Viernes 20 de enero de 2017,
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Colapso en la OMC, maquinaria de ‘perpetuos procesos de negociación’

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Pascal Lamy, director general de la OMC

Análisis

Las negociaciones para la apertura de aduanas se tornan de nuevo en fracaso: el Norte no quiere dejar de subvencionar a sus campesinos y al Sur se le impide competir. Estos son los entresijos de la organización abanderada de la globalización económica mundial.

FRANCIA -// Desde hace 7 años, los fracasos se acumulan para la Organización Mundial de Comercio (OMC) y su director general, el francés Pascal Lamy. Iniciada en 2001, la denominada “ronda Doha” (capital de Qatar) lleva como objetivo lograr la apertura generosa de las compuertas aduanales de sus países miembros (153), en virtud de la liberación comercial de sus productos agrícolas, industriales y de servicios.

Lamy intentó una metodología de riesgo en las negociaciones al dividir
los países en clanes, que a su vez se conformaron en bloques
Está el bloque norte (EE UU, UE y Japón), que defiende una
política de subsidios a sus producciones agrícolas, en detrimento del
bloque sur (compuesto por los países latinoamericanos, de África y
Asia), donde éstas son raquíticas
El Comisario Europeo de Comercio y el Presidente de la UE (Sarkozy) se enfrentan en un ‘ping-pong’ diplomático a causa de estas mismas negociaciones

Pero este martes 29 de julio, y después de 9 días de arduas discusiones, Lamy confirmó que “esta reunión es un fracaso”; contraste de su optimismo días atrás, al decir que contaba con un “50%” de posibilidades de lograr un acuerdo.

Lamy intentó una metodología de riesgo en las negociaciones al dividir los países en clanes, que a su vez se conformaron en bloques. La técnica “simplificadora” de Lamy fue priorizar, en las reuniones de trabajo, los representantes de China, India, Brasil, la Unión Europea (UE), Australia, Japón y los Estados Unidos; evidentemente poco apreciado por los “otros” países miembros; la “sala verde”, escenario del secretismo y la ironía, donde un puñado de participantes (ministros, embajadores, delegados, representantes entre otros) dan el tono a seguir a los demás miembros y a la prensa mundial.

“No nos malentiendan, no queremos una invitación al ‘green room’, no queremos ser parte del grupo de países que escalen el Monte Blanco y que luego cuenten a los otros 120 como se ve Ginebra desde el cielo. Nosotros queremos que los 153 miembros tengamos el derecho de participar y defender directamente nuestros intereses en todas las fases de la negociación y especialmente durante esta semana”, extracto de la intervención del embajador boliviano, Pablo Solón.

Los bloques

Está el bloque norte (Estados Unidos, UE y Japón), que defienden una política de subsidios a sus producciones agrícolas, en detrimento del bloque sur (compuesto por los países latinoamericanos, de África y Asia), donde las ayudas económicas son raquíticas por partes de sus gobiernos.

En 2002, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), aportaron a sus agricultores 335 mil millones de dólares en subsidios a su producción. Peor aún, la rentabilidad a todo costo lleva a países como Estados Unidos o Francia, por ejemplo, a exportar en África o Latinoamérica su producción excedente a precios raquíticos, aniquilando el esfuerzo de millones de agricultores del tercer mundo.

En los países donde los salarios son bajos, el 70% de los empleos son agrícolas; en aquellos donde los sueldos son representativos de la clase media, hay 30%. En Europa o Estados Unidos solamente representan un 4% de empleos provenientes del campo[1].

Esto fue una de las causas del fracaso en las negociaciones de la OMC. India y China cuentan con cientos de millones de campesinos que sobreviven de su trabajo agrícola. China dio marcha atrás -había evidenciado una ligera apertura- a la idea de disminuir sus derechos aduanales sobre el arroz, el azúcar y el algodón. Mismo caso en la colisión entre India y los Estados Unidos, debido al “mecanismo de salvaguarda”: consistente en aplicar tarifas excepcionales de los productos agrícolas frente a una súbita alza de importaciones, o una disminución de precios, con la finalidad de proteger los productos nacionales.

Promesas, acuerdos, avances y bloqueos

Washington evocó una hipotética reducción de sus subsidios agrícolas, pasando de 22,5 mil millones a 15 mil millones de dólares, paulatinamente; mínimo esfuerzo para uno de los gobiernos que más exigió en las reuniones; en pleno periodo electoral, Estados Unidos jugó el juego, pero sin ningún objetivo de fondo pues conciente que el arribo de una nueva administración significaría recomenzar todo de nuevo.

Del otro lado del Atlántico, Peter Mandelson, comisario de comercio de la UE,  propuso una barroca ecuación que permitiría reducir de 40 a 60 por ciento sus derechos aduanales en el rubro agrícola. Los productores de banana en algunos países de América Latina ganaron, quizás, un litigio de 15 años con respecto a la exportación de banana hacia la UE (el impuesto europeo del banano latinoamericano podría reducirse paulatinamente de 176 euros la tonelada, en 2009, hasta llegar a 114 euros en el 2016); enfadados, los productores del mismo fruto pertenecientes al llamado grupo ACP (África, Caribe y Pacífico), que actualmente están exentos de todo tipo de arancel en el viejo continente, creen verse en una carga de competencia ante la producción del fruto amarillo latinoamericano, evocando un contraataque de procesos jurídicos contra dicha decisión. 

Además, está la discordia política entre Peter Mandelson y el presidente francés, Nicolás Sarkozy (que es también presidente en ejercicio de la UE). En su visita a Irlanda el 21 de julio, Sarkozy mostró un carácter amable y comprensivo ante el ‘No’ emitido por los irlandeses contra el tratado de Lisboa (una semana atrás, había dicho, “los irlandeses deberán volver a votar”).

‘Ping-pong’ diplomático

En Dublín el presidente francés dio razón a los campesinos de ese país y criticó la posición de abertura de Mandelson, favorable a ceder algunas concesiones de la UE que ayuden al comercio mundial y a la OMC. Francia, España, Italia, Polonia e Irlanda, países donde la producción agrícola es importante como también las subvenciones que reciben de sus gobiernos y de la UE, se manifestaron contra el rumbo tomado por Mandelson, mientras que Inglaterra, Alemania, Dinamarca y Suecia siguieron la lógica del comisario del comercio exterior de la UE.

Mandelson demandó una muestra tangible al presidente en turno de la UE para intentar un avance; respuesta de Sarkozy, el 24 de julio: “Al OMC, ese acuerdo que está sobre la mesa, si no es modificado, no lo vamos a firmar”, puntualizó el presidente galo.

Un “ping-pong” diplomático: Mandelson respondió horas después desde Ginebra; “La comisión (europea) está encargada de negociar aquí, en la OMC, en nombre de todos los estados miembros. Nosotros continuaremos así sobre esta base de mandato que tenemos”, devolvió la cortesía Mandelson. Las infructuosas negociaciones de la OMC pararon, de momento, las rencillas políticas entre Mandelson y Sarkozy.

¿Cómo comprender o explicar los mecanismos de la OMC?, Renato Ruggiero (su primer director de 1995 a 1999) mencionó que se trata de una maquinaria “de perpetuos procesos de negociación”.

Quintaesencia de la globalización, la OMC y sus 153 países miembros intentan, desde hace años, un consenso general del mercado planetario de la producción agrícola, industrial, tecnológica y de servicios; sin embargo, todos estos esfuerzos son seguidos a la lupa por el verdadero control global que ejercen 300 ó 500 empresas multinacionales, dominantes del comercio mundial[2].



[1] John Ralston Saul, “Mort de la Globalisation”, (Muerte o colapso de la globalización) 2006, Ediciones Payot. Pág. 122. 
[2] Jean Ziegler, “Los nuevos amos del mundo y aquellos que se les resisten”, 2002, Ediciones Fayard, nueva edición. Pág. 180.

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