Viernes 28 de marzo de 2014,
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Ciudadanos ejemplo: candil de la calle, oscuridad de su casa

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OPINIÓN / Si los aromas se reflejaran en las imágenes, ¿habría gente que mirara lo que es un basurero, un muerto después de tres horas de permanecer tirado en la vía pública o, simplemente, un río de aguas negras?

En este mundo sabemos que hay gente que busca que los conciudadanos sean concientes de la importancia de mantener limpia nuestra área habitacional, las calles, la ciudad, el Estado, cuando en cambio hay otras que escudándose detrás de su religión, hacen exactamente todo lo contrario y únicamente se preocupan por decirle al vecino y al mundo: “yo profeso la palabra de Dios”, mientras que de sus casas sin importarles el daño que causan a sus vecinos o al medio ambiente dejan que la fosa séptica rebase su nivel y que esas aguas negras hediondas corran a través de las calles que otros quieren que permanezcan limpias.

Tal es el caso de un ciudadano habitante de la mal llamada zona rural de Tijuana. Él no ha sido capaz de conectar la red de su domicilio a la pública, a pesar de que frente a su domicilio hace ya algunos años atrás se encuentra instalado el sistema de drenaje municipal.

No han sido una ni dos las quejas que se tienen sobre este ‘buen samaritano’, el cual dedica largas horas con Biblia en mano a pregonar la palabra de Dios tocando puerta por puerta o acudiendo a su templo. Hecho muy respetable ante los ojos de cualquiera, porque la religión nada tiene que ver con los malos hábitos personales, o que en lo personal sea ateo gracias a Dios.

Lo que si no se vale es que este mismo ciudadano barre el frente de su casa y la basura que acumula, ahí mismo la deja, no la deposita en un contenedor para que cuando pase el camión recolector este se la lleve y la deposite en el sitio municipal designado exprofeso para ello.

O si se trata de sacar tierra que ya no utilizará en su terreno, igual, solo la deposita en plena vía publica y que sea o el aire o la lluvia quien la hagan desaparecer no importándole que los vecinos sufran con esta por el polvillo que se genera o con los lodazales patinadores que se crean en el concreto de las calles.

Uno de los vecinos, llamado Ernesto, nos dice: “En mas de una ocasión le he querido hacer ver la irresponsabilidad de sus acciones, pero vaya que soy majadero para hablar y él apenas escucha una palabra altisonante, entonces se mete a su domicilio, se refugia en sus libritos y no vuelve a salir”.

Este mismo vecino nos dio otra dirección en donde iguales cosas se hacen por parte de sus habitantes, domicilio ubicado en la calle posterior a la que vive el primero mencionado, pero ahí es peor, porque cada atardecer se dejan correr las aguas acumuladas del día, aguas revueltas con deshechos humanos, con los restos que quedaron de la comida del día, etc.

De esta situación llama la atención el tamaño de la grieta que se ha abierto en la calle a cielo abierto por el correr de las aguas, grieta que incluso ya en alguna ocasión anterior causó problemas a unidades de bomberos que acudían a apagar un basurero encendido por los propios vecinos del área, fuego que amenazaba con propagarse a las humildes casas construidas con madera.

“Ya se ha hablado con las autoridades correspondientes en varias ocasiones y hasta la fecha no se ha tenido respuesta alguna”, añade Ernesto en su comentario, y termina con un: “¿Y qué hacemos, golpearlo, de qué sirve? Sería solo comprometernos y de por sí ya bastante tenemos con los cholos (malvivientes) que andan asaltando en la zona a cualquier hora del día, y si no se ve una autoridad policíaca que venga a poner paz, entonces es echarle más leña al fuego”.

Y si a lo anterior le sumamos el desinterés del Gobierno por arreglar la situación vecinal, al ser estos habitantes desde el año 2000 invasores de los predios que ocupan, entonces más nos preocuparíamos, porque los mencionados son parte de un terreno que fue entregado por el Gobierno federal a ejidatarios de la zona en el periodo presidencial de José López Portillo (1976-1982). Y entonces consideremos, ¿de qué sirve que haya COP-16 o diez mil reuniones de este tipo, para mantener el medio ambiente sano, si nos vamos a encontrar con cientos de habitantes de este tipo?

Ciudadanos que, escudándose en la bandera de la pobreza la mayoría, y alguno que otro ‘vival’ mezclado entre ellos y que reza el dicho de ‘a río revuelto, ganancia de pescadores’, son continuamente desalojados por la vía judicial al negarse a pagar la parte correspondiente al terreno que habitan, so pretexto de carecer de fondos económicos o que el Gobierno no les resuelve quien es el dueño original o que fue adquirido mediante un traspaso con un tercero en discordia.

Tras hacer un recorrido por el área y observar el desinterés común que existe, me quedé pensando en aquella frase que reza: ‘Dios los cría y ellos forman una colonia’.

No es la religión la que hace un buen o mal ser humano, porque el respeto a los demás se va aprendiendo poco a poco en el transcurrir de la vida. Vivir en el cochinero no significa que ya porque el vecino no saca sus barbas a remojar el otro tampoco lo va a hacer, o lo que es lo mismo, son los designios de Dios y es el esfuerzo lo que ayuda a salir adelante, no hay que esperar a que el Gobierno haga algo mientras solo se está a la expectativa y arrojando la suciedad al aire libre y que otros la aguanten.

Esperemos pues que el recién entrante nuevo Gobierno ahora sí ponga mano dura con este tipo de personas, porque vaya que lo piden a gritos.

Agradeciendo el interés puesto en mis notas presentadas durante el transcurso de este ya casi extinto 2010 y deseándoles unas felices fiestas navideñas y lo mejor de lo mejor para ustedes en el año venidero, les recuerdo: ¡Dios bendiga América!

 

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