Jueves 30 de marzo de 2017,
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Colombia, una pena vigilada

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Las relaciones trenzadas entre la guerrilla paramilitar colombiana (AUC) y los políticos del gobierno de Álvaro Uribe amenazan no sólo la economía, política y estabilidad maltrecha del país, sino también la propia esencia del estado.

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El presidente, Álvaro Uribe

Las cada vez más comprobadas relaciones entre las AUC, autodefensas unidas de Colombia, y el gobierno de Álvaro Uribe amenazan no sólo la situación del Gobierno, sino del propio estado.

Que los paramilitares llegaran a controlar el parlamento y que el flujo de dinero del narcotráfico, las haciendas intervenidas y de la lucha contra la coca acabara en manos de políticos, militares y policias e incluso el Gobierno, prueba una relación terrible. Se comprueba también que las relaciones entre los políticos y los paramilitares buscaban una “renovación” y reconstitución del estado colombiano que suena demasiado al río del golpe de estado.

Por suerte no se ha dado de manera explícita, aunque todos estos nexos declaran de forma inmanente que quizás ya se había realizado. En estos días se recambia la cúpula policial al comprobarse espionajes contra miembros de la oposición, de colectivos críticos e incluso del partido en el gobierno. Al tiempo, terribles fosas comunes de paramilitares aparecen como muestra de una guerra larvada en el subsuelo ideológico y político.

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Un paramilitar de las AUC

Colombia, en un país donde la emigración opta, en muchas ocasiones, por la vida en el exterior más que por el futuro económico, parece haberse dividido en cuatro: las guerrillas marxistas y apoyadas en el negocio narco y cierta connivencia de Venezuela y Ecuador (FARC y ELN); el disuelto -pero de larga sombra- ejército paramilitar AUC; la política y políticos a la sombra de los grupos anteriores, acomodaticios, flexibles; y por último el cuarto, que es la verdadera Colombia, el país que anhela la verdadera democracia, sin vigilancias, el desarrollo y la paz.

Colombia representa el mayor aliado de EE UU en la zona y es presumible que todas estas componendas político-paramilitares no le seas desconocidas ante el auge de la opción revolucionaria bolivariana del vecino venezolanoEl futuro no pinta claro para Colombia, porque no quieren, porque no deben, por que no les dejarán y, puede, que porque no sea conveniente para que no acabe todo en una mayor guerra civil aún.

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