Miércoles 28 de septiembre de 2016,
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Choeung Ek, el campo de la muerte

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A 15 Km de la capital camboyana, este campo alberga restos de más de 20.000 personas torturadas y asesinadas por el régimen de Pol Pot

Camboya. Pocos son los lugares que han causado en mí un sentimiento tan hondo de tristeza, de incomprensión y de rabia, pero Choeung Ek supera todo lo que la mente humana pueda imaginar.

Situado a 15 kilómetros a las afueras de la capital camboyana, Choeung Ek es una de las muestras más claras de que la maldad del ser humano no tiene límites. Dominado por una gran estupa funeraria, este antiguo huerto de fruta de longan contiene los restos de más de 20.000 personas, torturadas y asesinadas por los soldados de Pol Pot, repartidas entre las 129 fosas comunes que componen este campo de la muerte, de las cuales solo 86 han sido excavadas. Muchos de estos restos pertenecen a los torturados en la prisión S-21.

Según nos acercamos a la estupa principal, me impresionan los 8.965 cráneos que se apilan en el interior de ésta, clasificados por sexo y edad, algunos de ellos de niños menores de diez años. El silencio es la banda sonora de esta visita, que no dura más de cuarenta minutos, un paseo difícil de olvidar en el resto de mi vida. Un camino repleto de huesos, dientes, ropas, que debido a la erosión de la lluvia en el terreno, cubren el camino que recorre este cementerio de la tortura.

Nos cuentan, que “la mayoría de las personas asesinadas aquí, fueron golpeados con palos en la cabeza ya que las balas de los Kalashnikov costaban mucho y estaban reservadas para el enemigo”, nos relatan la historia de cómo soldados borrachos se apostaban la vida de los bebés entre copa y copa, historias escalofriantes e imposibles de entender. Muchos de ellos, cavaban sus propias tumbas, antes de que sus ojos fueran vendados y golpeados hasta la muerte con todo aquello que sirviera como arma.

De las 129 fosas comunes, solo 86 han sido excavadas. En la estupa principal, casi 9.000 cráneos se amontonan en su interior. Choeung Ek es uno de los más de 1.000 campos de la muerte repartidos por Camboya

Siempre dije que Camboya es diferente, no comparable a ningún otro Estado del mundo, un país que ha pasado tan solo en una veintena de años de los peores horrores que la humanidad ha visto, a la sonrisa eterna que actualmente todos los camboyanos dibujan en sus caras, quizás una lección que aprender para las mentes obsoletas de los países desarrollados. Cómo poder comprender el color rojo de ese árbol, donde mataban a cientos de niños y bebés, estrellando sus cabezas contra el tronco, como entender que miles de estas vidas hayan sido exterminadas, por el solo hecho de enamorarse de la persona incorrecta, de usar gafas, de saber leer, de echar de menos a sus madres.

Increíblemente, Choeung Ek es tan solo uno más de los más de mil campos de la muerte repartidos por Camboya, quizás el más famoso de todos (debido a la película de 1984, ‘Los Gritos del Silencio’), pero seguramente no donde más personas fueron asesinadas. Cada año, el 9 de Mayo, la estupa que sirve como memorial, se convierte en el punto central del Día del Genocidio, recordando a las más de 1,7 millones de personas que fueron asesinadas durante los 3 años, 8 meses y 20 días que los jemeres rojos horrorizaron al Mundo.

En 2005, Choeung Ek fue transformado en un museo del horror, por una compañía japonesa, con el objetivo de “realzar la belleza de este antiguo huerto”, aunque como siempre en este país, la razón principal sea monetaria. El Gobierno camboyano permite a la compañía JC Royal dirigir este nuevo museo durante los próximos 30 años a cambio de unos 15.000 dólares anuales, incrementando el número de camboyanos y extranjeros que visitan el lugar, y pasando éste a ser parada obligatoria en el viaje a Phnom Penh de cualquier turista, junto con la prisión S-21 y el Palacio Real.

Camboya, un país donde las muertes más atroces han servido para que en la actualidad algunas empresas se enriquezcan a base de vender el sufrimiento de un país, que quiere cerrar de una vez por todas las heridas del pasado. Aunque en las caras de los más de quinientos turistas que visitan diariamente este museo de la muerte, se sigan reflejando día tras día, el horror de algo que supera todos nuestros limites de lo imaginable.

“El demonio del mal es uno de los instintos primeros del corazón humano”, Edgar Allan Poe.

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