Domingo 25 de septiembre de 2016,
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Cómo pasar el tiempo

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Sin presente y sin futuro para planificar, necesariamente, la vida en la vejez tiende a refugiarse en el pasado: ¡qué tristes perspectivas de vida se avecinan para las personas mayores!

Nuestras limitaciones a lo largo de la vejez y últimas vivencias -con la experiencia que dan los años…- hacen que éstas nos concedan el tiempo suficiente para poder pensar y plantearnos ‘cómo pasar el tiempo’, y entiende uno que debemos dedicarnos, precisamente, a desarrollar aquellas actividades que, por falta de tiempo, nunca pudimos realizar: escuchar música, escribir, pintar, leer libros (para fortalecer y ampliar nuestro intelecto), pasear disfrutando de la ‘madre naturaleza’ con nuestros pocos amigos -que se cuentan con los dedos de una mano y aún nos sobran dedos-… ¡Tantas y tantas ocurrencias que no pudimos hacer…!

Sin presente y sin futuro para planificar, necesariamente, la vida en la vejez tiende a refugiarse en el pasado: ¡qué tristes perspectivas de vida se avecinan para las personas mayores! Pienso, muchas veces, que es provechoso reírse de uno mismo e, incluso, de nuestra propia sombra: de esta manera descubro lo poco que sé, y lo mucho que me queda por aprender.

El trabajo es para muchos de nosotros -de la tercera o de la cuarta edad, sólo Dios lo sabe-, la única actividad que nos produce suficientes motivos para seguir viviendo, a la vez que constituye una manera o forma de llenar nuestras vidas, que se mueven en el olvido de propios y extraños.

La sociedad que nos ha tocado vivir ha relegado a las personas longevas, única y exclusivamente, para que emitan su voto cada cuatro años… A lo sumo ha construido pocas residencias -jaulas de soledad- donde podemos ir a morir

La sociedad que nos ha tocado vivir (¿esa maravillosa democracia española, que nos habla del estado de bienestar para todos, que nos habla de la igualdad de oportunidades, que nos habla de viviendas asequibles para nuestra juventud…?) ha ‘roto aguas’ por los cuatro costados, y ha relegado a las personas longevas, única y exclusivamente, para que emitan su voto cada cuatro años… A lo sumo ha construido pocas residencias -jaulas de soledad- donde podemos ir a morir, y, desde luego, ser olvidados por propios y extraños. Eso sí, para morir con tranquilidad, llevando sobre nuestras espaldas sacos pesados con tierras cargadas de olvidos, penas y sinsabores.

Volver a enamorarnos -nuestros corazones perezosos por el paso del tiempo, que son el sol de nuestras vidas ya marchitas-, ya que, indudablemente, los mayores también somos seres humanos que poseemos nuestros corazoncitos -que siguen latiendo con lentitud-, pero caminamos despacio, hablamos despacio, comemos despacio… Debemos pasar ‘Del rosa al amarillo‘, esto es, de la vitalidad y pasión amorosa juvenil a un status de personas maduras: vida afectiva, segunda actividad, fomento de la cultura, hacer lo que nunca pudimos llevara la práctica… ¡Ah!, se me olvidaba (¿no lo adivináis?)…, y continuar nuestra vida sexual, un tanto limitada, y quien diga lo contrario miente como un cosaco (pido disculpas a los cosacos), pero relegada al quinto lugar según el orden expuesto de lo que piensa un semejante vuestro, que puede estar equivocado.

Nuestras jubilaciones son una buena etapa de nuestras vidas, dorada diría yo, para viajar -aunque sea con el Imserso-, y conocer muchos países: gentes, costumbres, artes culinarias, folclore… Hemos de perder el miedo…, que todos tenemos, a subir en los aviones, pues sabemos que, a lo largo del año, son innumerables las personas que fallecen en accidentes de tráfico por las carreteras españolas y del mundo entero.

“Hoy en día -me comentaba un viejo amigo, con el que tengo la costumbre de tomar café todos los días-, el hombre/mujer tienden a vivir mayor número de años, comenzando a trabajar tardíamente, y jubilándose muchos antes que en tiempos pasados”. Hechos contrastados todos mañana, tarde y noche por los medios informativos. Y es que en la vejez nos sobra el tiempo, que marcan los relojes, como ‘testigos del tiempo’ que son (tic tac, tic tac del reloj). “¿Qué son mil años? El tiempo es corto para el que piensa, e interminable para el que desea”, Émile Chartier.

No es raro comprobar que el anciano/a se cambie, con cierta frecuencia, desde el domicilio de un hijo al de otro. Llegamos a entender que somos… viejas maletas que se van pasando de mano en mano

“¿Qué haces?, ¿a dónde vas?, ¿quién ha llamado?, ¿qué pondrás de comer?”. Éstas y muchas otras conversaciones se producen, de hecho, dentro de los hogares, cuando los hombres jubilados no desempeñamos actividad alguna. Con lo que, sin duda, al sobrarnos tanto tiempo para no hacer ‘nada’, podemos llegar a hacernos un tanto molestos -en nuestros propios domicilios-, con nuestros familiares. En cualquier caso, y si lo estimamos conveniente, no sería mala estratagema integrarnos en grupos de trabajo para colaborar en tareas humanitarias, religiosas, ecológicas, etc.

Y esto ocurre cuando las personas mayores saben, mejor que nadie, qué es importante en la vida, qué es accesorio, qué merece la pena hacer o desarrollar, qué amor es el verdadero y cuál es el falso… Sí, desde luego, es cierto que los humanos llevamos anexa a nuestras mentes la soledad, sí, la Soledad, cuando nos encontramos mermados en nuestras facultades físicas y mentales. Porque nuestros vínculos con los hijos -familias generalizadas-, se van debilitando progresivamente a medida que cumplimos más años.

Y, sin embrago, entiende uno que la longevidad es un gran tiempo de ocio, que nos permite dedicarnos a laboriosidades que engrandecen el corazón al hombre y a la mujer, y viceversa. Y de esta manera buscamos y encontramos tranquilidad en el alma, y sosiego en nuestros corazones…, que ya corren cansinos por la tierra prometida.

Hoy por hoy no es raro comprobar que el anciano/a se cambie, con cierta frecuencia, desde el domicilio de un hijo al de otro: en cortos espacios de tiempo. Uno, cualesquiera, todos los que somos protagonistas de la senectud -período natural de la vida humana-, llegamos a entender que somos… viejas maletas -rotas y desteñidas- que se van pasando de mano en mano nuestros descendientes, tal y como si nadie las quisiera. ¡Qué triste resulta nuestra vejez que…!

Esto fomenta, indudablemente, que el anciano deje de entender que la vida, y hasta nuestra muerte, tiene un sentido y muchas finalidades: respetémonos y amémonos los unos a los otros, que ésta es la verdadera religión del ser humano. Atrás quedan los cristianos, los mahometanos, los católicos, los budistas…, todas las religiones que tienen un solo Dios: el Dios de todas las religiones. Y comprendo que, si cada día tenemos un sueño, una ilusión, una tarea a desarrollar, de esta manera moriremos -poco a poco- sin darnos cuenta.

Por último, como colofón, no dejo de leer y comprobar que son los ancianos -sus personas- en los que se acumulan mayores índices de depresiones y suicidios. Vivir en estas situaciones y desear la muerte, verdaderamente, todo es uno. Por cierto, que los viejos deben y pueden enamorarse, pues mientras hay vida existe siempre el camino hacia la esperanza.

La Coruña, 15 de noviembre de 2010
Mariano Cabrero es escritor


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Sobre el autor

(...)He nacido en Madrid, 8 de Noviembre de 1938. Estoy casado y con dos hijos. Soy esscritor, poeta y ensayista. Funcionario de La Administración del Estado(escala Ejecutiva), jubilado, pero con unas ansias enormes de seguir escribiendo para aprender de los demás. Informar, tratar de ilustrar y entretener forman parte de mi bagaje cultural, que renuevo a diario. Y en todo momento trato de transmitir tranquilidad y esperanza a la sociedad actual: todo dentro de una ética periodística adecuada a cada momento. Busco como articulista el informar cuanto antes lo que acontece a mi alrededor. Lo demuestro con mis humildes obras( hijos propios salidos de mis sueños): "Periodismo: ¡Difícil profesión!" (1995) y "Mi compromiso con el periodismo" (1998). Intento penetrar en el difícil mundo de la poesía, y lo lleva a cabo con silencios, diálogos con muertos y con la exaltación del amor a la mujer: el ser más maravilloso sobre la tierra. Trato de demostralo con mis libros de poemas : “Reminiscencias de mi juventud, Poemas" (1994), "Miscelánea de muertes, sueñosy recuerdos, poemas" (1995), "La realidad de mis silencios, poemas" (1997) y "La travesía de la vida, poemas" (2001).Siempre escribo para aprender de los demás, de sus críticas, de sus consejos...He tratado de no mentir, más uno lo haría en dos casos muy concretos: a) para salvar la vida de un ser humano, y b) para elogiar la belleza de una mujer –parto de la base de que para uno existen tan sólo mujeres menos guapas, pues toda mujer tiene su encanto...-.

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