Jueves 27 de marzo de 2014,
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Quién diría que te podías morir, Benedetti

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¡Benedetti! Quién diría que alguna vez tu nombre estaría ligado a la muerte. De verdad, jamás me imagine que te marcharías

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La gente pudo dar el último adiós al escritor Mario Benedetti

Aún estando enfermo, aún leyendo los periódicos que decían que estabas en una clínica delicado de salud.  No se me pasó por la cabeza que te pudieras morir. Pero te fuiste, a donde no podremos comprar tus libros, en donde nuestro Internet no ha llegado aún.

Estando en vida teníamos mucho y a partir de ese fatídico domingo tendremos lo mismo. Nunca te encontré en la calle, ni nadie tuvo la amabilidad de presentarnos, pero no importa. Yo sé qué es lo que opinas del amor, yo sé qué piensas de Dios, yo sé que cuando abría tus libros salían gritos de ellos. Yo escuchaba cuando desgarrabas las hojas donde escribías y te podía ver cuando te sentabas en frente de un papel en blanco exprimiendo la idea para sacarle lágrimas.

Yo me quedo con las tardes de lectura de los poemas que nos dejaba con los ojos abiertos de la sorpresa. Me quedo con la sensación de querer leer más. Con los recuerdos de los recorridos buscando tus libros que poco encontramos. Me quedo con las lecturas rápidas para poder devolver los libros que eran prestados (y que me imagino que ahora menos encontraremos). Y si hiciera un inventario de mi vida en aquel momento, también sería tu inventario.

Y a pesar que estés muerto no creo que estés mal, te imagino entrando al cielo, al frente de esas gigante puertas tocando y diciendo: “ya llegueeee, abran pué’…” y al entrar, al pasar ese umbral, pegar un salto del susto cuando escuchaste un “BUUUU…” al voltear, era Neruda agachado que quiso hacerte una broma.

Al pararse te dijera: “Che… que bien que llegaste… vamos a tomar un mate y a ver si escribimos algo juntos”, eso sería un espectáculo.

Adiós poeta. Quisiera mejor pensar que te desvaneciste y que tu energía, como un halo de luz azul, recorre estos países metiéndote en nosotros. Lo sabremos cuando nos dé un poco ganas de llorar y de decir “te amo… vida…”

Imagen(cc): El Enigma

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