Miércoles 28 de septiembre de 2016,
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Conjunción de belleza con heroísmo diario

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Julie Kent y Marcelo Gomes en ‘The Leaves Are Fading’. (Rosalie O’Connor, ABT)

Dedicar  la
vida  desde la infancia  al estudio de la danza es una forma de heroísmo
sin estrépitos ni estridencias, que se cultiva 
día a día con  paciencia y dedicación
abnegada.

No es fácil modelar el cuerpo 
y los movimientos  para la alta
complejidad de la superlativa expresión corporal con la música.

La mayoría de
las veces estas actitudes y movimientos van contranatura y para lograrlo es necesario el
perfeccionamiento de los grupos musculares y de la neuropsicomotricidad como un
todo, que siempre  debe ser manejado  con sabiduría pedagógica  y probado conocimiento por parte de los
maestros y corógrafos.

Cultores de la danza clásica
por excelencia, el American Ballet cuenta con su propia escuela de baile y pedagogos altamente especializados
Franco de Vita  dirige
‘The Jacqueline Kennedy Onassis School at American Ballet  Theater’, donde combinan educación científica
y clásica. Aquí se reciben alumnos entre los 12 y 18 años

Esto es más riguroso en la danza  académica clásica que en cualquiera de los
otros estilos -neoclásico, contemporáneo, etc.-. Cultores de la danza clásica
por excelencia, el American Ballet cuenta con su propia escuela de baile y pedagogos altamente especializados  que con un dinamismo que le es propio. Dividen
a sus alumnos en grupos de estudio.

Para esto no sólo se valen  de sus propios conocimientos de la pedagogía
de la danza, sino también  de médicos  pediatras especializados. Esto, por si sólo,
nos habla  del valor  que tienen los  alumnos 
para sus maestros y del perfeccionamiento pedagógico del cuerpo académico.

El cuerpo de baile del American  Ballet está compuesto por jóvenes de 16 a 20
años de edad, egresados exclusivamente tal como la directora del Metropolitan
Opera House
, Diana Levy, de su propia escuela.

El Metropolitan Opera House los recibe
anualmente entre mayo y julio y recorren los más importantes escenarios de
Nueva York y de los Estados Unidos. De Costa a Costa. Bajo el liderazgo artístico
de Kevin McKenzei.

En la actualidad, los bailarines solistas y principales son:

Solistas:  Stella  Aabrera, Kristi Boone y Misty Copeland.
Principales: Nina  Ananiashvili;
Maxim Beloserkovsky; José Manuel Carrera; Ángel Corella; Hernan Cornejo;
Irina Dvorovenko.
Rachel  Moore es la
directora  ejecutiva del ballet.

Franco de Vita  dirige
‘The Jacqueline Kennedy Onassis School at American Ballet  Theater’, donde combinan educación científica
y clásica. Aquí se reciben alumnos entre los 12 y 18 años que se dividen en:

Elemental: 12 – 14 años

 

Intermedio: 14 – 16 años

Avanzada: 15 – 18 años

Por lo general, antes de ingresar en estos módulos
educativos, los alumnos  recibieron  educación en el ‘Ballet  for the Young Dancer’ del American Ballet.
Aquí los niños ingresan a los cinco años de edad, recibiendo una clase semanal
de 45 minutos. Al próximo año, en nivel preparatorio  -6 años- 
asisten  también  a una clase semanal  de 45 minutos.

El nivel  I está constituido por alumnos
de 7 años de edad y una clase de 60 minutos semanales. Al año siguiente
integran el nivel II -8 y 9 años de edad-, donde la clase alcanza una hora y 15
minutos de duración. Según la  condición  de los alumnos a partir  de los 9 a 12 años de edad se acrecientan las
horas de estudio y, una vez finalizado este periodo de estudio, los pequeños bailarines
ingresan en ‘The Jacqueline Kennedy Onassis School at American Ballet  Theater’ .

Este dinamismo pedagógico propio y la calidad 
superlativa  de los maestros hacen
del American  Ballet  un cuerpo 
homogéneo y compenetrados unos con otros, y a pesar de la juventud de
sus integrantes,  es un cuerpo de baile paradigmático
en el circuito de la danza clásica.

Es hermoso y alentador pensar que cada día un grupo de niños
y jóvenes americanos  dedican un tiempo a
la búsqueda del perfeccionamiento de la belleza plástica a través del cuerpo y
de la sublimación del lenguaje a través de la danza. Es un esfuerzo diario. Es
un heroísmo cotidiano que tiene su recompensa en el gozo de bailar y bailar
bien y en la ovación que reciben después de cada representación.

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