Lunes 27 de marzo de 2017,
Bottup.com

‘Concejo abierto’ en Almagarinos

1 punto2 puntos3 puntos4 puntos5 puntos6 puntos7 puntos8 puntos9 puntos10 puntos (3 votos, media: 10,00 de 10)

 

Juntas vecinales

Juntas vecinales

Los del teso el Argatón in memoriam

En Almagarinos, como en otros 1.234 pedanías (entidades locales menores) de León, está en vigor, por el momento, la institución milenaria del ‘concejo abierto’, que hunde sus raíces en la Alta Edad Media. Para los historiadores y también para los hijos del común, que hemos vivido esta institución, el ‘concejo abierto’ es la materialización de la genuina y natural democracia clásica (aquella que se practicaba en el ágora griega), del autogobierno de los propios vecinos del puebl0 y de la autogestión democrática de los recursos comunales. Así, como Monsieur Jourdin “qui disait de la prose depuis longtemps, sans le savoir”, en las Juntas Vecinales, al no generar ningún coste ni deuda, se practicaba ya la ‘sostenibilidad’, sin saberlo los vecinos de las pedanías y antes de que se creara la palabra para designarla.

Esta forma de gestionar las cosas del común, que se fundamenta en la solidaridad, en la colaboración mutua, en la democracia directa y participativa, en el trabajo en equipo y la sinergia de toda la comunidad vecinal, está en peligro

En las pedanías, cuando se ‘tocaba o se toca a concejo’, con un repique especial de una de las campanas de la iglesia, todos los vecinos acudían y acuden al lugar habitual para informarse, para debatir y para tomar decisiones, por mayoría de votos, sobre diferentes aspectos de la vida vecinal. De esta forma se decidían y se deciden la gestión y el aprovechamiento de los recursos comunales (prados, bosques, montes, molinos eólicos, huertos solares, minas a cielo abierto, cotos de caza, etc.), así como las labores de mantenimiento de presas, acequias, caminos, cañadas, etc. Para llevar a cabo estas labores se tocaba a ‘facendera’, también con un repique especial de una de las campanas de la iglesia, y los vecinos se reunían en el lugar de costumbre, desde donde partían para ejecutar los trabajos planificados de antemano en un ‘concejo abierto’. Por cierto, el uso y el papel de las campanas de la iglesia lleva el agua al molino de ese refrán leonés que las desacraliza y que reza así: “las campanas y el pendón, del pueblo son”.

Esta forma de gestionar las cosas del común, que se fundamenta en la solidaridad, en la colaboración mutua, en la democracia directa y participativa, en el trabajo en equipo y en la sinergia de toda la comunidad vecinal, está en peligro de pasar a mejor vida, si el proyecto Montoro (‘Proyecto de Ley de racionalización y sostenibilidad de la Administración Local‘) se llega a adoptar. En efecto, con este proyecto de ley se quieren eliminar las Juntas Vecinales o Pedanías, que no tienen deudas, y, al hacerlo, se van a expoliar sus recursos y su patrimonio para cederlos a las Diputaciones o los ayuntamientos, que sí tienen muchas, muchas, muchas… deudas. Por eso, desde mediados de 2012, han surgido plataformas, asociaciones y movimientos para hacer frente a las pretensiones del ministro Montoro: ese anti-Robin Hood, que quiere robar a las hormigas hacendosas, ahorradoras y previsoras (las Juntas Vecinales) para dárselo a las cigarras que han despilfarrado los recursos propios de ayer, de hoy y de mañana (los Ayuntamientos y las Diputaciones).

Desde mediados de 2012 han surgido plataformas, asociaciones y movimientos para hacer frente a las pretensiones del ministro Montoro

Esto es la teoría y, según los historiadores, así han funcionado las pedanías a lo largo de la historia y en el pasado reciente. En efecto, los nacidos en Almagarinos y que tenemos alrededor de 60 años, guardamos en nuestras retinas aquellos concejos abiertos que tenían lugar, bajo el frondoso y vigoroso nogal de mi tío Luis Cabezas Riesco, en la confluencia de las calles El Miradero, La Caleyina y La Fuente. Arrimado al tronco del nogal, como un San Luis bajo un roble impartiendo justicia, el alcalde pedáneo de turno informaba a los parroquianos de las noticias llegadas de la capital o del ayuntamiento (Diputación de León y Ayuntamiento de Igüeña) o presentaba algún proyecto para ser debatido y votado. Todo se desarrollaba con orden, con educación y con respeto. Se respetaba la palabra del que hablaba, se le escuchaba y se aplicaban la cortesía y las buenas maneras, virtudes que caracterizaron siempre a ‘los del teso el Argatón’.

Ahora bien, harina de otro costal es cómo se desarrollan los concejos abiertos hoy, en 2013. Ya no son lo que eran. El nogal de mi tío Luis Cabezas ya pasó a mejor vida y, en su lugar, ha florecido el hormigón, expuesto al implacable sol estival. El repique de campana ha sido sustituido por una convocatoria escrita, crucificada en dos tablones de anuncios. El espacio público al aire libre ha sido reemplazado por un recinto cerrado, inconfortable e incapaz de contener cómodamente a todos los asistentes. Y, en el desarrollo de los concejos abiertos, el comportamiento de algunos vecinos deja mucho que desear y es censurable bajo todos los puntos de vista.

A principios del mes de agosto de 2013 asistí a un concejo abierto en Almagarinos, convocado con un único orden del día: preparar las fiestas de verano, que se celebrarían una semana más tarde. Fue vergonzoso y degradante el espectáculo dado por algunos vecinos, que mearon directamente fuera del tiesto y que parecen tener el cerebro en los puños. En efecto, abierto e iniciado el concejo por el pedáneo Toribio Cancillo, empezaron los gritos, los insultos, las intimidaciones verbales y no verbales, proferidas por algunos vecinos que no tienen ni repajolera idea de educación, de democracia, ni de buenas maneras. Y estos despropósitos, como dijo Diógenes, “deshonran a quien las  infiere, no a quien las recibe”. Hubo incluso intentos de agresión física hacia la persona del pedáneo. Y no se llegó a las manos, ese comportamiento de villanos, gracias a los buenos oficios de algunos presentes, curtidos en bonhomía, en buenas maneras y en prácticas democráticas. Restablecido el orden, los bravucones insultadores y malhablados tomaron las de Villadiego y las aguas volvieron al concejo abierto, en el que se pudo abordar el orden del día y preparar las fiestas, que fueron todo un éxito de organización y de participación, a pesar del boicot de los ‘protestantes’ insolidarios, maleducados y sin causa.

Las pedanías y los concejos abiertos están en peligro, tanto por el proyecto Montoro como por las divisiones-enfrentamientos entre vecinos y por los comportamientos incívicos y antidemocráticos de ciertos lugareños

Las pedanías y los concejos abiertos están en peligro, tanto por el proyecto Montoro como por las divisiones-enfrentamientos entre vecinos y por los comportamientos incívicos y antidemocráticos de ciertos lugareños. Por eso, si queremos seguir disfrutando de la democracia directa y participativa de los concejos abiertos, del autogobierno y de la autogestión de nuestros recursos comunales, los vecinos de las pedanías debemos mantenernos unidos. La división es el preludio de la derrota; ‘divide y vencerás’ era el lema de los romanos, que utilizaron, en muchos casos, para vencer y doblegar a todos los pueblos de Europa. Además no olvidemos aquel proverbio chino que reza así: ‘Hebra sola no hace cuerda y árbol solo no hace selva’. Volvamos al pasado reciente de nuestros mayores, en el que vivimos, siendo niños, los que ahora estamos en la edad madura y recuperemos los valores, el ‘savoir-faire’ [saber hacer] y el ‘savoir-être’ [saber ser] de los del teso el Argatón. Mucho nos jugamos en el envite. Hagamos todos propósito de enmienda y sigamos este consejo que, hace unos meses, leí en un relato sufí: “Si hemos nacido con dos ojos, dos orejas y una lengua, deberíamos ver y oír dos veces antes de hablar”, en los concejos abiertos o en cualquier otro lugar.

Manuel I. Cabezas González
Honestidad Radical
30 de septiembre de 2013

Editado por la Redacción: subtítulo, destacados e imagen

¿Te gustó este artículo? Compártelo

Participa con tu comentario