Martes 06 de diciembre de 2016,
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Contratados y la función pública

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Propietario de la plaza por oposición, o contratado: trabajador del sector público

Barcelona. La dualidad que desde que tengo memoria conforma las relaciones laborales con el Estado se evidencia por primera vez en toda su crudeza. Una vez más la crisis nos sitúa ante la compleja realidad española. Demasiados privilegios o ninguno.

Una vez más la crisis nos sitúa ante la compleja realidad española: demasiados privilegios o ninguno

Que quienes conforman la mano de obra, convirtiendo la privilegiada casta de los funcionarios públicos en unos aristócratas, a la par que les permite vivir y obrar como dueños absolutos de su ‘plaza o finca en propiedad’, puedan ser despedidos sin más freno que la voluntad del ‘jefe’, quizá mejore los presupuestos, u obligue a trabajar a los reales funcionarios, pero me temo que ni mejorara las cuentas públicas, ni menos la tan deteriorada función pública.

A quienes se debiera poder despedir es a los ‘propietarios de su plaza’, que en definitiva conforman gran parte de la casta política. En primer lugar, y de un plumazo, se debería convertir a cualquiera que trabaje para el Estado en un ‘servidor público’, sin más derecho que el que tiene cualquier individuo en su empleo.

Desde la ‘plaza en propiedad’ evolucionaron a ‘propietarios del Estado’, y eso se debe reestructurar. Jueces, notarios, registradores de la propiedad, abogados del estado, fiscales, catedráticos, secretarios, directores, ingenieros o arquitectos y técnicos, y en general la pirámide de mando, por cuanto y además conforman gran parte de la casta política (gozando de excedencias), deben perder unos derechos que afectan no solo a los presupuestos generales sino a la propia efectividad operativa del Estado.

Dos sueldos con añadidos de 6.000 euros al mes, por ejemplo catedrático y jefe de servicio, crean un privilegiado cuyos méritos ¡de existir! radicarán en sus ayudantes o contratados, y que ante el inmenso colapso español demuestran que son parte del problema a reestructurar.

La eterna y fascista España se resiste a morir, o antes de expirar pretende arruinarnos y convertirnos en aquellos sumisos miserables de los 40 y 50 del pasado siglo

Los esfuerzos de Zapatero y Rajoy por mantener intacta la esencia política (los no menos de 300.000 políticos viviendo a cuerpo de rey a cargo del Estado) y funcionarial del país (miles de altos cargos por oposición cobrando varios sueldos y poca efectividad), además de desesperar a los europeos, profundiza el agravio comparativo entre el pueblo y su administrador el Estado, manteniéndonos en súbditos que no ciudadanos frente a la Administración.

Presumo que ese rescate duro que pretenden los nórdicos, sea más duro para la casta político-funcionarial-financiera que para los sufridos parias y súbditos de un Estado que no funciona, y que se enroca para no corregir su inviabilidad en un mundo globalizado y ferozmente competitivo.

La eterna y fascista España se resiste a morir, o antes de expirar pretende arruinarnos y convertirnos en aquellos sumisos miserables de los 40 y 50 del pasado siglo.


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