Sábado 10 de diciembre de 2016,
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DESDE TÚNEZ PARA BOTTUP / Al hospital llegan sobre todo personas provenientes del campo de refugiados Remada, donde las carencias de todo tipo no permiten atenderles

[span class=doc]Este artículo forma parte de una serie. Al final del mismo encontrarás los enlaces a las partes anteriores[/span]

Túnez. El hospital comarcal de Tataouine se ha convertido en pocas semanas en un hervidero de ideologías. La medicina no entiende de posiciones políticas y el centro acoge entre paredes desconchadas los dramas de refugiados civiles heridos durante la huida, milicianos rebeldes, y miembros de las tropas de Gaddafi heridos durante los últimos combates en la línea fronteriza de Dehiba.

Las sábanas floreadas de los camastros muestran restos de sangre seca, vidas perdidas, desesperanza y dolor.

Varios han sido los medios de comunicación que han visitado el recinto durante los últimos días.

Aunque la solidaridad palia la situación de los refugiados, muchos hacen un llamamiento a la Comunidad Internacional para evitar una tragedia humanitaria

Desde la dirección del hospital nos muestran el escepticismo que tienen ante la prensa: muchos han sido los periodistas, pero nadie se ha hecho eco de las necesidades básicas que sufre el centro. Hasta aquí llegan todos los días cientos de personas provenientes del campamento de Remada, que no pueden ser atendidas ‘in situ’ ante la falta de personal y medicamentos. Los abortos espontáneos debido al estrés traumático encabezan la lista, seguido de las heridas por fuego de mortero, balas incrustadas, y luxaciones producidas por la huida a pie de las familias desplazadas a través de las montañas de Nefusa.

El ejército tunecino muestra su autoridad bajo los marcos de puertas que dan acceso a las habitaciones de soldados pro-Gaddafi y rebeldes o ‘soldados para la paz’, como quieren que se les llame. El hospital tiene un acuerdo con el gobierno libio en cuanto a los leales al régimen: dispensarles los cuidados médicos necesarios y devolverlos cuanto antes a Libia, según nos cuenta el responsable del centro. Un doctor que, como la mayoría, no quiere ser protagonista pero sí quiere lanzar un llamamiento de nuevo a la comunidad internacional.

No lejos de allí, un polideportivo acoge a cientos de familias libias.

Sorprenden los sonidos de las risas de los niños, las conversaciones de los adolescentes y la acogida de los hombres. El lugar, auspiciado por las autoridades locales de Tataouine, está coordinado por varios hombres miembros de las propias familias, con un solo objetivo, que la estancia palíe los efectos de la dramática huida. Hay tiempo para la oración, para jugar al baloncesto y para no desesperar. Es inevitable comparar el campamento de Remada con el ‘club’, como llaman los locales al lugar que los acoge.

Mientras en el primero las organizaciones de ayuda internacional se muestran de todo menos organizadas, en el segundo los propios refugiados han sabido coordinarse y, lo que es más importante, proporcionarse a sí mismos aquello que más necesitan: ayuda, confianza y solidaridad.

Visto desde mi perspectiva y como perteneciente a esa comunidad internacional, siento vergüenza ante lo que sucede. Pero al menos tengo la oportunidad de estar ‘in situ’ y recibir las lecciones solidarias de los pueblos tunecino y libio como una bofetada que me espabila.

Todos los que estéis leyendo esto: pertenecemos a una sociedad, una comunidad, en la que nos autoengañamos. Vendemos ‘motos’ que nosotros mismos creamos y somos incapaces con todos nuestros avances, tecnologías, educación, valores.. de hacer algo bueno por aquel que tenemos al lado. Estamos fanfarroneando, esperando la medalla y el reconocimiento de los nuestros.

Preguntad aquí si realmente merecemos algo.


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