Sábado 03 de diciembre de 2016,
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Cosas que he aprendido

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ENVIADA ESPECIAL / Una mirada atrás nos permite ver cómo se llora más la muerte de adultos que de niños (por común), y cómo tras 9 años, el conflicto en Sierra Leona parece superado

Cuando uno vive una experiencia como la que he vivido, el paso del tiempo toma otro cariz. Se dilata, se expande, te abraza y crece, mientras las vísceras y la cabeza se esfuerzan por retener y digerir. Una semana allí equivale a un mes en casa. Y son demasiadas las cosas que si no pongo sobre papel corro el riesgo de olvidar y de perder. Sin más demora, he aprendido:

Que la medicina alternativa está a la orden del día. Que la mayoría de sierraleoneses recurren primero a ella y llegan al hospital con patologías muy avanzadas. Que sólo cuando los curanderos no han podido aliviar sus dolencias -sino más bien empeorarlas- se acuerdan de la ciencia. Muchos son los niños que llegan a Mabesseneh al borde de la muerte tras haber ingerido brebajes de sospechosa procedencia.

Sólo cuando los curanderos no han podido aliviar sus dolencias se acuerdan de la ciencia. Muchos son los niños que llegan a Mabesseneh al borde de la muerte tras haber ingerido brebajes de sospechosa procedencia

Que ya no quedan animales salvajes, como en el resto de países africanos, porque se los comieron durante la guerra.

Que el krio se parece muchísimo al inglés -y que el famoso waka waka de Shakira significa walk walk en krio-.

Que la muerte aquí se vive de otro modo. Es dolorosa -¿cómo no iba a serlo?- pero lo es más cuando muere un adulto que cuando lo hace un niño. Normal, teniendo en cuenta el enorme número de menores que mueren antes de haber cumplido los cinco años. Cuando un llanto es sentido y prolongado, ha muerto un adulto; cuando es intenso pero corto, se lamenta la muerte de un muchacho. En ninguno de los dos casos, sin embargo, lloran como nosotros. Lo hacen de un modo menos íntimo, mucho más exagerado.

Que en el recinto del hospital hay un San Juan de Dios negro y una Moreneta blanca. El mundo al revés.

Que el oeste de África tiene unos índices de VIH mucho menores que los del este o sur del continente. Las razones no están muy claras, pero se baraja la posibilidad de que se deba a que los tests que se realizan en esa zona no sean fiables del todo.

Que en Freetown es posible cambiar dinero dentro del coche. Sube un hombre con una maleta y, mientras el coche sigue circulando, se hace la transacción. Yo sufría por la seguridad de un tipo con tanto dinero encima en medio de una ciudad tan pobre. Era carne de cañón.

Que muchos de los que tienen una moto o una sastrería fueron rebeldes durante la guerra civil que asoló el país hace unos años. Cuando acabó el conflicto, se ofreció a los rebeldes intercambiar sus armas por una pequeña suma de dinero. La mayoría de ellos invirtieron el capital en motos y sastrerías que les permitieran obtener una fuente de ingresos. Cuando tomaba una moto-taxi para desplazarme hasta Lunsar, no podía evitar pensar que quizás ese simpático tipo que me llevaba de paquete, había sido un niño soldado, asesino y víctima a un tiempo.

Cuando acabó el conflicto, se ofreció a los rebeldes intercambiar sus armas por una pequeña suma de dinero. La mayoría invirtieron el capital en motos y sastrerías que les permitieran obtener una fuente de ingresos

Que existe un tal Chema Caballero que se encarga de rehabilitar y dar un futuro mejor a los ex-niños soldados.

Que la mayoría de sierraleoneses comen sólo una vez al día. No hay dinero para más.

Que un médico local cobra alrededor de 1.000 euros al mes, toda una fortuna allí que, sin embargo, no frena la fuga de cerebros. Son muy pocos los que acaban la carrera de medicina cada año en Freetown y, cuando lo hacen, lo último que quieren es quedarse trabajando en su país. Algunos se quedan un tiempo en hospitales locales pero, en cuanto tienen algo de práctica, se van a otros países africanos en los que se cobra más y se vive mejor. He aquí uno de los mayores problemas de la sanidad en Sierra Leone.

Que Pemi Fortuny de Lax’n’Busto (grupo de pop-rock catalán) montó una radio local en el norte del país para otorgar voz a un pueblo tradicionalmente silenciado. La radio, además, es absolutamente independiente de fuerzas políticas y religiosas.

Que la promiscuidad es allí algo habitual, que todo el mundo lo sabe, que es ‘vox populi’, sin -apenas- dobles morales ni tapujos. Que ellos tienen amantes y ellas también. Que se habla de ello y es habitual encontrarse a un médico preguntando por las experiencias extramatrimoniales de su paciente -para poder tratarlos a todos en caso de contagios sexuales- y al paciente respondiendo sin pudor.

Que existe un famoso cantante sierraleonés que se llama Emerson. Y me gusta.

Que sigue habiendo sacrificios humanos. Se rumorea que durante las elecciones de 2007 se aconsejaba a los padres que vigilaran a sus hijos de cerca, pues los diferentes grupos políticos podían cogerlos para realizar rituales que actuaran a su favor.

Que ‘opoto’ significa blanco -y que lo más normal es que al caminar por la calle todos los niños vayan gritándotelo a tu alrededor-.

Que la guerra está aparentemente superada en tan sólo nueve años. Que los vecinos que antes se mataban, ahora conviven en paz. Que, según ellos mismos cuentan, se han perdonado. Que intentan no hablar del tema. Que saben que muchos de los rebeldes fueron también víctimas -los niños soldado, por ejemplo-.

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