Domingo 11 de diciembre de 2016,
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Conviviendo con la muerte

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Las armas las carga el diablo, originando un goteo de muertos incontables…

Conviviendo con la muerte a sus espaldas se encuentran las fuerzas llamadas ‘en misión de guerra’ y las fuerzas ‘en misión de reconstrucción y enseñanza’

El último atentado terrorista talibán en Qala-i-Naw (Afganistán) -en el que murieron asesinados un capitán y un alférez de la Guardia Civil en unión de un intérprete civil-, prueba hasta qué punto los talibanes están llevando a cabo una ‘guerra de guerrillas’ en su propia tierra que tan bien conocen, y con el éxito esperado: la muerte de cualquier ser humano, y por esto suenan las campanas tan a menudo… John Donne, poeta inglés, dejó escrito: “(…) La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad; y, por consiguiente, nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas; doblan por ti”.

Conviviendo con la muerte a sus espaldas se encuentran las fuerzas llamadas ‘en misión de guerra’ y las fuerzas ‘en misión de reconstrucción y enseñanza’. Y es que existe, desgraciadamente, una connivencia -en cuanto al desarrollo de sus diarias vidas-, vigilada en todo momento por los infiltrados de Osama Bin Laden, mientras no se demuestre fehaciente que éste último está muerto. Y todo el actual conflicto en Afganistán, no nos cabe la menor duda, es debido a la herencia política que nos dejó el ex presidente George W. Bush -el ‘señor de las bombas’-, pero que se gestó también con el beneplácito del Pentágono norteamericano.

Sí podemos entender nosotros, y así lo reconocen muchísimos comentaristas políticos a escala mundial, que la Guerra de Afganistán es una guerra -valga la redundancia- que posiblemente está ya fracasada: con miles de muertos entre civiles y militares.

Washington -su Gobierno- ha manifestado que sus tropas se retirarán en julio de 2011. El pueblo norteamericano está reviviendo la ‘tragedia afgana’ en sus propias carnes: en las carnes de los miles de soldados norteamericanos muertos en Afganistán.

Washington -su Gobierno- ha manifestado que sus tropas se retirarán en julio de 2011. El pueblo norteamericano está reviviendo la ‘tragedia afgana’ en sus propias carnes

Hemos de pensar que las democracias se hacen fuertes, sin duda, respetando la pluralidad y la diversidad entre culturas y continentes. La globalización triunfará, siempre y cuando, establezca pilares sólidos donde se asienten ideas convergentes para el desarme mundial. EE.UU., Inglaterra, Irán, Corea del Norte, Israel y el fundamentalismo islámico… no están por la labor. La violencia siempre engendra violencia, y esto es bien sabido. Los países que no dialogan, y se dialoga por mediación de la cultura, están abocados a una confrontación bélica constante. Piensa uno que indefinida.

[Los americanos -anglosajones- no saben ni quieren perdonar. Son fríos, calculadores, vengativos… (1ª y 2ª bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki, 6 y 9 de agosto de 1945). Las consecuencias políticas y, sobre todo, las económicas, las vamos a pagar. Los fundamentalistas islámicos seguirán matando… Uno desea equivocarse, pero pienso -es mi lectura política-, que las guerras entre las naciones seguirán proliferando a lo largo del Globo Terráqueo, mientras exista una gota de petróleo…]

La II Guerra Mundial, que comenzó Alemania, nos demostró hasta qué punto el ser humano es capaz de martirizar, degradar, torturar, violar… a los prisioneros de guerra –mujeres y hombres–, como se demostró en los campos de exterminio de judíos por tierras europeas. Y es que el hombre es una fiera contra el hombre, porque los animales matan para alimentarse, pero los seres humanos matamos y torturamos por el mero placer de torturar y matar. Cuerpos desnudos hacinados, disparos indiscriminados, convivencias en las mazmorras con los propios excrementos, cubrimientos de cabezas -¿violaciones?-, son hechos consumados sobre prisioneros de guerra en la cárcel iraquí de Abu Ghraib. Bajo estas condiciones infrahumanas –aplicadas en la base cubana de Guantánamo también-, los prisioneros -sean o no sean terroristas- acabarán sus vidas con sus mentes al borde de la locura. Y es que más allá del dolor existe el miedo, miedo a morir, miedo a perder la cabeza…, miedo, siempre miedo.

El talibán está introduciendo últimamente infiltrados -‘kamikazes’ de la muerte- entre las tropas norteamericanas y las de los demás países en discordia. En los aires de las tierras afganas se escucha la eterna canción: “Contigo a la guerra/ no quiero ir, / no quiero ir, / contigo a la guerra, / no quiero ir, / no quiero ir. / Porque a la guerra/ se va a pelear, / se come muy mal, / se duerme en la tierra (…)”, Esther Araque Comino, Contribución al Cancionero de Alcázar de Sanjuán, Año 2000 (Canciones de quintos y soldados).

Quizá fue un error el comenzar la Guerra de Irak y la Guerra de Afganistán; quizá fue un error el seguir y practicar el sistema económico y político representado por EE.UU., Europa Occidental, Japón, Inglaterra y sus colonias

Quizá fue un error el comenzar la Guerra de Irak (costosa en medios económicos y, sobre todo, lo que es peor, en vidas humanas…) y la Guerra de Afganistán; quizá fue un error el imbuir en nuestras mentes una política falsa ‘del miedo por el miedo’; quizá fue un error –cometido por nuestra parte–, el seguir y practicar el sistema económico y político –ambos marchan al unívoco–, representado por EE.UU., Europa Occidental, Japón, Inglaterra y sus colonias…, consistente en libre mercado, con el que estoy de acuerdo, pero se olvidaron de enseñarnos que los hombres no debemos vivir nunca por encima de nuestras posibilidades, que debemos de ahorrar para que las arcas de los Estados pueden responder con firmeza a contingencias inesperadas: la guerra por la guerra motivada, muchas veces, por ambiciones económicas que ciertos hombres llevan en sus cerebros y, otras veces, por el odio y afán de venganza que somos capaces de infringir a otros seres humanos como nosotros, y en sus propias carnes. Y es que a la guerra nadie quiere ir: “se come muy mal; se duerme en la tierra (…)”.

Así EEUU ha pasado de un planteamiento bélico de combate convencional a uno eminentemente ‘contra insurgente’, basado en operaciones especiales muy concretas. No obstante, el talibán tiene ciertas ventajas de oportunismo feroz y violento, puesto que conocen -palmo a palmo- sus propias tierras de combate donde han nacido: las muertes de civiles se han incrementado considerablemente en los últimos tiempos, como las de las tropas norteamericanas y las de los aliados: muertes y más muertes todos los días -salga o no salga el sol-, son muchas muertes. Y todos comprendemos que nadie muere dos veces…

La historia se repite: para mal de muchos y bien de unos pocos privilegiados que comercian con el hambre y la miseria de la mayoría de los pobladores de la tierra. Es duro lo que digo, pero no por eso menos cierto.

Cierto es que nosotros -los que estamos operando en Afganistán- hemos creado los problemas allí existentes. El día que el último soldado abandone las tierras afganas, no me cabe la menor duda de que los talibanes volverán a hacer acto de presencia nuevamente para volver a instalar el terror por el terror.

La historia se repite: para mal de muchos y bien de unos pocos privilegiados que comercian con el hambre y la miseria de la mayoría de los pobladores de la tierra

Sin embargo, ya he comentado en otras ocasiones de lo que es capaz de hacer el terrorismo internacional. Evidentemente, hemos de decir que todas aquellas personas que hayan muerto como consecuencia de atentados terroristas, se convierten, sin duda, en ‘muertos activos’, los cuales nos recuerdan que el terrorismo sigue existiendo: aquí y ahora.

Evidente es que, si alguien me ataca, natural es que me defienda con uñas y dientes en el peor de los casos, si así fuera menester. En el caso concreto del terrorismo mundial he llegado al convencimiento pleno de que, los violentos, nos quieren borrar del mapa, y, si no hubiera más remedio, intentaría borrarlos también del mapa a estos últimos. No proclamo la violencia indiscriminada -la violencia engendra siempre violencia-, pero si me atacan… me siento en la obligación de defenderme a capa y espada, como ‘legítima defensa’ a la que tengo derecho según las leyes españolas vigentes. No obstante, existe -¿el terrorismo de Estado?-, y si gobiernos y ciudadanos –con sus corrupciones políticas y conductas–, traspasan esa línea roja, que separa el bien del mal, es cuando la balanza de la justicia cae inexorablemente sobre unos y otros, dictaminando cuáles son los delitos cometidos y qué penas les corresponde, incluyendo, claro está, el terrorismo de Estado.

Palomas de la Paz hacen falta, mientras subsistan las guerras encarnizadas en Irak y Afganistán, palomas, palomas de la Paz, muchas palomas de la Paz –llenas de sentimientos y de ramas de olivo en sus picos–, son necesarias para que con un suave aterrizaje, se depositen sobre los cerebros de los políticos que actualmente dirigen el mundo –los distintos países que lo componen-.

Porque, hoy por hoy, nos encontramos con que el hombre/mujer sigue siendo un fiera contra el hombre/mujer. Entiende uno que los animales matan para comer, para alimentarse y no morir de inanición. Y es que el hombre es una fiera contra el hombre, porque los animales matan para alimentarse, pero los seres humanos matamos y torturamos por el mero placer de torturar y matar…, haciendo sufrir -con nuestros actos–, a los más débiles, y verles llorar lágrimas que se vuelven hielo: lágrimas de invierno…

No podemos olvidar que el fundamentalismo islámico llegó ya a cotas de terror, miedo e incertidumbre en las sociedades occidentales, y, sin duda, en su más alto grado: muertes masivas de seres humanos civiles e indefensos. Largo y tendido podemos escribir sobre el terror -sus consecuencias-, pero he aquí tres hechos fundamentales: el 11-S (atentados en las torres gemelas de Nueva York, 11-09-2001); 11-M (atentados en la estación de Atocha en Madrid, 11-3-2004), y 7-J (atentados en metro y autobús en Londres, 07-07-2005).

La Coruña, 6 de septiembre de 2010
Mariano Cabrero es escritor


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Sobre el autor

(...)He nacido en Madrid, 8 de Noviembre de 1938. Estoy casado y con dos hijos. Soy esscritor, poeta y ensayista. Funcionario de La Administración del Estado(escala Ejecutiva), jubilado, pero con unas ansias enormes de seguir escribiendo para aprender de los demás. Informar, tratar de ilustrar y entretener forman parte de mi bagaje cultural, que renuevo a diario. Y en todo momento trato de transmitir tranquilidad y esperanza a la sociedad actual: todo dentro de una ética periodística adecuada a cada momento. Busco como articulista el informar cuanto antes lo que acontece a mi alrededor. Lo demuestro con mis humildes obras( hijos propios salidos de mis sueños): "Periodismo: ¡Difícil profesión!" (1995) y "Mi compromiso con el periodismo" (1998). Intento penetrar en el difícil mundo de la poesía, y lo lleva a cabo con silencios, diálogos con muertos y con la exaltación del amor a la mujer: el ser más maravilloso sobre la tierra. Trato de demostralo con mis libros de poemas : “Reminiscencias de mi juventud, Poemas" (1994), "Miscelánea de muertes, sueñosy recuerdos, poemas" (1995), "La realidad de mis silencios, poemas" (1997) y "La travesía de la vida, poemas" (2001).Siempre escribo para aprender de los demás, de sus críticas, de sus consejos...He tratado de no mentir, más uno lo haría en dos casos muy concretos: a) para salvar la vida de un ser humano, y b) para elogiar la belleza de una mujer –parto de la base de que para uno existen tan sólo mujeres menos guapas, pues toda mujer tiene su encanto...-.

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