Sábado 10 de diciembre de 2016,
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La ley del boomerang: Gadafi

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OPINIÓN / Hoy se ha dado a conocer la muerte de Gadafi tras nueve meses de conflicto armado en Libia

Recuerdo el denigrante mensaje que expresó Muamar Gadafi el pasado 22 de febrero de 2011 donde llamaba a la represión de aquellos que ya se cansaron de su dictadura y abusos de poder.

Una frase de aquel tétrico y sepulcral mensaje que me llamó la atención y me hizo sentir coraje fue la siguiente: “culminar con las ratas traidoras”, esas eran las expresiones de un supuesto ‘líder’ de nación contra sus mismos ciudadanos. Qué repulsivo y denigrante se escuchaba un acobardado Gadafi con el miedo en cada poro de su cuerpo sabiendo que ese sería el comienzo de su final.

¿Qué líder llama de ratas a aquellos que no toleran el abuso, la opresión y la resta de derechos a su pueblo?

¿Qué líder llama de ratas a aquellos que no toleran el abuso, la opresión y la resta de derechos a su pueblo? Solo uno cuya ambición ha sido su único norte, uno que a sus 27 años entra al poder y según pasan los años mayor es su sed de poder desmedida y ambición.

Hoy, casi nueve meses después del inicio del conflicto, se despierta Sirte, su ciudad natal, con los ruidos de las bombas y más aún de los gritos de celebración de la caída del moribundo régimen gadafista, lo que fue su ‘República Popular Socialista’ hoy es el poderío y la fuerza mayor de aquellos que nueve meses antes habían sido llamados ratas por su gobernante.

La ley del boomerang le llegó a Muamar Gadafi, en aquel nefasto mensaje de febrero él decía que moriría como un ‘mártir’, causándome totalmente gracia esa desfachatez en confundirse él mismo con un mártir, porque los mártires morían por su fe religiosa y por defender a sus pueblos, no por ambiciones completamente políticas oprimiendo hasta la saciedad a sus conciudadanos, que mucho tenía que aprender Gadafi de Mohatma Ghandi.

Dijo el dramaturgo austríaco llamado Franz Grillparzer: “Las cadenas de la esclavitud solamente atan las manos: es la mente lo que hace al hombre libre o esclavo”.

Los rebeldes libios se dieron a respetar y dieron a respetar a su tierra contra aquel que solo atentó contra la libertad y la conciencia ciudadana, contra aquellos que dieron un paso al frente sin temor para poder lograr liberarles, atados quizás en su democracia, pero no en su sentido común de lucha, de entrega y de fuerza y coraje para luchar.

Fueron 42 años de represiones y abusos, lo que comienza como ‘cambio’ resulta ser más de lo mismo, cabe comprobar que lamentablemente en la mayoría de las veces es así.

De iniciar un gobierno de facto culmina como un gobierno nefasto que derramó la sangre de su pueblo descaradamente sin piedad, les atacó con armas, violaciones, abusos y atropellos y les insulta llamándoles “ratas” por el simple hecho de ansiar el derecho que un día tuvo él al cambio de liderazgo.

Su extravagancia lo fue marcando con el paso del tiempo, ni sus trajes de colores ni las mujeres que colocó como escoltas armadas le librarían de la justicia ciudadana

Su extravagancia lo fue marcando con el paso del tiempo, ni sus trajes de colores ni las mujeres que colocó como escoltas armadas le librarían de la justicia ciudadana cansados ya de sus abusos y el de su familia que tanto le respaldó.

“Ratas”, esa palabra que un pueblo supo interpretar como lucha, entrega y sacrificios para liberar su tierra, una palabra ofensiva… para la rata, si le hubiesen confundido con Muamar Gadafi.

Desde su toma de posesión en 1969 a sus 27 años nunca dio paso a que el pueblo se expresara, que pudieran democráticamente interiorizar y actuar, quizás por miedo a saber que el pueblo le juzgaría por descubir la catástrofe que vivirían por 42 años.

Cuando en 2003 Trípoli reconoce su participación en el atentado contra el vuelo de Pan Am en Lockerbie, se despierta mayor conciencia mundial sobre lo que en 1969 se creaba, un gobierno déspota y sin piedad alguna.

Cuando un político se endiosa, como Muamar Gadafi, y se cree dueño, amo y señor de la voluntad de un pueblo es cuando la ambición superó sus propios límites y sobrepasó cualquier renglón comprensible de aceptación.

Fueron miles y miles de personas las que su régimen condenó a pena de muerte y condenas desmedidas con torturas incluídas por violar las normas impuestas como medio de opresión y que la ciudadanía rechazaba totalmente. Los derechos humanos para este señor no eran nada más que basura y represión.

El que se piensa sería su copia fiel y exacta para gobernar antes de que los rebeldes comenzaran su masiva alzada sería su segundo hijo Saif al-Islam Gadafi, arquitecto de profesión. Obviamente construiría sobre las ruinas del destruido pueblo por su padre la cima de nuevas ambiciones y la continuidad de la opresión.

Cuando en 2003 Trípoli reconoce su participación en el atentado contra el vuelo de Pan Am en Lockerbie, se despierta mayor conciencia mundial sobre lo que en 1969 se creaba

Comenzó su paso por los crímenes igual que su padre, pero el pueblo en agosto de 2011 le capturó, supuestamente cuando las fuerzas rebeldes tomaban el control en la lucha contra su padre Muamar. Tal para cual cuando instó en varios mensajes a continuar los ataques contra los rebeldes sin importar cuanta sangre se derramara de su pueblo.

Hoy, si esta noticia fuera a darle un titular en la prensa local (Puerto Rico) quizás dictaría con una típica frase caribeña que lee ‘a cada cerdo le llega su Navidad’, quien llamó ratas a sus conciudadanos fue acorralado hasta el final y probó de su propia medicina. Un pueblo agotado, hasta cierto punto hastiados ya de tanto dolor y represión, de tanto derramamiento de sangre de miles de civiles inocentes fue el detonante para luchar hasta el verdadero final, hasta hacer de Muamar Gadafi un mal sabor de boca difícil de borrar, pero sí de superar con nuevos bríos.

Como legó en sus letras el escritor y poeta italiano Arturo Graf: “Si no tienes la libertad interior, ¿qué otra libertad esperas poder tener?”. Hoy quedó en claro la libertad interior de todo un pueblo, de millones de personas, es lo que sucede cuando los pueblos se cansan del abuso de poder y de las imposiciones ambiciosas de los que dirigen las riendas.

Mumar Gadafi se intentó crecer mucho en política, no cabe duda, pero le faltaba lo esencial, colocar en práctica el respeto ciudadano. Pero conocer y saber son dos cosas diferentes y cómo dijo ese escritor español, Baltasar Gracián: “El primer paso de la ignorancia es presumir de saber”, y supo tanto, como decimos en Puerto Rico, que supo a ‘mierda’, hoy el pueblo le mostró que él sabía, pero ellos conocían.

Que el pueblo sea de justo criterio para no repetir posturas y sean prudentes y minuciosos a la hora de depositar su confianza a nuevos lideres, hoy aquel discurso del 22 de febrero de 2011 se le revertió en su contra, porque el verdadero líder jamás llamará ‘ratas’ a los que tienen tantos derechos como los tiene él, diferenciando que los del pueblo no van con posturas abusivas.

“Una nación que gasta más dinero en armamento militar que en programas sociales se acerca a la muerte espiritual”, Martin Luther King.


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