Martes 27 de septiembre de 2016,
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Contemplando nuestro siglo XXI

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OPINIÓN / Partiendo de la premisa bien sabida de que la democracia es el gobierno de la mayoría, llegamos a la conclusión de que esa ‘mayoría’ ha salido de las urnas

Contemplando nuestro siglo XXI, al menos hemos de reconsiderar que los conceptos de paz y guerra han cambiado: guerra es o era ausencia de paz; paz es o era ausencia de guerra. Mas comprendemos todos que en las naciones donde hay paz, pero que no se respetan los derechos humanos, están en una continua guerra: la guerra del hambre que les conduce a sus pobladores a la pronta muerte cuando aún son todavía niños…

En las naciones donde hay paz, pero no respetan los derechos humanos, están en una continua guerra: la guerra del hambre que conduce a sus pobladores a la pronta muerte cuando aún son todavía niños

Sin embargo no podemos ni debemos olvidar la existencia de enfermos de sida (virus de la inmunodeficiencia humana) en el mundo entero y, principalmente, en países africanos. Esta enfermedad es contagiosa por vía sexual, sino se toman las medidas pertinentes al respecto y, de alguna manera, causa miles de muertes todos los días del año. Puede decirse, y lo digo, que, también, miles de niños -ángeles del cielo- pierden sus vidas al poco de nacer, y no precisamente por efecto de las bombas, pistolas y balas correspondientes. Pierden sus vidas -esperanzas del mañana- por carecer de medios económicos y fármacos necesarios que, al nacer, deberían de tomar para para convertir sus padecimientos en crónicos, con cierta calidad de supervivencia. Por tanto, nos encontramos con muchos países que, no estando en guerra, también fallecen teniendo paz.

Si existen gentes (personas) en los prolegómenos del siglo XXI que mueren de y por hambre, que no pueden estudiar por ser pobres, o que no tienen unas tristes viviendas donde cobijarse, o que son perseguidos por sus creencias religiosas, o que se visten de la misma manera haga frio o calor, o que cuando emite su propia luz el Sol sólo ven sombras, o que conviven siempre junto al dolor sin haber experimentado el placer de vivir…, entonces hemos de convenir que aquellas aunque en paz, siempre llevan sus corazones viviendo en guerra: la guerra de sus sufrimientos.

Partiendo de la premisa bien sabida -por todos nosotros- que la democracia es el gobierno de la mayoría, llegamos a la conclusión de que esa ‘mayoría’ ha salido de las urnas -votos de mujeres y hombres mayores edad: con dieciocho años cumplidos-, y como consecuencia los gobiernos no pueden dirigir los países a su antojo (Hitler -ese enfermizo y lunático hombre político, quien más tarde se convirtió en uno de los mayores dictadores que han existido en la faz de la tierra- llegó al poder por el pacto de la mayoría: mediante las urnas y los pactos: urnas y votos, pactos y votos).

Se trata de que los seres humanos vivamos todos al unísono cumpliendo con las leyes, y respetando a los gobernantes salidos democráticamente de las urnas, y de que estos últimos sepan desarrollar los derechos humanos inherentes a cualquier persona… desde su nacimiento, así como establecer una justicia social equitativa: si así lo hacen, sin duda, contribuirán a que los ciudadanos del cualquier país sientan que viven dentro de un mundo civilizado.

Existen personas en los prolegómenos del siglo XXI que mueren de hambre, no pueden estudiar, no tienen unas tristes viviendas donde cobijarse, o son perseguidos por sus creencias religiosas

La existencia de discontinuidades no nos puede alejar de la realidad, del progreso, de la modernización, del bienestar común… que viven las gentes, aunque éstos no llegan a todo el mundo. Nuestra forma de vida -en el siglo XXI- es desigual a la forma de vida de edades anteriores [recordando aquello de que “(…) cualquiera tiempo pasado fue mejor, Coplas por la muerte de su padre, Jorge Manrique (1440-1475)“], y pocos (por algunos) de los que vivimos en las actuales democracias, que censuramos según los progresos conseguidos, desearíamos residir en uno de los muchos países atrasados del Tercer Mundo para ayudar a esas pobres gentes, que hacen de sus vidas un puro y duro sufrimiento. Sí es cierto, y lo reconozco, que la modernización está permitiendo -en cierto modo- que la maldad de los hombres haya llegado a cotas de perversidad -siempre he dicho y se ha dicho que “el hombre es una fiera contra el hombre, porque los animales matan para alimentarse, pero los seres humanos matamos y torturamos por el mero placer de torturar y matar…”- sorprendentes, y hasta ponemos en duda el progreso moral humano tan necesario para la convivencia entre los pueblos…

La historia siempre se repite… para mal de muchos y bien de unos pocos privilegiados, que comercian con el hambre y la miseria de la mayoría de los pobladores de la tierra. Es duro lo que digo, pero no por eso menos cierto. Los seres humanos no escarmentamos nunca: tuvimos una amarga experiencia durante la pasada II Guerra Mundial, de muertes y horrores sin parangón alguno, y, parece ser, que no hemos sacado una enseñanza firme y duradera: ni en lo económico ni en lo político, ni en lo humano… Ha sido el más grave de los conflictos bélicos que refleja la Historia Universal hasta nuestros días.

Miles de documentos internos del Ejército de EE.UU. han sido divulgados por la página de Internet WikiLeaks, los cuales, y como secretos a voces, han puesto al descubierto las supuestas atrocidades, abusos, torturas, ejecuciones… cometidos durante la Guerra de Irak por las tropas aliadas, así como por el Ejército iraquí con el beneplácito de los EE.UU. -sus tropas-. Washington esperaba que no se descubriesen tales comportamientos presuntamente delictivos, pero gracias a Internet (web de ‘WiKiLeasks’) han saltado a la luz del día.

Es triste reconocer que nosotros los humanos –seres creados por el Dios, el todas las religiones– llevamos dentro de nuestros corazones odio y venganza negra, que repartimos sin que nuestras conciencias sientan estupor o pánico de lo que podemos ser capaces de cometer contra nuestros hermanos en el mundo entero.

Se trata de que los seres humanos respetemos a los gobernantes salidos democráticamente de las urnas, y de que estos últimos sepan desarrollar los derechos humanos inherentes a cualquier persona

Y es que siempre se ha hablado de los Derechos Humanos como algo fundamental e inherente a la persona humana. Éstos habría que respetarlos y hacerlos cumplir a rajatabla, pero uno se pregunta qué… ¿quién lo haría? Cuando Saddam Husein cometió crímenes de guerra –estando en el poder– ningún escritor árabe/musulmán fue capaz de alzar su palabra, opinión o comentario en contra de aquéllos. Existen muy buenos y competentes escritores de nacimiento árabe/musulmán. Lo mismo ocurrió cuando los atentados del 11-S en Nueva York –dirigidos por Osama Bin Ladem –, que golpearon con inmensa fuerza el corazón –esa seguridad del espacio aéreo de la que hacían gala las Fuerzas Armas americanas– de los Estados Unidos de América. Poco o nada hablamos de los crímenes que se cometen en Ruanda, o las torturas y malos tratos que se llevaron a cabo en Irak por parte de EE.UU. e Inglaterra. (No olvidemos esos ‘Cuerpos desnudos hacinados, disparos indiscriminados, convivencias en las mazmorras con los propios excrementos, cubrimientos de cabezas -¿violaciones?-, son hechos consumados sobre prisioneros de guerra en la cárcel iraquí de Abu Ghraib. Bajo estas mismas condiciones infrahumanas -aplicadas en la base cubana de Guantánamo también- los prisioneros -sean o no sean terroristas- acabarán sus vidas con sus mentes al borde de la locura. Y es que más allá del dolor existe el miedo, miedo a morir, miedo a perder la cabeza”.)

No puedo olvidar, ni por un momento, lo que Martin Luther King manifestó: “Nuestra generación no se lamentará tanto de los crímenes de los perversos, como del estremecedor silencio de los bondadosos”.

La Coruña, 17 de noviembre de 2010
Mariano Cabrero Bárcena es escritor

 

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Sobre el autor

(...)He nacido en Madrid, 8 de Noviembre de 1938. Estoy casado y con dos hijos. Soy esscritor, poeta y ensayista. Funcionario de La Administración del Estado(escala Ejecutiva), jubilado, pero con unas ansias enormes de seguir escribiendo para aprender de los demás. Informar, tratar de ilustrar y entretener forman parte de mi bagaje cultural, que renuevo a diario. Y en todo momento trato de transmitir tranquilidad y esperanza a la sociedad actual: todo dentro de una ética periodística adecuada a cada momento. Busco como articulista el informar cuanto antes lo que acontece a mi alrededor. Lo demuestro con mis humildes obras( hijos propios salidos de mis sueños): "Periodismo: ¡Difícil profesión!" (1995) y "Mi compromiso con el periodismo" (1998). Intento penetrar en el difícil mundo de la poesía, y lo lleva a cabo con silencios, diálogos con muertos y con la exaltación del amor a la mujer: el ser más maravilloso sobre la tierra. Trato de demostralo con mis libros de poemas : “Reminiscencias de mi juventud, Poemas" (1994), "Miscelánea de muertes, sueñosy recuerdos, poemas" (1995), "La realidad de mis silencios, poemas" (1997) y "La travesía de la vida, poemas" (2001).Siempre escribo para aprender de los demás, de sus críticas, de sus consejos...He tratado de no mentir, más uno lo haría en dos casos muy concretos: a) para salvar la vida de un ser humano, y b) para elogiar la belleza de una mujer –parto de la base de que para uno existen tan sólo mujeres menos guapas, pues toda mujer tiene su encanto...-.

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