Domingo 25 de septiembre de 2016,
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Carta abierta a Zapatero (II): una propuesta de medidas concretas contra la crisis

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OPINIÓN / Las criticadas medidas tomadas por el Gobierno dejan de lado otras opciones viables y reclamadas por la ciudadanía: el control del dinero y del sistema financiero por parte del Estado

Sr. Zapatero:

En estos momentos emisoras de radio y televisión están difundiendo la sesión de la Cámara, en la que se debaten sus propuestas para resolver la crisis.

Sobre las mismas, quisiera hacer llegar algunas observaciones, no solo desde una perspectiva personal, sino también recogiendo opiniones y propuestas de otras muchas personas, contactadas a través de Asambleas, reuniones de Asociaciones de Vecinos, Mesas redondas, etc., que se vienen celebrando y en las que he participado como miembro que soy de distintas organizaciones: Attac, REAS, UGACOTA, Sinerxia, Arbore, ADUCAB, Asamblea Val Miñor, etc., en donde se ha puesto de manifiesto la opinión generalizada de que el Gobierno no está haciendo nada para superar la crisis de las personas que convivimos en este país: la verdadera crisis, pues la de los financieros no es más que un avatar programado para conseguir sus objetivos especulativos.

El Gobierno no está haciendo nada para superar la crisis de las personas que convivimos en este país: la verdadera crisis, pues la de los financieros no es más que un avatar programado para conseguir sus objetivos especulativos

Puedo decirle que, hasta el momento, lo que se ha oído decir en el Parlamento, viene a reforzar esa opinión generalizada, de que la política que se trata de imponer es claramente de derechas, o, peor aún, está dictada desde una perspectiva financiera y especulativa, destinada a mantener un sistema económico favorable a los intereses de los grupos especuladores.

Las diversas manifestaciones oídas en el Parlamento se agrupan en los que, desde una perspectiva de la derecha tradicional, coinciden con el Gobierno, y los grupos minoritarios, que ponen de relieve su falta de conexión con el sistema y, por tanto, disfrutan de una mayor libertad, a la hora de dar su opinión y hacer propuestas.

Es curioso como en el Parlamento la mayoría es favorable a unos cambios propuestos, mientras que en la calle es al revés, son mayoría los que se escandalizan y rechazan dichos cambios, aunque con una gran confusión, pues no se explican en toda su extensión y consecuencia ni la situación real, ni los objetivos reales, ni los efectos que cada propuesta va a tener en el conjunto de la población que ha de soportarlos.

¿Por qué se siguen explicando conceptos como ‘dogmas’, cuando solo son propuestas para objetivos concretos?

¿Por qué no se discuten afirmaciones que se consideran fundamentales, cuando la evolución de la práctica económica ha revolucionado todas las teorías y conceptos habituales, trastocando la funcionalidad y la aplicación de los elementos empleados?

¿Por qué se ocultan datos fundamentales para entender y resolver los problemas que se generan por la ‘libertad’ concedida a los especuladores para maniobrar en contra de una economía más social y equilibrada, en busca de un desmedido y exclusivo beneficio?

Desde la perspectiva ‘oficialista’ (en la que se integran decididamente la casi totalidad de los medios de comunicación, el PP y el PSOE, éstos últimos jugando a un enfrentamiento ficticio y falto de contenido) se mantienen unos parámetros para definir el rumbo de la economía:

  • Es curioso como en el Parlamento la mayoría es favorable a los cambios propuestos, mientras que en la calle es al revés, son mayoría los que se escandalizan y rechazan dichos cambios

    El valor del dinero: Las reformas sobre el respaldo a la emisión de billetes, nos han llevado, desde una situación en que el valor de las divisas estaba basado en unos depósitos en oro, a que el mismo dependa de unas ‘apreciaciones técnicas’ basadas en especulaciones, que se han convertido, en la práctica, en un medio para condicionar la marcha de la economía mundial, que pasa a ser decidida por ‘expertos’ independientes de los poderes públicos, pero a sueldo de los especuladores.

    • Primeras medidas: que se controle legislativamente, o se sustituya a los ‘agentes’ financieros por entidades públicas y opuestas al poder financiero
    • Que se reforme la Bolsa Oficial de Valores (el que quiera jugar a especular, que lo haga en mercados secundarios y privados). Evitando que sea utilizado como elemento de presión, con falsas vaivenes en sus cotizaciones diarias, cuya principal utilidad es generar ‘negocio’ a los bancos que intervienen en las transacciones, cobrando comisiones, y al mismo tiempo, generan perspectivas para justificar medidas según convenga.
    • Que se responsabilice a los intermediarios financieros de la viabilidad y solvencia de las operaciones propuestas a sus clientes.
    • Que se ‘libere’ la emisión de moneda, en base a las necesidades y demandas de un mercado equilibrado, proyectado para satisfacer las peticiones de las personas, o se instituyan mecanismos alternativos, como:
      • Dinero con fecha de caducidad, para atender servicios concretos, y cuyo destino último (una vez superada la fecha de validez) sea devolverlo al erario público, utilizándolo para la liquidación de impuestos.
      • Dinero electrónico, que sustituya al impreso o en moneda, evitando los gastos de emisión, manipulación y reposición y al mismo tiempo evite los problemas de falta de liquidez, en los momentos críticos.
      • Dinero privado, emitido por organismos locales, para facilitar el intercambio de bienes y servicios, en una estructura de relaciones de proximidad, que permita el equilibrio entre la demanda y la oferta desde una perspectiva conservadora del medio y la cultura, pero que excluya procesos especulativos. Su respaldo estaría en:
        • Horas dedicadas a servicios.
        • Artículos o productos concretos.
        • Derechos de participación en determinadas actividades.
    • Que las entidades financieras sean preferentemente de carácter público, o entidades privadas sin ánimo de lucro, que estén sometidas a un régimen de control respecto a sus prácticas financieras, al servicio de la sociedad en su conjunto, para favorecer un desarrollo sostenible y de interés social y ecológico.
    • Primeras medidas: que se reforme la Bolsa Oficial de Valores (que el que quiera jugar a especular, que lo haga en mercados secundarios y privados)

      Que si se permite la existencia de Banca privada, la misma esté rigurosamente controlada respecto al tipo de operaciones en las que intervenga, obligadas a constituir fondos externos para garantizar las operaciones de riesgo que afecten a sus clientes. La cuantía de esos fondos, determinará el volumen de la oferta de dichas operaciones.

    • Que se propicie, desde el Gobierno, la creación de Entidades para la prestación de servicios financieros de carácter ético, según la definición universal de las mismas, como Cooperativas de Crédito, Bancos sin intereses, Cámaras de Compensación gremiales, etc.
    • Que en cualquiera de los casos, el control último corresponda a las personas que hacen posible la existencia, ya sea aportando fondos, utilizando los servicios financieros ofrecidos, o trabajando en el desarrollo de las tareas necesarias. Para ello los Consejos y Asambleas se organizarán con métodos democráticos, que garanticen la posibilidad de participación de todos los implicados.
  • Crédito. Parece evidente que la concesión de créditos bancarios, tanto hipotecarios como de otro tipo, ha sido una de las causas que han generado la crisis. No es creíble que entidades con tanta capacidad económica y experiencia, no tuvieran perfectamente calculado el riesgo respecto a los resultados finales, teniendo en cuenta incluso las probabilidades de fraudes y estrategias ajenas que también se produjeron.
  • Es lógico suponer que entonces no ha habido un error de cálculo, sino que las explicaciones que se han dado no se corresponden con la verdadera intencionalidad de las operaciones:
    • Las conocidas ‘hipotecas basura’ se constituyeron, no para facilitar el acceso a vivienda propia de determinados grupos sociales, de los que era evidente que no podrían cumplir con las obligaciones impuestas. No fueron creadas para atender una demanda, sino que las mismas fueron ‘vendidas’ a personas que quizá no eran conscientes de lo que estaban firmando.
    • Pero a partir de las mismas, se dispuso de un producto financiero, empaquetado, que se sabía sería fácil de vender a otros bancos, que a su vez sabían que se podrían vender a sus clientes, que al final serían los que pagarían el pato.
    • La ‘burbuja inmobiliaria’ requería un sistema que garantizase que el comprador obtendría financiación, pues el negocio estaba en construir viviendas que había que vender aplicándole márgenes comerciales muy importantes, y si los bancos se prestaron a ese juego, sería porque los mismos que lo autorizaban consideraban que era bueno que los promotores cumplieran sus objetivos de ganancias fabulosas.
    • Si el dinero no aflora se pueden tomar medidas: darle a la máquina, emitiendo nuevos billetes, o anular los billetes existentes, dando un plazo para cambiarlos por los nuevos

      Si alguien quiere cerrar un acuerdo comercial, debe valorar las posibilidades que la otra parte tiene de cumplir su compromiso, llegando a un acuerdo válido para ambas partes. Pero cuando se trata de un acuerdo con un banco, para la obtención de un crédito, solo existen las opciones que establece el propio banco, ajustando las mismas a su único interés.

    • Esa situación produce morosidad, incumplimientos, retrasos, y, en muy pocas ocasiones, fallidos. Por eso, en previsión de dichos problemas, los bancos deberían de estar obligados a, no solo garantizar la solvencia del prestatario, sino también a valorar las circunstancias personales del mismo, para adaptarse a sus posibilidades reales, aceptando plazos y condiciones ajustadas a sus circunstancias y que, además, se pudieran variar, según la evolución de las economías.
    • Pero no ocurre así. Al banco sólo le preocupa obtener el máximo beneficio, más que dar un buen servicio a su cliente: si no cumple puntualmente los plazos (porque los importes están forzados por las condiciones cerradas) el importe a pagar crece fuertemente, al aplicarle intereses por demora. Además, siempre añaden alguna comisión, gasto o gestión, establecidos de forma obligatoria en contratos innegociables.
  • Falta de liquidez. ¿Dónde está el dinero? Siempre se habla del ‘gasto’, pero el dinero no se gasta, simplemente cambia de manos. Lo primero que se debe de tener en cuenta es que el dinero es un instrumento de propiedad pública, que los gobiernos tienen que controlar y evitar su destrucción, acumulación e incluso su uso fraudulento. ¡Pero el Gobierno ha confiado la ‘custodia’ ¡a los bancos! Es como poner de guardián del gallinero al zorro. Si el dinero no aflora, se pueden tomar medidas:
    • Darle a la máquina, emitiendo nuevos billetes, o poner en marcha otras formas de dinero:
      • Tal y como se razona en otro punto, el valor del dinero es subjetivo y convencional; el incrementar el dinero en circulación, puede generar inflación, pero la misma solo es incómoda si la evolución de salarios y precios no se ajusta a una dinámica equilibradora.
      • Claro que los Bancos no quieren oír hablar de inflación, puesto que recorta su poder, pues solamente ‘manejan’ dinero, que, por otra parte, no es suyo.
    • Anular los billetes existentes, dando un plazo para cambiarlos por los nuevos.
      • Esto genera un pingüe negocio para el Estado, pues de esa forma todos los que se hayan extraviado quedarían en su beneficio, al no ser reclamados (¿cuántas pesetas se quedaron sin cambiar?).
      • Además, permitiría investigar el origen de los fondos que se presentaran al cambio (para cantidades de cierta importancia).

Una demanda por malversación y expolio de bienes ajenos [contra los bancos] creo que sería perfectamente viable, que debería provocar una actuación de oficio del Ministerio Fiscal

Lo que es necesario es que el Estado recupere su control del dinero, que tiene que considerarse como un bien público que nadie puede destruir o acumular de forma impune, asumiendo la responsabilidad de su manejo en relación a los derechos de las personas afectadas.

¿No hay aquí una evidente violación de la Constitución y de los derechos de los ciudadanos?

Al menos teóricamente, el dinero está respaldado con el patrimonio de todas las personas que configuran un país. En cualquier caso, los bancos han utilizado unos depósitos ajenos (de los ahorradores) en operaciones que no se han molestado en consultar con sus clientes, si les parecían adecuadas.

No han informado de los riesgos evidentes a los que se sometían, por lo que una demanda por malversación y expolio de bienes ajenos, creo que sería perfectamente viable, que debería provocar una actuación de oficio del Ministerio Fiscal.

Siento carecer de la formación técnica necesaria para hacer una propuesta más concreta, pero espero que otras personas, con mejor preparación, opinen al respecto.

 


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4 Comentarios

  1. MAQ 29/05/2010 en 12:31

    Para “Eva A.”:

    Siento no tener una formación académica como para explicar con más soltura las ideas que surgen como respuesta a los problemas que continuamente se presentan…

    He leído con interés el enlace que sugieres, y estoy prácticamente de acuerdo con todo lo que dice Pedro Cluster, que destaca, además, por la claridad, sencillez y contundencia de su estilo…

    En realidad, a venido a poner cifras concretas a situaciones que vienen siendo denunciadas de forma intuitiva por la mayoría de las personas, dando fuerza a argumentos que los políticos parecen empeñados en rechazar.

    También he leído últimamente la web Vicenç Navarro, y cada vez estoy más convencido de que sería necesario tratar de concretar un documento que sirva de referencia para exigirle a los políticos determinados comportamientos.

    En cuanto al problema del dinero, no faltan ideas, pero sería necesario analizarlas con criterios de expertos (pero que no estén al servicio del sistema)…

    La última a la que vengo dándole vueltas, es la de proponer que el dinero tenga fecha de caducidad…

    Parto de la idea de que la emisión del dinero debe ser un monopolio del estado, único propietario del mismo, por lo que, una vez cumplida su misión servir de medio para el intercambio de bienes, retorne a su origen.

    Si los billetes tienen fecha de caducidad, se acabó la inflacción y la acumulación de riqueza, que sirva para acumular, a su vez, poder.

    Una vez cumplido el plazo de validez de cada billete (o disposición de una anotación electrónica, para el dinero virtual) no podría ser utilizado como elemento de intercambio, pero sí para pagar (si es que no terminan aboliendose, gracias a este sistema) impuestos, con lo que supondría el retorno de del dinero emitido, a las arcas del estado.

    En cualquier caso, al perder validez (se use o no se use para el pago de impuestos)el estado dispondría del valor caducado, para aumentar el dinero en circulación.

    Es decir,se podría así emitir nuevos valores, que distribuiría tanto para pagar servicios públicos (infrasestructuras e inversiones productivas)… como para pagos directos a las personas, en forma de prestaciones sociales como pensiones y ayudas (incluido un salario social y universal, objetivo sobre el que se habla poco)…

    Ni yo mismo (mientras no la maduro un poco más) me atrevo a defender esta idea, que lógicamente será rechazada de inmediato por la banca privada… Por eso sería interesante abrir un debate, para ver los pros y contras de la misma, y sacar conclusiones…

    En mi profesión, estoy acostumbrado a primero, pensar en una solución ideal, y luego buscar los medios para aplicarla, o modificar su premisas, según las posiblidades reales. Pero eso aplicado a la vida práctica (soy informático) no es exactamente lo mismo, pues los condicionantes son de una naturaleza distinta.

    Tampoco dispongo de demasiado tiempo, puesto que tengo un trabajo diario que realizar, por una simple cuestión de subsistencia.

    Espero que pronto tengamos otra oportundiad de contacto.

  2. Anónimo 26/05/2010 en 18:00

    Muchas gracias por tu completa respuesta.
    Has solucionado alguna de mis dudas, pero me has creado unas cuantas más, lo cual me parece tremendamente positivo.
    Primera gran duda: ¿Cómo se puede evitar que los bancos creen dinero constantemente? Quiero decir, si yo pido 40 millones para una hipoteca, la devolveré con intereses. Pero esos 40 millones recibidos por el anterior propietario, serán depositados en otro banco, que los volverá a prestar con intereses y así sucesivamente.
    Es decir, aunque los bancos no utilicen el mismo dinero para diferentes operaciones (supongamos que se van depositando siempre en diferentes entidades), ni haya ánimo especulativo, el dinero se multiplica constantemente.
    ¿Serviría aumentar el depósito al que tradicionalmente obligaba el Banco de España del 10% para garantizar la liquidez?
    Segunda gran duda (por el momento): Puesto que el dinero físico en circulación representa una cantidad ínfima del capital que circula, medidas como el cambio de billetes, ¿no suponen más que un parche? ¿No habría que concentrarse en ese otro ‘dinero’ que no produce (ni alimentos, ni productos, ni servicios, ni trabajo), crece constantemente y puede desbaratar toda una economía, como está sucediendo?
    También me ha resultado muy interesante este otro artículo: http://bottup.com/201005255989/Economia/los-mantras-que-nos-hacen-creer.html
    ¿Qué opináis?

  3. MAQ 26/05/2010 en 17:40

    Para Eva A.
    El tema del cambio de billetes, es bastante sencillo, en su funcionamiento. Tenemos aún reciente el cambio de pesetas a Euros. Lógicamente, el gobierno sabe cuantos billetes se han emitido, y cuantos se han retirado. La diferencia será el que esta en circulación, y por lo tanto deben de reservarse EUROS suficientes para cubrir ese importe…

    ¿Pero que pasa con los billetes perdidos, o retenidos en colecciones, o destruidos en accidentes?…

    El equivalente a ese dinero, nadie lo vá a reclamar, y lógicamente queda a beneficio del Estado. Nunca se ha declarado (he intentado saberlo, pero no lo conseguí) cual fue el balance. El Estado tiene una coartada: Las pesetas aún no han caducado…

    Pero por eso se dice de poner una fecha de caducidad a los EUROS que se deben de recuperar: Cumplido el plazo, el que no se presente a recuperarlos, los pierde, y quedan a beneficio del Estado…

    Por cierto, esto me trae a la memoria, que casualmente, una vez desaparecidas las pesetas, los gobiernos de entonces presumieron de un gran superávit (primero el PP y luego el PSOE), que quizá tuvo su origen en la sustancial tajada que supuso quedarse con los EUROS no reclamados por pérdida de las pesetas….

    De todas formas, el verdadero problema es que en si el dinero actual no representa ningún valor estable, y su cotización depende de los manejos de los financieros. Entonces el cambio de billetes puede ser un parche momentáneo, que no resuelva el verdadero problema de fondo: Al convertir al Dólar en moneda patrón, han dejado que sean los bancos los verdaderos emisores del dinero, pues cualquier cantidad que tengan, la pueden prestar a quien le plazca, con la seguridad de que ese dinero volverá a sus arcas, con lo que podrán prestarlo otra vez… O sea que un dólar o un Euro se multiplica a si mismo infinitas veces…

    Más fácil sería que desapareciera el dinero, y todo se gestionase electrónicamente… Más fácil para los bancos, claro está, pero al menos no podrían decir que se ha “gastado” el dinero…

    En realidad, aunque yo afirmo que el dinero no se gasta, que lo busquen, lo hago consciente de que efectivamente, el dinero no se gasta… Pero el que falta, no es que falte, es que nunca existió. Lo que tienen que buscaf es a los responsables de haber “emitido” más dinero del que podían…

    Pero aun así, la perspectiva del problema está equivocada:

    “No se puede consumir, porque no hay dinero”…Y como además está prohibida la
    ¿Qué quiere decir esto?…

    Yo necesito unos zapatos, y los hay.
    Y tengo algo que ofrecer a cambio: algo que produzco, o simplemente mi trabajo.

    Los dos elementos están ahí: Lo que necesito, y lo que puedo aportar a cambio.

    El dinero es un estupendo medio para facilitar el intercambio: es un simple papelucho, en el que confiamos como para proceder al mismo…

    Si desaparece ¿No hay más alternativas?…

    Volvamos al “trueque”… O utilicemos unas conchas…

    O que le den a la máquina de hacer billetes…

    Pero por favor, que los bancos no vuelvan a multiplicar el numero de papelitos, sin imprimir ni uno solo: Así, como en ese ir y venir los billetes de mano en mano, cada vez que pasan por sus manos les generan un interés, llega un momento que su ganancia es tan grande que impide que los pocos billetes en circulación lleguen para cubrir la el teórico capital circulante que se ha multiplicado milagrosamente, pero fraudulentamente también.

    Otra medida que no van aplicar, porque entonces todas sus ganancias se perderían, es permitir que el estado imprima más billetes, para atender a sus obligaciones con los ciudadanos (lo que podría hacer tranquilamente, pues tratándose de papel moneda, no les exige su cambio por un valor real: les basta con recuperarlos billetes, para poder volver a usarlos, mediante los impuestos.

    Yo aun recuerdo billetes que decían: “El banco de España, pagara al portador…” pero eso ya se ha superado, y ahora, en los billetes, no pone nada al respecto. Los billetes solo valen, porque los bancos le fijan un valor, en relación a otros billetes, o determinadas mercancías… A su albedrío, según su criterio, y según les convenga (podría contar una historia sobre el cambio de divisas, pero creo que ya llega de rollo)

    Posiblemente añadí más confusión a tus dudas, pero en realidad el entramado es tan complejo, que difícilmente se pueden explicar todos los entresijos en unas pocas (ni muchas) líneas…

    26/05/2010 19:28

  4. Anónimo 18/05/2010 en 12:42

    Una de las propuestas que citas, la anulación de los billetes en circulación y la emisión de unos nuevos para forzar el cambio de los viejos y que ‘aflore’ parte de la economía sumergida, la he oído últimamente en varias ocasiones.
    En principio me pareció una buena idea, aunque ahora me sugen algunas dudas.
    ¿Cómo se puede saber si el valor de los billetes no cambiados quedan en beneficio del Estado, como apuntas?
    Si esto fuera así, parece que la medida es simple.
    Pero si no lo es, o no es tan sencillo, ¿cómo hacer para que esos billetes aparezcan? ¿devolviéndoles su valor, descontando la tributación más alta posible?
    La verdad es que yo si pienso que se deben poner en práctica medidas financieras, monetarias y otras, para devolver a la sociedad toda la riqueza creada en los últimos años y que ahora ‘ha desaparecido’.

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