Martes 27 de septiembre de 2016,
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Convirtiendo pandilleros en agentes de paz entre narcos y policías corruptos

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El mexicano Carlos Cruz es un emprendedor social que empezó siendo pandillero y ahora convierte a estos grupos de jóvenes en ciudadanos plenos

Pandilleros por la Paz y los DDHH

Carlos Cruz tiene 37 años y es un pandillero de México D.F. Lo es desde que lideró su primera banda durante el bachillerato para defenderse de la violencia de la otra dominante. Con el tiempo logró imponerse y acabó co-liderando una federación de 27 pandillas que agrupaban a más de 5.000 jóvenes de una de las zonas más peligrosas de una de las ciudades más peligrosas del mundo. Hoy es director de Cauce Ciudadano , una importante ONG entregada a disminuir la violencia entre la juventud y entre cuyos proyectos más cercanos está la ceración de una escuela y una universidad adaptada a las necesidades de este tipo de jóvenes. “Y sigo siendo un pandillero”, asegura.

“Los narcos necesitan a los jóvenes pandilleros
violentos y la policía necesita que siga habiendo delincuencia y crimen
para seguir cobrando sus mordidas”

Carlos, hombre corpulento, y cuya mirada guarda aún el brillo de la
astucia, de esa que se fabrica con el sobredesarrollo del instinto de
supervivencia que sólo determinados contextos inoculan en la edad
juvenil del hombre, ejerce su emprendimiento social en un contexto delicado, entre narcotraficantes necesitados de carne de cañón para los trabajos más sucios, y policías corruptos. Cauce Ciudadano desarrolla programas que no pretenden eliminar el fenómeno pandillero juvenil, sino transformarlo en un movimiento no violento en cuyo seno el joven se capacite profesional, intelectualmente y como ciudadano. “El problema es que los narcos necesitan a los jóvenes pandilleros violentos y la policía necesita que siga habiendo delincuencia y crimen para seguir cobrando sus mordidas” denuncia Cruz, que está de visita en España y que este medio ha podido entrevistar a través de Ashoka, de cuyo programa de emprendedores sociales es beneficiario.

Estos jóvenes tienen pocas expectativas en estos barrios. “Pueden aspirar a lo sumo a trabajos de mozos de almacén o ‘cacharpos‘”, explica Cruz, “y claro, los narcos pueden comprarles por poco dinero. Pandillas enteras son contratadas a veces para hacer el ‘sicariato‘”. Él mismo sufrió el dolor de la pérdida causada por la violencia. Cuando llevaban varios años sin muertes violentas en la federación pandillera llegó un momento en que empezaron a ser asesinados varios miembros de varias pandillas. Uno de ellos era un colaborador y cercano amigo de Cruz. “Entonces hubo voces pidiendo venganza, pero yo estaba cansado de esta violencia. Cuando lo dije, varios compañeros reconocieron pensar lo mismo. Cambiamos el chip”. Desde entonces el lema de su organización es ‘No somos peligrosos, estamos en peligro’.

Fue ahí, en medio de ese trágico contexto, cuando Carlos vio claro que el camino debía ser otro y que la fuerza y la unión de los jóvenes en pandilla se podía aprovechar en bien de ellos mismos y sus comunidades. “Es normal que en México haya diputados que antes fueron líderes pandilleros. El problema es que cuando llegan ahí se olvidan de sus comunidades y sólo miran por su provecho propio”. La filosofía de cauce ciudadano es lograr todo lo contrario, que los beneficiados de sus programas beneficien luego a sus comunidades.

“El 72% de estos jóvenes no vuelven a delinquir y hasta un 24% se quedan para hacer trabajos sociales en sus comunidades”

Programas como ‘Habilidades para la Vida’, ‘Tecnologías de la Información’ -en el que a través de juegos y aplicaciones de Internet trabaja con estos jóvenes- o talleres de sexualidad como ‘Amores sin violencia’, donde se trata de favorecer una sexualidad sana, de consentimiento mutuo y menos machista de lo habitual entre los jóvenes mexicanos. “También hemos desarrollado actividades específicas para que las ‘chamaquitas’ [chicas] tengan también voz y voto dentro de las pandillas”, se muestra orgulloso Carlos. Casi todos los programas se planean y definen a partir de las ‘historias de vida’ que redactan los propios jóvenes. “Nuestra materia prima es la realidad”.

Los jóvenes que participan en sus programas pasan al menos 36 sesiones de dos horas cada una, “normalmente repartidas en unos seis meses”. No es fácil lograr que los chavales aguanten durante todo el proceso con un contexto como el descrito, pero las cifras de éxito de Cauce Ciudadano sorprenden: el 72% de estos jóvenes no vuelven a delinquir y hasta un 24% se quedan para hacer trabajos sociales en sus comunidades. Estas cifras hacen que sean varios los gobiernos locales y federales de México los que llamen a su puerta para aplicar estos programas en sus regiones. A las reuniones con los gobernantes es habitual que Carlos vaya acompañado con uno de sus jóvenes pandilleros, que entonces ve (y luego cuenta) que su opinión sí vale y su futuro sí importa. Al fin y al cabo, como le gusta decir a Carlos, “producimos ciudadanos”.

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Sobre el autor

Periodista y emprendedor social. Co-fundador de Bottup.

2 Comentarios

  1. Anónimo 11/06/2009 en 17:39

    Criminales disfrasados
    ¡Joder!
    Pero si Carlos tiene una amplia

  2. Anónimo 08/06/2009 en 20:40

    muy bueno

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