciséis y pico está muy bien, teniendo en cuenta que Telecinco contraprogramó con Gran Hermano. Es una TV movie que se hizo con mucho cariño, como un homenaje sincero a la figura de Suárez. Hubiera estado bien que más gente joven la viera, sobre todo porque desde la perspectiva actual nos damos cuenta de que fue una persona muy valiente y muy audaz para el entorno en el que vivió y las medidas que tomó. Es el mejor Presidente de la democracia.

M.M. Escribe, ha publicado dos novelas y poesía y colabora en opinión con un diario de Mallorca. Pero se le puede leer casi a diario en La placenta del universo. ¿Más que un blog, es su personal viaje a la belleza?

C.O. A la belleza, al cine, la música o la poesía. Yo venía de una etapa durísima, del mundo de la empresa, donde te pagan por esconder tus pensamientos y sentimientos, y por otro lado, el entorno de mi madre, me llevaba a estar muy abierto a la vida, de ser sobre todo contador de historias. Hice una maqueta de un programa de radio ‘La placenta del Universo’ y no conseguí que ninguna emisora se interesase por ella, por falta de patrocinador. Lo guardé en el cajón, hasta que decidí que fuera el principio de una nueva experiencia: una inmersión en las aguas de Internet.

M.M. Es un gran defensor de la causa tibetana y por ello, forma parte del grupo de ciudadanos y personajes de la cultura que han fundado el Foro Tibet. ¿Cuál es su objetivo?

C.O. En España existe la ‘Casa del Tibet’ en Barcelona, donde se aúnan derechos humanos con otros temas, como dar a conocer la cultura tibetana, el budismo y mantener el nexo de la comunidad de tibetanos exiliados. Y en Madrid encontramos el Comité de Apoyo al Tibet y algunos centros budistas. La idea del Foro Tibet -que nace de Pedro Guardón- pretende dar a conocer la situación del pueblo tibetano, especialmente desde la vertiente de los Derechos Humanos y al mismo tiempo canalizar ayudas. Lo importarte es no quedarse en las palabras, sino los hechos y ya se ha hecho la primera misión que es enviar oftalmólogos a dos campamentos de refugiados para que hicieran revisiones a los niños y los proveyeran de gafas.

La idea del Foro Tibet es dar a conocer la situación del pueblo tibetano, especialmente desde la vertiente de los Derechos Humanos y al mismo tiempo canalizar las ayudas

M.M. ¿Le cambió la perspectiva viajar al Tibet hace unos años?

C.O. Absolutamente. Me quedé fascinado con aquella gente. No tienen nada y son felices dándotelo todo. Se podría resumir con una frase que alguien me dijo una vez: “todo cuanto retuve lo perdí, sólo me queda lo que di”.

M.M. ¿Cómo observa la situación tibetana?

C.O. Me parece una barbaridad lo que China está haciendo con el Tibet. Lo primero que uno se plantea es por qué una súper potencia quiere una superficie como la del Tibet. Hay seis millones de tibetanos, está medio despoblado y hace muchísimo frío. Sin embargo, cuatro de los ríos más importantes de Asia nacen en la sierra tibetana, por tanto, el que controle esta meseta tiene acceso a agua potable como para abastecer al 40% de la población mundial. No olvidemos que el agua es el arma del futuro como ahora lo es el petróleo. Además, el Tibet tiene las reservas de Uranio más grandes del mundo, que se traduce en energía nuclear. China entró en el Tibet en 1950 y cuando se produjo la salida del Dalai Lama en 1959, empezó un verdadero genocidio y lo que es grave también, a nivel cultural.

Hoy en día hay más chinos que tibetanos en la capital y se estudia sólo chino en las escuelas. Y tengo que señalar que el Dalai Lama no tiene poder político y es Premio Nobel de la Paz. Pedimos no hace mucho que lo recibiera el Presidente de la Generalitat –Montilla- o el alcalde de Barcelona y ninguno quiso, cuando antes Maragall y Pujol lo habían recibido oficialmente. España ha sido el único país de las últimas veinte presidencias de la Unión Europea que se ha negado a recibir al enviado del Dalai Lama. No quieren ofender a China, hay intereses económicos por en medio. No concibo que, al igual que en el caso de Aminatou Haidar, el responsable de asuntos exteriores diga que hay que anteponer los intereses de Estado a los Derechos Humanos. Lo que yo no puedo esperar es a que si se hubiera producido la muerte de Haidar, mis hijos preguntaran: “¿y tú que has hecho para evitar eso?”, y tener que bajar la cabeza. No se puede permanecer callado.

M.M. Defiende que los artistas tomen partido contra las injusticias, ¿pero también justifica tomar partido político?

C.O. Yo no creo en los partidos. Cada vez soy más ácrata, no concibo la sociedad tal cual es y considero que la propiedad privada es un robo. Lo que tenemos que hacer es que nuestros políticos sean los de la ‘ceja’ o los del ‘bigote’ hagan lo que tienen que hacer. No se trata de tomar partido por uno, sino diciéndole a ese uno que tome partido por los pobres y las causas justas. Los actores no tenemos respuestas, pero podemos hacer preguntas. Tenemos la ventaja de que por nuestra profesión la gente nos escucha más, pero no es que los actores tengamos que tomar un compromiso, cada ser humano tiene que hacerlo. Vivimos en una sociedad cada vez más tendente al pasotismo, que como decía un humorista, y sin querer ofender a nadie, es algo a medio camino entre pasivo e idiota. Cada uno puede aportar su grano de arena sin irse lejos de su barrio.

Yo no creo en los partidos. Cada vez soy más ácrata, no concibo la sociedad tal cual es y considero que la propiedad privada es un robo

M.M. ¿Es consciente de la ‘fama’ que arrastran hoy los artistas?

C.O. Sigue existiendo el fantasma de las dos Españas y hay miles de personas que asocian que lo que oyen en la radio afín a la extrema derecha es completamente verdad y entonces hablan de los actores en general como ‘comicuchos’, que vivimos de la sopa boba. Nos llaman ‘aprovechados’ y que mucho protestar, pero vivimos de ‘subvenciones’. No se quejan de otras clases de subvenciones o del dinero que les han dado a los bancos ante la crisis. Yo particularmente creo que si el artista depende de una subvención, estará tentado a perder su libertad. Ya se estaban quejando de que los actores, con la muerte de Zapata, no criticábamos a Fidel Castro y claro que lo hacemos porque Cuba es una represión absoluta. Pero, ¿se quejan de que Esperanza Aguirre vaya a vender la ciudad de Madrid a China, el país con más ejecuciones del mundo? Siempre utilizan el tema cubano o el de ETA para atacar a los actores. Pero no todos podemos pensar lo mismo. No es justo que se nos etiquete. También los hay que piensan que el escenario es sagrado y no están dispuestos a permitir que la política se suba ahí. Cada uno vive su compromiso.

M.M. Ha hablado de las subvenciones, de las que no es muy partidario. Pero, ¿qué puede hacer el cine español frente a una industria como la americana?

C.O. El problema que tenemos nosotros es de tamaño, somos pequeños y competir con los grandes es imposible. Cuando en el presupuesto de una producción se destina una tercera parte al marketing, esa película nos entra por los ojos. Aquí no se puede destinar porque no existe tal presupuesto, tenemos que defendernos con otras armas, que desde el punto de vista financiero están por desarrollar. Los países nórdicos tienen fondos de inversión de cine y eso permite que el pequeño ahorrador pueda invertir. Supone correr cierto riesgo, pero se pone el dinero en manos de profesionales y se tiene un tratamiento fiscal tremendamente favorable. Este tipo de instrumentos sí podrían dinamizar lo que llamamos la ‘industria española’.

M.M. ¿Influye en el desarrollo de nuestra industria el uso del doblaje? En Portugal, por ejemplo, menos los dibujos animados, todo se proyecta subtitulado.

C.O. A mí me gusta el cine en versión original y considero, que aunque hay grandes dobladores en España y especialmente en Cataluña, una solución para el cine en España sería que no se doblasen las películas. Eso provocaría en un primer momento que la gente fuera a ver cintas nacionales y se perdieran prejuicios. Al mismo tiempo se irían acostumbrando a otras lenguas y creo que indirectamente favorecería que se hablasen idiomas, que es nuestra asignatura pendiente. Y nos igualaría al resto de países europeos, que pasan las películas en versión original. Si el fenómeno extraño es el nuestro. Aunque no creo que nadie se atreva a llevar una medida tan polémica adelante.

Una solución para el cine en España sería que no se doblasen las películas. Eso provocaría en un primer momento que la gente fuera a ver cintas nacionales

M.M. Considera el cortometraje como la cuna de los nuevos directores y “un espacio de libertad para enfrentarse a personajes más complicados o comprometidos” en cuanto a los actores. Presentó un proyecto de proyección de cortos para el metro hace dos años que era realmente interesante.

C.O. Cayó en agua de borraja, pero sigo pensando que tiene un potencial fuerte. Donde sí podemos competir es donde el dinero no es el factor determinante y eso sucede con los cortometrajes. Los cortos españoles están siendo premiados a nivel mundial y tienen una gran acogida. Lo que a mí me preocupa más, es qué podemos hacer en nuestro entorno.

¿Qué se puede hacer para que los cortos lleguen a la calle? Hace un par de años vi que en unas líneas de cercanías y en la línea amarilla del metro de Madrid hay unos monitores fantásticos apagados. Se me ocurrió que se podían pasar unos cortos, hechos específicamente para el metro, que durasen tres minutos, adaptados al contexto mediante un lenguaje cinematográfico específico, que además se insertarían en bucles de cinco cortos, que serían de un cuarto de horas de duración. Estás potenciando un valor añadido al metro, acercando los cortos al gran público, permites que los jóvenes puedan expresarse, descubrir un nuevo vehículo de comunicación. Debería plantearse a nivel europeo para que todas las ciudades que tengan metro con monitores pudieran acogerse a esto y si fuera una iniciativa promovida por Madrid, podría invitar a consolidar el intercambio cultural en Europa. ‘El viaje + corto’ lo llamé. Seguro que cualquiera de las grandes compañías de telefonías móviles estaría dispuesta a pagar por poder anunciar en exclusiva en toda la línea de metro. Cuántas ideas maravillosas duermen en los cajones…

M.M. John Patrick Shanley deja entrever en ‘La sospecha’ que la seguridad no es más que una apariencia. ¿Seguramente por ello parece poderse comprar?

C.O. La seguridad que te venden es una gran mentira. La verdadera seguridad está en uno mismo y hay que trabajársela. Para mí la seguridad es una sensación interna. Vivimos en una sociedad, como decía Orwell, en la que nos inculcan el miedo. Los políticos aguantan en el poder en función proporcional con el miedo que nos inculcan, creemos necesitarlos. Gran error. Se ha visto con la Gripe A. Cada vez estoy más con Thoreau y Walden, con la desobediencia cívica. Como decían los anarquistas en la Guerra Civil, “Paz a los hombres y guerra a las instituciones”.

M.M. Le pierden las librerías y las joyitas que se esconden en sus recovecos. ¿Cuál es su título imprescindible?

C.O. ‘Carta de una desconocida’ de Stefan Sweig.

M.M. Le gustan las primeras frases y las últimas… dígame una para echar el cierre.

C.O. La mentira no está en los sueños que no llegan a convertirse en realidad, sino en la realidad que nosotros no nos atrevemos a vivir con la ilusión de un sueño.


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