Lunes 14 de abril de 2014,
Bottup.com

Colombia, la democracia vigilada

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Análisis

La más que evidente influencia de los paramilitares y la guerrilla en
la política colombiana junto con el poder onmipotente de los
narcotraficantes hacen que la democracia colombiana se encuentre en
peligro


La constatación de los nexos de unión entre paramilitares y
políticos del ámbito cercano al presidente Uribe, entre ellos una
ministra forzada a dimitir, solo lleva a pensar que el valor de las
decisiones de los colombianos pasa, de forma indefectible, por el
escrutinio de los criminales del narcotráfico.

Colombia vive una democracia aquejada de grandes males, casi como un Macondo mitológico, que se resuelven de manera inaudita. En la situación de guerra perenne con las guerrillas desde hace más de cuarenta años y con los paramilitares desde 1997, todos ellos con la sombra alargada de los narcotraficantes en todo el país y con un desencuentro con sus vecinos Venezuela y Ecuador, la situación de la democracia en el país encuentra serios obstáculos.

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Mapa de Colombia (Wikipedia)

La más que probable cercanía de grupos de paramilitares con parlamentarios, alcaldes, concejales cercanos al presidente Uribe, como la ex ministra de exteriores Maria Consuelo Araújo, dimitida por el escándalo de la parapolítica, y personas familiares y cercanos, hacen creer en una democracia paralela en el país en mano de los grupos de ultraderecha paramilitares en forma de pactos, como el de Ralito, uniones o simples compras.

Algunos líderes paramilitares se jactaban hace tiempo de controlar el 35% de la cámara de representantes colombiana. Los paramilitares, Autodefensas Unidas de Colombia, son la imagen especular fomentado por terratenientes y la CIA ante el avance y “crecimiento” como “estado” de los ejércitos populares guerrilleros. Las narcoguerrillas marxistas, ELN, y las FARC, cada día más narco y ricas y menos marxistas, y los paramilitares disponen de infinitos recursos de poder e influencia debido a su ligazón con los grandes grupos narco del país. Esta riqueza ha generado una red de influencias que recorre el país de norte a sur en todos los estamentos.

La desmilitarización y desmovilización, éxito del gobierno Uribe, de los grupos paramilitares, con adecuadas y oportunas muertes de líderes incómodos como Carlos Castaño, como se puede ver no ha desarticulado el poder de éstos como tampoco las treguas con las guerrillas ha acabado con los ataques, secuestros o tráficos de armas, personas y drogas, sólo la frecuencia y la virulencia.

La ayuda norteamericana, Plan Colombia, a cambio de eliminación de cultivo de hoja de coca y erradicación de la violencia, parte del entramado narco, ha logrado serios avances. Los narcos intentan contrarrestar las acciones infiltrándose y controlando las estructuras del país, ya sea mediante tratos con la guerrilla y el gobierno, ya sea mediante su acción en los grupos paramilitares. No cabe duda que el escandalo del “paragate” tendrá su influencia en la política estadounidense en el momento de decidirse la cuantía de la ayuda norteamericana este año en un senado norteamericano muy disconforme con la política exterior estadounidense.

Las guerrillas albergan un gran número de secuestrados, por muy largo tiempo, como el liberado y recién ministro Fernando Araujo Perdomo, sustituto pero sin vinculación con la Ministra Maria Consuelo Araujo, y la candidata a la presidencia en 2002 Ingrid Betancourt y una influencia, sino directo apoyo del enemigo ideológico, tras la frontera venezolana y ecuatoriana.

La fortaleza de los grupos guerrilleros, verdadero poder en algunas zonas, y la dificultad de ganarles la guerra obliga a acuerdos, en muchas ocasiones regañados con el poder del legislativo y ejecutivo delegado de la configuración del país.


De esta forma, la intromisión activa de los grupos guerrilleros y de los paramilitares y su parapolítica, todos ellos alimentados de una manera u otra por los grandes narcotraficantes, se tiene que la democracia colombiana es de las más vigiladas del mundo o, dicho de otra manera, donde el voto de los ciudadanos vale menos y la seguridad y la vida de las personas está más en juego.

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